CAFÉ PARA TODOS

Alberto Carbot

* Luego del huracán Trump y por falta de una estrategia eficaz de prospectiva y comunicación, Los Pinos realiza su control de daños
* Largas filas de dolientes, de todos los rincones del país, fluyeron hacia el Palacio de Bellas Artes para honrar a Juan Gabriel

Muchos se han desgarrado las vestiduras por el desafortunado affaire vinculado a la entrevista del presidente Enrique Peña Nieto con el candidato republicano Donald Trump, el gran villano, la cual ha generado una avalancha de críticas contra el mandatario, que pocas veces se habían escuchado en un país donde el culto al jefe del Ejecutivo parecía una de sus más caras tradiciones.
La oposición arremetió contra el Presidente, y el secretario de Hacienda, Luis Videgaray -con el fin de superar el trago amargo que aún no se digiere en México y para tratar de aminorar la furia desatada por la controvertida visita del hombre que ha prometido construir un muro en la frontera y hacerlo pagar a los mexicanos-, salió a tratar de justificar, desde el punto de vista financiero, la invitación a Trump.
Esto, más que nada, es un estricto fracaso de comunicación de los estrategas de Los Pinos, porque en el fondo Peña Nieto está obligado a velar por los intereses del país, y claro está que las relaciones con Estados Unidos tienen un altísimo nivel de importancia. Y ya lo dijo el sabio Jesús Reyes Heroles: en política, la forma es fondo. ¿Por qué salieron las cosas tan mal?
El que propagandísticamente el encuentro pudiera haber sido aprovechado por el candidato Republicano –como realmente ocurrió-, debió estar entre el conjunto de eventualidades muy posibles y concretas, y para cada una de ellas se debió delinear una respuesta contundente y eficaz. Pero al parecer nadie en Los Pinos hizo su trabajo.
Las respuestas tardías no bastaron para impedir que la oposición hiciera talco la ya de por sí vulnerada imagen presidencial. El jefe de Estado no tuvo defensa alguna y el sentimiento generalizado de desencanto y molestia entre la población ha ido en aumento.
Después de la avalancha de críticas por lo acontecido, queda muy claro que el sentido común resulta indubitablemente ser el menos común de los sentidos -sobre todo entre los políticos y líderes de opinión mexicanos-, quienes a su vez, de forma ridícula, transmiten sus falaces argumentaciones al resto de los mexicanos.
Primero, ¿quién de todos ellos -en vez de repetir sandeces-, se ha tomado la molestia de explicarle a los mexicanos que es im-po-si-ble que los mexicanos paguemos por el famoso muro que Trump, con sus balandronadas de cantina, se ha propuesto en erigir entre los dos países, de llegar a la presidencia de EU?
Segundo, hay que decir que una barrera de ese nivel –al menos que Trump quiera que se construya del lado mexicano, que los Marines nos invadan y que, sobre todo, ahí sí nosotros lo permitamos-, tendrá que ser erigida del lado estadounidense y con el dinero de sus propios contribuyentes.
Tercero, por lo ridículo que ello pudiera resultar, no alcanzo a imaginar a millones de mexicanos haciendo cola en la frontera norte, para sufragar el dichoso muro de Trump, muy al estilo de las impresionantes filas que se formaron frente a Palacio Nacional, para contribuir a pagar el petróleo expropiado a las compañías extranjeras en 1938, o las que (¡San Nicolás Alvarado Vale me perdone!) se realizaron desde este lunes frente a Bellas Artes, para darle el último adiós a Juan Gabriel.
Además, está perfectamente claro que cada país es soberano y que -tras sus fronteras y en aras precisamente de esa supuesta autonomía-, tiene todo el derecho para establecer y ejecutar las políticas que así le convengan y le sean permitidas por su propia Constitución.
“Es un error histórico: a los tiranos no se les apacigua, se les enfrenta”, afirmó el historiador Enrique Krauze. “Es una traición”, señaló el cineasta mexicano Alejandro González Iñárritu.
En politólogo Jesús Silva-Herzog Márquez habló de “estupidez y traición” y calificó de bochornoso el encuentro, al señalar que no se trató de una ingenuidad, ni de una muestra de candor sino de deslealtad.
Inclusive personajes respetados de la diplomacia mexicana como Andrés Rozental, embajador eminente de México, y hermano del ex canciller Jorge G. Castañeda, se sumaron al coro de críticas, al considerar como una grave falla en materia de política exterior la invitación a Trump.
“Hacerlo en la forma que se hizo, con el show mediático, recibirlo en el hangar presidencial, mandarlo en helicóptero del Estado Mayor a Los Pinos, mostrar en la conferencia de prensa con el fondo del escudo nacional y dos podios, le daba al señor Trump casi un carácter de Jefe de Estado visitante”, expuso Rozental.
