Tapachula, Chiapas; 27 de Abril de 2026.- La situación de la niñez migrante en la frontera sur se ha convertido en una de las expresiones más visibles de la crisis humanitaria que enfrenta la región.
De acuerdo con Luis Rey García Villagrán, del Centro de Dignificación Humana A.C., el panorama es alarmante: miles de menores, muchos de ellos no acompañados, sobreviven en las calles de Tapachula en condiciones de alta vulnerabilidad.
Datos del Parlamento Centroamericano señalan que uno de cada tres migrantes que cruza por esta zona es menor de edad, lo que refleja la magnitud del fenómeno. Sin embargo, no existe una cifra oficial precisa. Desde la observación en territorio, se estima que entre 10 y 15 mil niños migrantes podrían estar trabajando en la informalidad, expuestos a riesgos constantes y sin acceso pleno a derechos básicos.
En calles, avenidas y espacios públicos es común ver a menores vendiendo productos, limpiando parabrisas o realizando diversas actividades para subsistir. A esta realidad se suman factores estructurales, como las condiciones legales en países de origen que permiten el trabajo infantil desde edades tempranas, lo que se traslada a dinámicas de supervivencia en el contexto migratorio.
El problema se agrava con la falta de atención efectiva por parte de autoridades de los tres niveles de Gobierno, quienes -según denuncian organizaciones- han sido omisas ante una problemática que requiere acciones urgentes y coordinadas. La situación es aún más crítica para comunidades como la haitiana, considerada una de las más desprotegidas, donde la pobreza extrema y la exclusión social se profundizan.
Casos recientes, como la muerte de un menor migrante en la Costa mientras trabajaba, evidencian los riesgos a los que están expuestos. A pesar de ello, no existen mecanismos suficientes que garanticen protección, regularización o acceso a servicios básicos para estas familias.
Más allá de cifras, el fenómeno plantea un cuestionamiento social profundo: la normalización del trabajo infantil y la indiferencia ante la vulnerabilidad de la niñez. La ausencia de políticas efectivas no solo refleja una falla institucional, sino también una pérdida de sensibilidad colectiva.
Atender esta crisis no es solo una obligación legal, sino un imperativo ético. La forma en que se responde a la niñez migrante define no solo el presente, sino el futuro social de la región. EL ORBE/ Mesa de Redacción





