ALFIL NEGRO

Inseguridad que Espanta
Oscar D. Ballinas Lezama

En el año 2016, a los tres días del mes once, cuando las cabañuelas de octubre se prolongaron hasta noviembre; el espanto, la zozobra y la indignación del pueblo soconusquense ha venido creciendo ante la ola de delitos, lo que tiene a la sociedad al filo de la navaja.
La inseguridad en toda la costa chiapaneca ha crecido desmesuradamente, teniendo como origen la falta de fuentes de trabajo digno, la creación del nuevo Cefereso en Villa Comaltitlán que alberga a los reos más peligrosos del país, y nadie duda que ahí se incuben muchos de los delitos que a diario ocurren en los municipios aledaños, desde Suchiate hasta Arriaga.
Aunado a esas fuentes, consideradas caldo de cultivo de la delincuencia en esta frontera porosa del sur de México, están el flujo migratorio de extranjeros que pasan bajo el puente por caminos de extravío, conformado en su mayoría por gente perniciosa y otras que por su necesidad de sobrevivir, tienen que delinquir o prostituirse.
Tapachula con aproximadamente una población cercana a los 600 mil habitantes, tomando en cuenta su población flotante que la conforman en su mayoría guatemaltecos, hondureños, salvadoreños, africanos y un numeroso grupo de personas oriundas de otros Estados de la República Mexicana, quienes forman diversos cinturones de miseria que no les ha dejado más opciones que ingresar a la delincuencia, prostituirse o morirse de hambre. Entrampados en los diversos problemas sociales, los costeños sufren también la deficiencia y presunta corrupción que impera en las corporaciones policiacas, quienes públicamente han sido denunciados en varias ocasiones y supuestamente despedidos de sus labores; sin embargo, la inseguridad es el pan de cada día en esta región donde la violencia se ha salido del control de las autoridades de los tres niveles de Gobierno.
Para nadie es secreto que en nuestro México lindo y querido, la vida social para la convivencia armónica y pacífica se ha quebrantado por completo; la violencia se manifiesta en los constantes asaltos, robos, secuestros, crímenes, prostitución, drogadicción, alcoholismo y para completar el cuadro, se presume actos de corrupción dentro de las filas policiacas, algunos Ministerios Públicos y Jueces que actúan al parecer, en complicidad con el hampa organizada.
En la costa chiapaneca el crimen organizado se aprovecha de la falta de seguridad que deberían dar los diversos grupos policiacos, cuyos jefes se lavan las manos argumentando que no tienen el apoyo de sus alcaldes, quienes les pagan sueldos miserables con los que no pueden vivir dignamente, obligándolos muchas veces a ser cómplices de los hampones que les dejan mejores ganancias económicas.
Si bien es cierto que las autoridades del pasado tuvieron mucha negligencia y falta de voluntad para impedir que la delincuencia se les saliera de las manos, no se vale que ahora las se les sigan cargando esas culpas por su omisión, falta de capacidad y supuesta corrupción; todos aquellos que se sacaron ‘la rifa del tigre’ en las elecciones que han pasado no pueden ahora evadir su responsabilidad social y tendrá que agarrar el toro por los cuernos.
Suchiate, Frontera Hidalgo, Metapa, Tapachula y Huixtla son los municipios de esta zona caliente, que más han resentido los daños de la inseguridad; la policía preventiva presuntamente carece de capacidad suficiente para enfrentarse al hampa organizada; sobre todo cuando los jefes policiacos han dicho que carecen de personal suficiente, así como de vehículos.
No obstante, las comisiones de seguridad en estos municipios deberían exigir a conciencia que los cuerpos policiacos hagan su chamba, así como estar pendientes de que se les profesionalice, que tengan el armamento indicado, vehículos suficientes con el abastecimiento de gasolina necesario; y aquellos elementos que no cumplan con su trabajo deben ser castigados o dados de baja.
Por cierto, existen muchas denuncias ciudadanas por el nulo apoyo que brindan los cuerpos policiacos cuando se les habla por teléfono para que acudan a un auxilio; mientras el 911 después de la media noche es ‘letra muerta’, nadie responde al llamado de auxilio y se está convirtiendo en otro elefante blanco.
No hay vigilancia las 24 horas para cuidar la integridad de la ciudadanía, sin embargo, muchos agentes policiacos son utilizados para brindar seguridad en las residencias de políticos encumbrados, o en negocios privados; tal es el caso en Tapachula sobre la 9ª Sur, entre 8ª y 10ª Oriente, en un antro donde hace pocas semanas asesinaron a un joven dentro de ese bar, el cual a partir de esa fecha ha venido siendo custodiado por dos elementos de Seguridad Pública, los que bien pudieran estar dando seguridad en los sectores peligrosos.
La falta de alumbrado público es otro de los factores que han fomentado la delincuencia, principalmente en las colonias periféricas o los ‘barrios bravos’ como sucede al Nororiente, desde la 1ª hasta la 25 Oriente; entre 9ª y 17 Norte; en ese sector no hay hora del día o de la noche en que no ocurra un asalto, robo a casa habitación, o desvalijen los carros estacionados frente a sus domicilios, sin que las patrullas hagan su recorrido de vigilancia, sobre todo en horas de la madrugada que es cuando actúan los pillos y la policía duerme.
Vecinos de ese sector se han empezado a organizar para defenderse y amenazan con hacerse justicia por su propia mano, ya que la policía y los veladores parecieran estar en complicidad con los pillos que actúan impunemente en ese lugar, el secretario de Seguridad Pública Municipal, Israel Méndez Hernández debe demostrar más capacidad en su lucha contra la delincuencia, la que hasta ahora parece haberle tomado la medida.

Esta nota fue publicada el día: 5, noviembre, 2016



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