También los ex embajadores de México en Washington Miguel Basáñez y Arturo Sarukhan vía Twitter lamentaron la decisión de invitar a Trump, porque “nadie como él ha puesto en tal nivel de peligro la relación de México y Estados Unidos en los últimos 50 años”, afirmó el primero.
Para contrarrestar el desaguisado -y como parte de la estrategia de control de daños-, en Los Pinos se decidió que Luis Videgaray, el secretario de Hacienda, sea el que dé la cara en torno a esta gaffe de la diplomacia mexicana, y que reitere que él mismo -por lo menos sí tuvo pantalones-, se responsabilice por haber convencido a Peña de recibir a Trump antes que a Hilary Clinton, la candidata demócrata.
“Fue una pésima recomendación y una inaceptable decisión”, dijo el jefe de la bancada del Partido Acción Nacional (PAN), Marko Cortés, aunque recordó que “la responsabilidad final es de Peña Nieto”.
Rocío Nahle, presidenta de los diputados del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena, izquierda), dijo no poder creer que Peña se dejara “guiar por unos o por otros, sin tener criterio propio”.
El jefe del bloque del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en la Cámara Baja, Francisco Martínez, señaló que “estamos frente a una transgresión de los más elementales principios administrativos, pues quien tiene el poder de mando sobre los secretarios de Estado es el Presidente”.
Por su parte Rafael Fernández de Castro, profesor de la Universidad de Syracuse, Estados Unidos, conocedor de fondo de la política de ese país reconoció la decisión de Peña de actuar, pensando a largo plazo, y estimó que frente a los medios de comunicación él “tiene todas las de perder”, pero que el presidente mexicano “no tenía otra opción, porque mantener una buena relación con Estados Unidos es esencial para el bienestar de México”, afirmó.
GRANOS DE CAFÉ
… Largas filas de dolientes, de todos los rincones del país, fluyeron hacia el palacio de Bellas Artes. A la distancia, parecía no tener fin. Ya desde mucho antes de las 15 horas -en que fue programado el inicio del homenaje a Juan Gabriel-, la plazoleta de la emblemática ágora lucía repleta por sus admiradores, a la espera de que les permitieran el paso hacia el vestíbulo donde reposaba la urna que contiene las cenizas del desparecido cantautor mexicano.
Esta muestra del arraigo popular de Juan Gabriel, calló las opiniones más controversiales sobre la figura del artista, especialmente la del ex director de TV UNAM, Nicolás Alvarado, quien fue despedido por el rector Enrique Luis Graue, por sus desafortunados y discriminatorios comentarios sobre el artista fallecido.
Lo más impresionante de esta muestra de cariño y admiración al prolífico cantautor, fue que por décadas -desde la muerte de Pedro Infante, el 15 de abril de 1957-, no se había presenciado una manifestación tan multitudinaria, ni tan sentida, en torno a un artista de hondo calado social.
Pero no sólo fue una expresión legítima del pueblo, sino de todos los sectores sociales, ya que la comunidad artística en pleno -incluidos intelectuales, escritores, pintores, cineastas, fotógrafos y, naturalmente el flamante secretario de Cultura, Rafael Tovar y de Teresa-, etuvieron presentes en Bellas Artes.
Las autoridades culturales anunciaron con antelación que el recinto podría permanecer abierto toda la noche si la gente seguía acudiendo, y así fue. Los intérpretes del ídolo mexicano estuvieron encabezados por el tenor Fernando de la Mora, acompañado por la Orquesta Sinfónica del Estado de México y el coro de Bellas Artes.
También acudieron a esta merecida fiesta-homenaje, Pepe Aguilar, Ana Gabriel, Daniela Romo, Aída Cuevas, Lucía Méndez, La Sonora Santanera y Pablo Montero, entre otros intérpretes e imitadores y decenas de espontáneos que interpretaron los temas de Juan Gabriel en las proximidades del recinto.
La cadena Univisión publicó un video donde se observa a un grupo de unos 20 bailarines, comandados por un coreógrafo de Juan Gabriel, que también fueron parte del evento.
Afuera del Palacio de Bellas Artes fue colocado un templete, donde también hubo música de mariachi que interpretó los éxitos de Juan Gabriel, quien tiene un lugar preferente en el corazón del pueblo de México y ha sido propuesto para ser sepultado en la Rotonda de las personas ilustres…
…Sus comentarios envíelos al correo gentesur@hotmail.com

Esta nota fue publicada el día: 8, septiembre, 2016



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