No hay nada que haga pensar que Karol G, sobre el escenario, no sea un ser mitológico. Hasta que se mira a sus seguidoras… A ella se le ve como una amazona sensual que, rodeada de bailarinas sobre rocas, en una suerte de altar, se mueve segura para saludar a un público al que invoca con el grito de «Nueva Yooork».
Sus fans, en cambio, la siguen por lo que representa esa figura detrás de la parafernalia: una mujer que, como ellas, no teme mostrarse lastimada. Por eso llegan vestidas para romperla. Entejueladas, hipersensuales, con todo el ritmo y la cadencia que el cuerpo les permite, sin importar nada de su vida cotidiana.
Llegan en grupos de amigas y «amixes» a rendirle honores a su baile, a su ritmo y a dedicarle unas cuantas canciones a ese que al que cantarán. “Por fuera me río, pero por dentro estoy rota”.
De inicio, ritmos alegres de reggaetón con «LATINA FOREVA», «OKI DOKI» y «QLONA». Después, bachata, mariachi, merengue, sonidos brasileños y, claro, regional mexicano. También cuerpos semidesnudos, rituales, agua, humo, fuego y hasta una guacamaya gigantesca, aunque nada de eso se comparará con el momento en que gritarán descorazonadas:
Es claro que Karol, una de las artistas latinas más populares del momento, es una suerte de patrona de las desvalidas por amor, de quienes sufren por los que no saben hacerse cargo de sus sentimientos. SUN
Karol G Convierte el MetLife en Confesionario de Bichotas
RELATED ARTICLES




