DIOCESIS DE TAPACHULA

 

Nuestro Modo de Existir Después de la Muerte no
es el Mismo que Ahora Vivimos

XXXII DOMINGO ORDINARIO (C)
6 de Noviembre de 2016

En el bajío de Guanajuato se recuerda con mucho cariño al beato mártir Fray Elías del Socorro Nieves. Cuando iba a ser fusilado, frente a un grueso mezquite, al pasar junto a los soldados, se quitó el reloj y se lo entregó al que daría la orden de disparar. Le dijo: “A donde voy no lo necesito”. En estas palabras del Mártir hay dos convicciones de fe muy importantes. La primera, nuestro morir es un paso, no una destrucción; y la segunda, nuestro modo de existir después de la muerte no es el mismo que ahora vivimos. ¿De dónde surgen en nosotros estas convicciones? Surgen de la palabra de Jesús, pero sobre todo del hecho mismo de su resurrección. Leamos con atención esta página del Evangelio
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús algunos saduceos. Como los saduceos niegan la resurrección de los muertos, le preguntaron: “Maestro, Moisés nos dejó escrito que si alguno tiene un hermano casado que muere sin haber tenido hijos, se case con la viuda para darle descendencia a su hermano. Hubo una vez siete hermanos, el mayor de los cuales se casó y murió sin dejar hijos. El segundo, el tercero y los demás, hasta el séptimo, tomaron por esposa a la viuda y todos murieron sin dejar sucesión. Por fin murió también la viuda. Ahora bien, cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será esposa la mujer, pues los siete estuvieron casados con ella?” Jesús les dijo: “En esta vida, hombres y mujeres se casan, pero en la vida futura, los que sean juzgados dignos de ella y de la resurrección de los muertos, no se casarán ni podrán ya morir, porque serán como ángeles e hijos de Dios, pues él los habrá resucitado. Y que los muertos resucitan, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, porque no es un Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven” (San Lucas 20, 27-38).
Los saduceos negaban que hubiera otra vida después de la muerte. Hablaban de la supervivencia de la persona en la historia del pueblo, pero personalmente, en su personalidad única habría acabado con la muerte. En cambio los fariseos aceptaban otra vida después de la muerte: la persona seguiría viviendo, pero con el mismo modo de vivir que hasta entonces había tenido. Veían la otra vida como una prolongación de esta que vivimos. De ahí surge la objeción que le presentan a Jesús: ¿De cuál de los siete esposos seria su esposa, puesto que lo fue de los siete? La respuesta de Jesús tiene dos partes: primero afirma el hecho de la resurrección y luego nos dice que la vida después de la muerte no es una mera prolongación de la que ahora vivimos.
*”Los muertos resucitan”: el Señor Jesús les responde desde lo más profundo de la fe de un judío: dios es el Dios de los patriarcas, de Abraham, Isaac y Jacob. Si Abraham, Isaac y Jacob hubieran acabado con la muerte, Dios sería un Dios de nada. Y el Señor introduce otra argumentación: si todo acabara con la muerte, Dios no sería Dios. Al crearnos puso en nosotros un anhelo de plenitud, de felicidad, que inspira todas nuestras decisiones y vemos que nos hacemos viejos y nunca lo logramos. Siempre queda un vacío por llenar. Si todo acaba con la muerte, ese anhelo de plenitud es un imposible, un engaño. Dios no sería Dios. Por esto Jesús afirma: “Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos, pues para El todos viven”. El que nos creó hace posible la realización de ese anhelo de plenitud de vida que puso en nosotros.
*Nuestra vida después de la muerte no es una mera prolongación de la que aquí tenemos: “Serán como los ángeles e hijos de Dios, pues El los habrá resucitado”, nos dice Jesús. ¿Cómo será esa otra vida? Solo mirando a Jesús resucitado podemos darnos una idea. Resucito para nunca más volver a morir. Es una vida no marcada por la muerte, es decir, es plenitud de vida, una existencia en la cual ya no hay nada de eso que nos mortifica: sinfín, sin penas ni dolores. Los apóstoles miraron a Jesús resucitado y vieron su cuerpo con las señales de los clavos, pero era ya un cuerpo glorioso. Así también será nuestro cuerpo al resucitar. La otra vida que el Señor nos ofrece luego de la muerte es el cumplimiento de la vocación a la vida a la que nos llamó al crearnos.
Nuestra fe en la resurrección nos libera de la esclavitud de buscar la satisfacción de todos los caprichos que nos vienen en gana. Esto nos ha causado mucho daño. Nos ha deshumanizado y destruido. Porque no todo termina en esta vida, podemos vivir aquellas renuncias que el bien nos pide. Solo así es posible amarnos a nosotros.
+Leopoldo González González
Obispo de Tapachula

Esta nota fue publicada el día: 6, noviembre, 2016



SOCIALES


EDITORA ZAMORA CRUZ SA DE CV AV. ANTONIO DAMIANO CAJAS MZ M ALTOS 2 FRACC. INSURGENTES TAPACHULA CHIAPAS.
­TEL. 6262241, 6262131
El Orbe ~ com.mx 2014.