INDICADOR POLITICO

+ Cambio de modelo de desarrollo
+ La verdadera reforma política
Por: Carlos Ramírez

Cuando regresó de su viaje por Oriente, Carlos Salinas dictaminó a finales de 1993 que el error de Mijail Gorbachov había sido llevar a cabo simultáneamente las reformas económica y política. Días después, le estalló el colapso político de 1994 y dio al traste con su globalización económica.
El eterno dilema de los gobernantes radica en la falsa percepción de los caminos paralelos o desasociados entre la economía y la política. Sin embargo, las experiencias exitosas señalan que las dos reformas deben ser al mismo tiempo. Y más aún: articuladas unas a otras. La transición de España a la democracia hubiera sido imposible sin los Pactos de la Moncloa en su vertiente de reforma económica para detener la crisis.
La reforma política del presidente Calderón va a incidir sobre la actual correlación de fuerzas políticas, sociales y productivas. Pero tendrá que negociarse en medio de un país en crisis. De ahí que a esa reforma política le hagan falta sus Pactos de la Moncloa para contener la crisis, realizar los cambios económicos necesarios y sobre todo iniciar un verdadero periodo de recuperación.
Las reformas políticas han sido antídotos contra la crisis. López Portillo implantó la suya en 1977 para contener a la izquierda. Salinas reformó el órgano electoral en 1990 para estabilizar las protestas sociales contra las elecciones y con ello obtener la tranquilidad para la negociación del tratado de comercio libre. Zedillo buscó con urgencia un acuerdo político nacional en 1995 para tranquilizar Chiapas y negociar su paquete anticrisis con el aumento de 50% en el IVA. Es decir, todas las reformas políticas se dieron en el escenario de crisis económicas.
La reforma política no logrará estabilizar al país si no va de la mano de la reforma del modelo de desarrollo. La izquierda mexicana parece haber olvidado los libros de texto: la correlación de fuerzas políticas y sociales es expresión –producto– del equilibrio económico y productivo. La reforma económica globalizadora y neoliberal de Salinas produjo su equilibrio de fuerzas, clases y partidos.
La verdadera prioridad nacional es la crisis económica y su efecto inmediato en el desempleo. La caída del PIB en el 2009 será de -10%, 7% de PIB negativo y 3% de la tasa promedio prometida. La meta del PIB debe de ser de 7% promedio anual para dar empleo formal al 1.2 millones de mexicanos que cada año se incorporan al mercado de trabajo por primera vez. La tasa promedio anual del PIB en el lapso 1982-2010 será de 2.2%, un tercio de la meta de 7%. La meta oficial del gobierno para el periodo 2010-2015 es de 3.7%, la mitad de la requerida por el aumento anual de la población económicamente activa.
Si la economía crece a una media de 3% anual promedio, tardará más o menos trece años en recuperar lo perdido en el 2009. Y aún así se colocaría en la media promedio anual de 3%.
Por tanto, la reforma económica es igual de urgente que la política. Lo peor que le puede pasar al país es tener que decidir entre el dilema de mayor democracia pero sin desarrollo o mayor crecimiento económico sin democracia: es decir, optar entre el modelo Zedillo o el modelo Díaz Ordaz. El primero llevó a la pérdida del poder; el segundo condujo a la represión.
España aplicó las dos reformas de manera simultánea. Y lo hizo en medio de una severa crisis económica: los sindicatos aceptaron la moderación salarial, los empresarios avalaron la reforma fiscal agresiva contra el capital y la desaparición del secreto bancario y el gobierno hubo de redefinir la existencia de la estructura de un Estado rector que no aparecía en su hoja de ruta. El principal pivote de los Pactos de la Moncloa fue el Partido Comunista de España.
El desafío real del país es la reforma del modelo de desarrollo: política económica, gestión activa del Estado y pacto constitucional. Si se hace una encuesta sobre sus necesidades, los mexicanos preferirían una reforma del modelo de desarrollo para obtener empleo, salarios y bienestar y no una reforma política que satisfaga las preocupaciones de las élites del poder. Al final de cuentas, una sociedad en crisis es capaz de optar por el peor de los modelos políticos. La historia está llena de ejemplos: desde Hitler y la crisis económica de Weimar hasta George Bush, pasando por Fidel Castro y Hugo Chávez.
La crisis de 2009 fue demasiado severa como para ponerla detrás de la reforma política. A menos que la reforma política sea el paso previo para una correlación de fuerzas políticas y sociales funcionales a la reforma del modelo de desarrollo. Pero lo ideal sería la simultaneidad de las reformas, para evitar de nueva cuenta el error de Salinas que hundió al país en una crisis de la que aún no salimos.
El tema de la reforma del modelo de desarrollo debe ser de reflexión para el fin de año.
(Por vacaciones de fin de año, Indicador Político se tomará dos semanas de descanso. Nos volveremos a leer aquí el lunes 4 de enero del 2010. Que descansen.)
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Publicado: 18, diciembre, 2009

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