Es la Hora de Recordar
Leopoldo Constantino García*
Antes las actividades se regían por las estaciones del año y el Sol, la revolución industrial y las máquinas trajeron una aceleración de los tiempos, y el saber la hora se volvió indispensable: los relojes en forma de máquinas para medir el tiempo se volvieron necesarios.
Las primeras casas relojeras formales surgieron en Europa en el S. XVIII, para la siguiente centuria era común ver en las plazas de cualquier localidad un reloj, en las iglesias y edificios públicos, que mostraba la hora a la población.
En Tapachula, con la construcción del entonces Palacio Municipal, ahora MUTAP, a fines de la década de los años 20 del siglo pasado, el cual cumplió 97 años el pasado 15 de septiembre.
Si pudiésemos subir a la azotea del MUTAP, en el techo de la sala Presidencial observamos el nicho donde se encuentra el reloj: es un artefacto elaborado en Europa y funciona dándole cuerda a su mecanismo que debe ser lubricado cada cierto tiempo, la cuerda que alimenta al reloj consiste en poleas y contrapesos.
En México la casa comercial que desde el siglo XIX vende joyería y relojes, su nombre era “La Esmeralda” y se ubicaba contraesquina de la Iglesia de La Profesa, en el centro histórico de la CDMX. Ahora en ese edificio se localiza el “Museo del Estanquillo” que alberga las colecciones de Carlos Monsiváis.
En la segunda mitad del siglo pasado el reloj de pulsera se volvió un accesorio común para el tapachulteco, ahora nuestro teléfono celular, y su complemento el smartwatch, controlan nuestros tiempos, pero a los nostálgicos nos gusta ver las manecillas del reloj del MUTAP.
Leopoldo Constantino García.- Cronista de la ciudad de Tapachula, es Contador Público y Maestro en Administración, imparte cátedra en Universidades de dicha ciudad y escribe artículos relacionados con Administración y temas afines para plataformas digitales.






