Sigue el Paro Magisterial Entre Protestas y el Alto Costo Social y Económico
Ernesto L. Quinteros
Han transcurrido ya 19 días desde que la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) inició su paro nacional indefinido. Dieciocho días de marchas, bloqueos, plantones, toma de casetas, suspensión de clases y movilizaciones que mantienen en vilo a miles de familias mexicanas.
Sin embargo, mientras las dirigencias sindicales y el Gobierno Federal continúan intercambiando posturas en las mesas de negociación, hay un sector que sigue pagando el precio más alto de este conflicto: los estudiantes.
Pero las consecuencias no terminan en las aulas. Cuando las escuelas dejan de funcionar, también se detiene una parte importante de la actividad económica. Alrededor de cada centro educativo existe una cadena productiva que depende de la movilidad escolar: transporte público, vendedores ambulantes, papelerías, cafeterías, pequeños comercios, proveedores de alimentos y múltiples prestadores de servicios que ven disminuir sus ingresos.
La afectación económica es silenciosa, pero real. Miles de familias que viven al día han resentido la disminución de clientes y ventas. En estados como Chiapas, Oaxaca, Guerrero y la Ciudad de México, donde las movilizaciones han sido constantes, los bloqueos carreteros y la liberación de casetas también han generado retrasos logísticos, afectaciones al comercio y pérdidas para distintos sectores productivos.
Hasta este momento resulta prácticamente imposible cuantificar el monto total de las pérdidas económicas provocadas por el conflicto. Lo cierto es que cada día de paralización tiene un costo que termina absorbiendo la sociedad en su conjunto. Los empresarios pierden productividad, los comerciantes reducen ingresos, los trabajadores enfrentan dificultades de movilidad y los estudiantes acumulan rezagos educativos.
A ello se suma un factor que pocas veces se analiza con profundidad: la imagen de México ante el mundo. En una época donde la competitividad, la inversión y la confianza son fundamentales para atraer capitales y generar empleos, los escenarios de bloqueos prolongados, conflictos sin solución y parálisis institucional envían señales de incertidumbre. Sus efectos quizá no se reflejen de inmediato, pero tarde o temprano terminan impactando en la percepción internacional sobre la estabilidad del país.
Por supuesto, las demandas del magisterio merecen atención. La discusión sobre pensiones, jubilaciones y derechos laborales es legítima. Los maestros tienen derecho a expresar inconformidades y buscar mejores condiciones de trabajo. Sin embargo, también es cierto que los derechos de millones de estudiantes y de una sociedad que necesita estabilidad no pueden quedar indefinidamente atrapados en una confrontación política que parece no encontrar salida.
Hoy, sin temor a equivocarnos, la mayoría de los mexicanos desea que este conflicto llegue a su fin. Nadie gana con una confrontación prolongada. Ni el gobierno, ni el magisterio, ni mucho menos los ciudadanos.
Lamentablemente, las señales que envían ambas partes no son alentadoras. Las posiciones continúan distantes, las movilizaciones se endurecen y la posibilidad de un acuerdo definitivo parece cada vez más lejana.
Mientras tanto, el reloj sigue avanzando. Y cada día que pasa sin una solución representa un costo enorme para la educación, para la economía y para el futuro de México.
Por hoy ahí la dejamos, nos leemos mañana.
¡Ánimo!
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