Tapachula, Chiapas; 5 de Septiembre del 2026.- La lucha por una legislación que permita a personas con enfermedades terminales decidir sobre el final de su vida continúa cobrando fuerza, impulsada por pacientes y familiares que aseguran enfrentar diariamente el dolor, el deterioro físico y, en muchos casos, el temor de convertirse en una carga para sus seres queridos.
Ramón Augusto Ramírez García, de 52 años, es una de las voces que se ha sumado a este movimiento. Padece distrofia muscular y explicó que tres hermanos de su familia enfrentan esta enfermedad. Su testimonio, dijo, nace no solamente de su propia condición, sino de la experiencia de cuidar a uno de sus hermanos, quien permanece postrado en cama desde hace varios años.
Ramírez García destacó el trabajo de activistas como Samara Martínez y del colectivo Muerte Digna, quienes han impulsado acciones para abrir el debate sobre la eutanasia y el derecho de las personas con enfermedades terminales a decidir sobre su propio proceso de muerte.
De acuerdo con el entrevistado, la iniciativa se encuentra en análisis en el ámbito legislativo y existe un creciente respaldo social. Aseguró que recientemente una movilización en la Ciudad de México reunió a miles de personas y que se han recabado cientos de miles de firmas en favor de esta causa.
Más allá de las cifras y del debate político, Ramón plantea una reflexión profundamente humana: quienes enfrentan enfermedades degenerativas no necesariamente desean morir de inmediato, sino tener la posibilidad de decidir cuando el sufrimiento sea irreversible y su calidad de vida se haya deteriorado considerablemente.
“Nosotros no nos queremos morir ahorita tampoco, pero no queremos ser una carga para los familiares”, expresó.
Su realidad refleja también la difícil situación económica que viven muchas familias. Explicó que paga para que su hermano pueda recibir cuidados y, para obtener recursos, él mismo sale diariamente a pedir apoyo bajo el sol, aun cuando su propia enfermedad comienza a limitarlo.
“Yo también ya estoy cayendo con esta enfermedad. El día que yo ya no pueda trabajar, ahí sí valió cacahuate”, lamentó.
El caso pone sobre la mesa una discusión que va más allá de la eutanasia: la necesidad de fortalecer los cuidados paliativos, garantizar atención médica digna, acompañar a las familias y evitar que una enfermedad terminal se convierta también en una condena a la pobreza, el abandono o el sufrimiento.
Para quienes impulsan esta causa, hablar de muerte digna no significa dejar de valorar la vida, sino reconocer la dignidad, voluntad y sufrimiento de quienes atraviesan sus últimos momentos y pedir que la ley contemple, con responsabilidad y humanidad, sus decisiones. EL ORBE/ JC
Piden Avanzar Hacia una Ley de Muerte Digna ante el Sufrimiento de Pacientes Terminales
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