Se Disparan Enfermedades Respiratorias y Diarreicas por Cambios Bruscos de Temperatura
Ernesto L. Quinteros
Las variaciones bruscas del clima -mañanas frías que rondan los 13 grados y tardes que superan los 21- están pasando factura a la salud pública en la región de la Costa-Soconusco de Chiapas.
En municipios como Unión Juárez, Cacahoatán y Tuxtla Chico, así como en comunidades rurales de la zona, los consultorios médicos han registrado un incremento notable de enfermedades respiratorias y gastrointestinales.
No se trata de una percepción aislada ni de una alarma exagerada. Todo indica que los efectos del cambio climático comienzan a manifestarse de manera más directa en la vida cotidiana. Cambios bruscos de temperatura, lluvias atípicas y periodos de calor fuera de temporada alteran no solo los ciclos agrícolas, sino también el equilibrio del organismo humano. El cuerpo, particularmente en niños y adultos mayores, resiente estos contrastes térmicos que debilitan las defensas y abren la puerta a virus y bacterias.
Como bien advierten especialistas de la región, el problema no es únicamente el resfriado común. Hoy coinciden infecciones respiratorias con padecimientos exantemáticos como el sarampión, enfermedad que ha vuelto a generar preocupación en diversas entidades del país, incluida la Ciudad de México. El riesgo radica en que sus primeros síntomas pueden confundirse con una gripe estacional, lo que retrasa el diagnóstico oportuno y favorece la propagación.
A ello se suman las enfermedades gastrointestinales propias de la temporada, muchas veces asociadas a cambios en la conservación de alimentos, consumo de agua no potable o prácticas inadecuadas de higiene. En zonas donde el calor aumenta repentinamente, la descomposición de alimentos ocurre con mayor rapidez, generando cuadros de diarrea y deshidratación, especialmente peligrosos en menores de edad.
Pero más allá del diagnóstico clínico, existe una reflexión social inevitable. En México, lamentablemente, la salud continúa siendo uno de los negocios más rentables. Cada temporada de enfermedades dispara la venta de medicamentos, vitaminas e insumos médicos. Sin embargo, poco se invierte en prevención comunitaria, campañas permanentes de vacunación y educación sanitaria. Se atienden los síntomas, pero no siempre se combate el origen del problema.
La prevención sigue siendo la herramienta más poderosa y, paradójicamente, la más económica. Mantener actualizado el esquema de vacunación contra influenza, COVID-19 y sarampión no es un trámite burocrático: es una barrera colectiva. Fortalecer la alimentación con vitaminas A, B, C y D mediante frutas y verduras de la región no es una moda nutricional, es una estrategia inmunológica. Hidratarse adecuadamente y evitar la automedicación pueden marcar la diferencia entre una infección leve y una complicación hospitalaria.
También es momento de asumir responsabilidad compartida. Las autoridades deben reforzar campañas informativas claras y accesibles; los centros de salud, garantizar abasto de vacunas y medicamentos esenciales; y la ciudadanía, adoptar medidas básicas como el uso de cubrebocas ante síntomas respiratorios y el abrigo adecuado en zonas altas.
El invierno concluirá oficialmente el 21 de marzo, pero las oscilaciones térmicas no obedecen a fechas del calendario. La Costa de Chiapas vive hoy un escenario donde el clima cambia en cuestión de horas, y con él, la vulnerabilidad de su población.
La salud no puede seguir siendo solamente un indicador estadístico ni un mercado estacional. Debe convertirse en prioridad estructural. Porque cuando el clima enferma, la prevención es el único antídoto colectivo. Y en tiempos de incertidumbre ambiental, cuidar nuestra salud es también una forma de resistencia social.
Por hoy ahí la dejamos, nos leemos mañana.
¡Ánimo!
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