jueves, mayo 28, 2026
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EL QUINTO PODER DE MEXICO

Por Ernesto L. Quinteros

Urgente Cumplir con la Tarea de Salvar a Nuestros Jóvenes y Niños de la Violencia e Inseguridad

Lo ocurrido recientemente en el Colegio “Miguel Hidalgo” de Tapachula, donde padres de familia denunciaron la presunta portación de un arma por parte de un estudiante, debe encender las alertas no solo dentro de esa institución sino en todo el sistema educativo y en cada hogar, en donde se debe de hacer conciencia.
Más allá de determinar responsabilidades individuales, el verdadero debate debe centrarse en “la prevención”, porque cuando un adolescente llega al extremo de amenazar, intimidar o presuntamente portar un arma dentro de una escuela, el problema no comenzó ese día. Las señales estuvieron presentes mucho antes, pero probablemente nadie logró detectarlas a tiempo.
México ha sido testigo de tragedias dolorosas en distintas entidades del país. Casos en Nuevo León, Coahuila, Ciudad de México, Michoacán y otros estados han dejado claro que la violencia juvenil no surge de la nada. Detrás de muchos de esos hechos existían antecedentes de aislamiento, depresión, conductas agresivas, consumo excesivo de contenido violento, bullying, abandono emocional o dificultades familiares que nunca recibieron atención adecuada.
Hoy enfrentamos una generación que vive conectada a internet prácticamente las 24 horas del día. Los jóvenes consumen contenido de todo tipo desde edades cada vez más tempranas: violencia explícita, discursos de odio, retos peligrosos, armas, narcocultura y una sobreexposición constante a redes sociales que muchas veces distorsionan la realidad.
El celular dejó de ser solamente una herramienta de comunicación para convertirse en una ventana permanente a un mundo sin filtros.
Eso no significa que la tecnología sea el enemigo. El problema aparece cuando el teléfono sustituye la comunicación familiar, cuando los padres ya no saben qué sienten sus hijos, cuando los maestros pierden capacidad de conexión con sus alumnos y cuando el entorno social normaliza la indiferencia emocional.
¿Cuántos padres prefieren facilitar un celular a un menor, con la finalidad de que deje de molestar?
Muchos adolescentes hoy están creciendo con miles de seguidores virtuales, pero sin alguien que realmente los escuche. Y esa desconexión emocional puede convertirse en enojo, ansiedad, frustración o conductas de riesgo.
Por ello, reducir estos casos únicamente a castigos escolares sería un error. Claro que las instituciones deben aplicar protocolos firmes y actuar con responsabilidad ante cualquier riesgo, pero la solución no puede limitarse a expulsiones o sanciones administrativas. El enfoque debe ser preventivo y profundamente educativo.
Padres de familia y maestros necesitan trabajar en un mismo sentido. Durante años se pensó que la educación era responsabilidad exclusiva de las escuelas, mientras que en muchos hogares la convivencia fue sustituida por pantallas. Hoy esa distancia está pasando factura.
La prevención comienza con acciones sencillas pero fundamentales: escuchar a los jóvenes, observar cambios de conducta, identificar señales de ansiedad, aislamiento o agresividad, supervisar el contenido que consumen y recuperar espacios de diálogo familiar. Un adolescente que se siente acompañado difícilmente buscará refugio en la violencia.

También es urgente que las escuelas cuenten con programas reales de atención emocional, orientación psicológica y capacitación docente para detectar conductas de riesgo. Muchos maestros hacen enormes esfuerzos, pero también enfrentan grupos cada vez más complejos y una realidad digital que avanza más rápido que las herramientas educativas tradicionales.
La educación del presente ya no puede basarse solamente en memorizar contenidos. Ahora también debe enseñar manejo emocional, convivencia, empatía y uso responsable de la tecnología. Porque formar estudiantes sin atender su salud emocional es dejar incompleta la tarea educativa.
No se trata de criminalizar a los jóvenes. Al contrario, se trata de entender que muchos de ellos están creciendo bajo enormes presiones sociales, emocionales y digitales. Y precisamente por eso necesitan más acompañamiento, más orientación y menos indiferencia.
La sociedad no puede esperar a que ocurra una tragedia para actuar. Cada señal ignorada puede convertirse mañana en una noticia lamentable. Hoy más que nunca, la prevención debe convertirse en una prioridad compartida entre familias, escuelas y autoridades. No hay de otra.
Por hoy ahí la dejamos, nos leemos mañana. ¡Animooo!
Comentarios y denuncias: loque46@hotmail.com
Visita: www.elorbe.com Facebook: elquintopoderdemexico

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