Pablo Álvarez Icaza Longoria
Y sucedió lo que ha ocurrido en los últimos años: la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) no mantuvo las proyecciones de crecimiento del PIB para 2026 y 2027 anunciados en los Pre-Criterios Generales de Política Económica 2027 en los CGPE entregados el pasado martes, a pesar de que su titular aseguró en todos los tonos que los sostendría. En 2026 estimaban un alza de 2.3% y ahora de 1.5%; en 2027 pasó de 2.4% a 2.0%.
Varias consideraciones al respecto de este cambio: 1) La SHCP terminó ajustándose a las proyecciones que el Banco de México (Banxico) difundió el pasado 26 de agosto; 2) promueve la idea de que, con metas más realistas el proyecto de presupuesto también lo será, mensaje que algunos analistas replicaron el día de ayer; 3) al proponer un escenario más conservador, en el fondo lo que pretende es manejar el discurso a futuro de que se superarán las expectativas. La dependencia en un pasado ha manejado esta estrategia de comunicación con éxito.
En lo que respecta a la inflación al consumidor la SHCP ratificó como esperábamos, los pronósticos de Banxico al esperar que en diciembre cierre en 3.5% y el próximo año en 3%; mientras que los especialistas del sector privado encuestados por el banco central calculan 3.99% y 3.80% respectivamente. Nótese que la diferencia se amplía en 2027 y no es un asunto menor.
Otro tema donde el gobierno reculó fue en congelar la propuesta de aumentar impuestos a bebidas alcohólicas y a productos de alto contenido de sodio con la que pretendían recaudar al menos 12 mil millones de pesos por el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS). Elevar el precio de las caguamas puede restar votos por lo que Morena la frenó en la Cámara de Diputados, y de eso nos enteramos el jueves pasado.
Cabe comentar, que «The Economist» alertó en una nota sobre la credibilidad del presupuesto para 2027 en la que señalaba que el déficit público se había disparado a 5.7% del PIB en 2024 (5.8% es la última cifra), y aunque se ha prometido que bajará a 4.1% para este año, sigue siendo demasiado elevado por la fuerte presión de las pensiones, de las transferencias sociales y del servicio de la deuda. Se destacó la fuerte carga al erario que ha representado el apoyo a Pemex, que según la revista suma 130 mil millones de dólares desde 2018 a la fecha.
El asunto pudo pasar desapercibido porque la nota se ubicaba en las páginas finales del semanario, pero la respuesta de la SHCP el domingo pasado, le dio notoriedad. Se plantea la duda de que los esfuerzos de consolidación fiscal puedan avanzar en un contexto previo a las elecciones de 2027 considerando la inclinación izquierdista de la presidenta Claudia Sheinbaum. Se hace hincapié en que la confianza de los inversionistas se ha deteriorado por la incertidumbre del T-MEC y por las reformas internas como las elecciones de los jueces que ponen en cuestionamiento el Estado de derecho.
En los CGPE 2027 se enfatizó en que la consolidación tendrá continuidad ya que el déficit como porcentaje del PIB fue de 4.3% en 2025, bajará a 4.1% en 2026 y disminuirá a 3.9% en 2027. El gobierno está apostando a incrementar los ingresos reduciendo las deducciones, apostando a mejores esfuerzos de fiscalización, actualizando (elevando) derechos por lo que aspira a alcanzar un récord de ingresos tributarios para 2027 (15.9% del PIB), y reducir los gastos no prioritarios, pero con muy poco margen de maniobra.
Los CGPE desde hace varios años han sido poco transparentes. Ya no se hace el desglose de la clasificación funcional del gasto, por lo que ya no sabemos si el de salud sube o baja, por ejemplo.
Si bien es cierto que los niveles de deuda no son todavía preocupantes como porcentaje del PIB, lo que desde hace tiempo ha generado inquietud entre las calificadoras de riesgo es la forma que se ha ido acelerando. La deuda pública federal fue 53.6% en 2025, la SHCP la estima de 54.9% en 2026 y se proyecta de 55.8% en 2027; expresada como Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público los porcentajes respectivos son 52.6%, 54% y 55%.
En el corto plazo, nadie espera una baja de calificación del soberano de México. Sin embargo, en el mediano plazo esto sí podría ocurrir por el deterioro paulatino de las finanzas públicas provocado por crecientes programas sociales con un claro propósito clientelar, inversión pública sin rentabilidad y con cargo al erario (trenes, refinerías, aeropuertos mal planeados, entre otras muchas empresas paraestatales fallidas). Seguir desacreditando a las calificadoras por ser de la época neoliberal o pelearse con una revista, más allá de algunas imprecisiones, por molestia por los contenidos, no es un buen augurio. El gobierno sigue posponiendo una reforma fiscal; cuando quiera proponerla ya no tendrá capital político para hacerla. Sun




