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INDICADOR POLITICO

2.- Echeverría (et al.) y la Lucha
por el Control de la Crítica
Carlos Ramírez

Al ser uno de los secretarios de Gobernación más político y astuto, Luis Echeverría Álvarez entendió el mensaje de fondo del movimiento estudiantil-popular del 68: la desarticulación el viejo sistema/régimen/Estado/Constitución como bloque de poder autoritario iba a llegar por el lado del manejo crítico de la información.
No fue difícil para el primer presidente posterior al 68 ejercer el control sobre la televisión que nacía básicamente como un negocio, en tanto que los medios de comunicación escritos habían encontrado un hoyo negro en un aparato de poder que se había fracturado con Díaz Ordaz.
Durante los días agitados del movimiento estudiantil, Echeverría se percató que el periódico Excelsior había sido el único que descubrió el espacio sobre el cual el sistema/régimen no tenía del todo controlado: ejercer la crítica a la estructura presidencialista de poder, pero sin convertirse en oposición partidista.
Julio Scherer García arribó a la dirección de Excelsior semanas antes de iniciarse el conflicto estudiantil, provenía de una vertiente de periodismo crítico pero no antisistémico y encontró validación en la apertura de espacios editoriales a intelectuales que corrían por el mismo carril: criticar sin romper. Y por ahí transitó aprovechando la distensión legitimadora de Echeverría al ejercer un discurso crítico desde dentro.
Cuando se percató que no eran posibles las negociaciones subordinadas al estilo del viejo régimen, Echeverría dio el paso audaz de tratar de romper el periódico desde dentro. Y lo hizo en dos tiempos:
1.- En 1972 manipuló a los empresarios que no querrían romper con el Estado para que declararan un boicot publicitario a Excelsior; y dos fueron los instrumentos: el poderoso empresario Juan Sánchez Navarro como ideólogo de la empresa privada que pactaba con el Estado y el dueño de El Palacio de Hierro, Alberto Bailleres. Los dos enviaron una carta a todos los empresarios que se anunciaban en Excelsior para decirles que el periódico era un riesgo ideológico porque buscaba la instauración del comunismo y que por lo tanto lo estaba haciendo con recursos publicitarios privados.
La jugada dio resultado. Pero -como en política no hay secretos- pronto se descubrió el revés de la trama: Echeverría había sido el instigador del empresariado para el boicot publicitario, y luego Echeverría se acercó a Scherer para decirle que él no podía avalar una decisión tan conservadora y que el sector público cubriría con publicidad gubernamental los retiros de la publicidad privada.
Scherer no aceptó al principio esas reglas del juego, pero fue obligado por las circunstancias de sobrevivencia. Sin embargo, Echeverría no contó con la astucia del director de Excelsior: Scherer aceptó que el economista progresista Horacio Flores de la Peña, secretario del Patrimonio Nacional, canalizara la publicidad de emergencia, pero no varió su línea crítica al sistema/régimen y puede decirse que inclusive la profundizó para mandar el mensaje de que la decisión de Echeverría era de Estado y no de un manipulador político. La publicidad no compró notas positivas sino más críticas.
2.- Fracasada la estrategia, Sánchez Navarro le confesó a Scherer la jugada de Echeverría. Y el director de Excelsior siguió su línea crítica. Y ahí fue donde Echeverría pasó a la segunda etapa de su estrategia: cooptar a una parte del cuerpo directivo del periódico contrario a Scherer, usó el aparato público para fabricar conflictos legales avalados por jueces oficialistas y bloqueó los negocios legales de la cooperativa Excelsior, el conflicto en Paseos de Taxqueña donde se construía una unidad habitacional para clase media alta.
Scherer descuidó el frente interno en Excelsior, con fe a ciegas en Regino Díaz Redondo sin ver la traición. En la asamblea de la cooperativa del 6 de julio de 1976 una maniobra priista falsificó los votos y Scherer abandonó la sesión y el periódico para no regresar jamás.
Las consecuencias fueron adversas para el sistema/régimen/Estado: el 6 de julio se refrendó el mecanismo autoritario gubernamental sobre la prensa de papel y de la muerte de ese Excelsior surgieron medios con mayor autonomía relativa que obligaron al gobierno a una nueva negociación de concesiones para evitar la imagen de una dictadura represiva.
Nacieron la revista Proceso, Uno Más Uno, La Jornada, El Financiero, la revista Plural, se radicalizó un poco más la revista Siempre, el suplemento de La Cultura en México abrió un carril de critica al régimen desde la cultura política y la primera etapa de Nexos también aprovechó la apertura.
El periodismo crítico, no opositor y de manera inevitable dependiente de la publicidad gubernamental, encontró una sociedad que potenció ese tipo de información no sistémica, pero tampoco antisistema. Y ese periodismo crítico sobrevivió a López Portillo y al neoliberalismo y fue clave en la deslegitimación social del presidencialismo y del PRI, condujo a la alternancia del 2000 y ahora lucha contra una nueva oleada autoritaria de la 4T que no busca liquidar la crítica sino solo someterla a control.
Política Para Dummies: la política es consecuencia de la política.
carlosramirezh@elindependiente.mx
http://elindependiente.mx
@carlosramirezh
El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del periódico que la publica.

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