TalyaIscan
La Asamblea General de las Naciones Unidas volvió a convertirse en el escenario de una paradoja diplomática: mientras los líderes mundiales pronunciaban discursos sobre la paz, el derecho internacional y la cooperación multilateral, las guerras y las rivalidades estratégicas seguían condicionando sus decisiones.
En medio de las discusiones sobre Gaza, Irán y Ucrania, uno de los episodios que más atención generó fue la ausencia de una reunión bilateral entre Donald Trump y Benjamin Netanyahu durante la visita del primer ministro israelí a Nueva York.
Netanyahu llegó a la Asamblea con una agenda considerablemente más breve que la del año anterior y sin un encuentro anunciado con el Presidente estadounidense. La explicación pública apuntó a cuestiones de calendario, pero el contraste con las demás actividades diplomáticas de Trump permite examinar cómo se distribuye la atención de Washington entre sus distintos compromisos internacionales.
Durante la semana de alto nivel, Trump mantuvo contactos con dirigentes de distintos países y dedicó buena parte de su agenda a asuntos relacionados con China, Irán y la seguridad internacional.
Sus reuniones y actividades diplomáticas reflejaron una agenda que abarca la competencia económica y tecnológica, las relaciones con sus aliados y las consecuencias de los conflictos en Oriente Medio. La ausencia de Netanyahu en ese calendario bilateral no demuestra, por sí sola, una ruptura entre Washington y Tel Aviv. Sin embargo, permite plantear una cuestión importante: ¿hasta qué punto coinciden las prioridades regionales de la administración Trump con las del Gobierno israelí?
La relación entre Estados Unidos e Israel comprende acuerdos militares, cooperación tecnológica y compromisos institucionales que trascienden a sus respectivos dirigentes. Por ello, cualquier interpretación sobre un posible cambio en esa relación debe contrastarse con decisiones concretas sobre asistencia militar, negociaciones diplomáticas y política regional, no solamente con una fotografía que esta vez no se produjo.
La Asamblea también puso de manifiesto las diferencias entre los discursos estadounidenses sobre seguridad y las críticas internacionales a las operaciones israelíes en Gaza.
Trump defendió su política frente a Irán y mantuvo abierta la posibilidad de nuevas negociaciones, mientras otros dirigentes insistieron en la protección de la población civil palestina, el acceso humanitario y la necesidad de avanzar hacia una solución política del conflicto.
El secretario general AntónioGuterres reiteró sus advertencias sobre las consecuencias humanitarias de las guerras y las dificultades del sistema multilateral para responder a ellas.
Estas posiciones muestran que la discusión sobre Oriente Medio no puede reducirse a las relaciones personales entre Trump y Netanyahu: involucra también a los países árabes, Turquía, Irán, las instituciones internacionales y las poblaciones directamente afectadas por los enfrentamientos.
Netanyahu, por su parte, llegó a Naciones Unidas en un contexto de presión internacional sobre las actuaciones de su Gobierno y de debate político interno en Israel. Su intervención ante la Asamblea constituye una oportunidad para defender su política de seguridad y responder a las críticas por la situación en Gaza.
Pero también plantea una interrogante sobre el efecto de los discursos internacionales en la política doméstica israelí. De cara a las elecciones previstas para octubre, el futuro político de Netanyahu dependerá de los resultados electorales, de la distribución de escaños y de las posibilidades de formar una coalición parlamentaria.
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La cuestión palestina, por tanto, trasciende las disputas entre dirigentes. La protección de los civiles, la asistencia humanitaria y el respeto del derecho internacional deben analizarse a partir de hechos verificables y de las obligaciones aplicables a todas las partes…
La imagen que deja esta semana en Nueva York es la de un sistema internacional en el que las alianzas continúan, pero los intereses de sus integrantes no siempre coinciden.
Trump puede mantener la cooperación estratégica con Israel y, al mismo tiempo, desarrollar una agenda diplomática propia con otros gobiernos; Netanyahu puede conservar interlocución internacional sin que cada uno de sus objetivos se convierta automáticamente en una prioridad estadounidense.
Más allá de las reuniones celebradas o canceladas, la Asamblea plantea dos preguntas que seguirán abiertas después de que los líderes abandonen Nueva York: ¿qué decisiones concretas adoptará Washington respecto al futuro de Gaza y a su relación con el Gobierno israelí? ¿Y hasta qué punto las declaraciones pronunciadas ante Naciones Unidas se traducirán en medidas capaces de proteger a la población civil y fortalecer el cumplimiento del derecho internacional? Sun




