Ricardo Monreal Ávila
(Coordinador de los Diputados de Morena)
En «Hamlet», Laertes advertía a su hermana Ofelia que ni siquiera la virtud misma escapa de los golpes de la calumnia. Con ello, Shakespeare mostraba que incluso lo más noble puede ser atacado por la mentira y la manipulación. Hamlet se debate entre la verdad y el engaño, entre la apariencia y la realidad. Los personajes que lo rodean encarnan esa tensión.
Por eso su advertencia se mantiene vigente ahora, cuando algunos proyectos políticos buscan presentarse como defensores de la libertad, pero lo que realmente guardan son intereses ocultos.
La reciente reunión de Presidentes de derecha y ultraderecha para conformar el llamado Escudo de las Américas, es el claro ejemplo de una iniciativa que se presenta ante el mundo como un pacto de seguridad y unidad, pero que en realidad responde a una lógica de alineamiento ideológico y geopolítico.
Si algo ha dejado en claro la historia latinoamericana es que, cada vez que se invoca la unidad bajo el liderazgo de Estados Unidos (EU), sobreviene el sometimiento económico y la vulneración de la soberanía.
En esa cumbre no estuvieron México ni Brasil ni Colombia. Tres países con gobiernos progresistas que han buscado mantener una política exterior independiente y una visión latinoamericanista distinta de la lógica de alineamiento automático con EU.
Resulta significativo que México haya optado por seguir manteniendo una postura distinta. La presidenta Claudia Sheinbaum ha sido clara al defender la soberanía nacional y al rechazar cualquier forma de intervención militar o política en nuestro territorio. La dignidad ha sido su principal cualidad, y la templanza, el signo de su actuar.
Hoy, el discurso de seguridad y las amenazas de actuar contra los cárteles en nuestro país vuelven a aparecer como argumento central.
Sin embargo, México ha demostrado una y otra vez que no está dispuesto a someterse. La Presidenta ha actuado con mucha prudencia, sin perder la ecuanimidad, porque sabe muy bien que los desplantes o las actitudes arrogantes se enfrentan con dignidad, serenidad y paciencia.
Los bloques de derecha y ultraderecha pueden levantarse con rapidez, pero también se desmoronan con el paso del tiempo.
Por eso, más allá de coyunturas ideológicas, el desafío sigue siendo el mismo que hace dos siglos: construir una América Latina capaz de dialogar con el mundo sin renunciar a su soberanía. Sun





