Que se Oiga Claro: sin PIB no
hayPaís; de 4%-6% a 1.8%
Carlos Ramírez
De todas las cifras que recogió Pedro Aspe Armella para dar una conferencia en Estados Unidos sobre la economía mexicana en estos años de la 4T, el dato central de cualquier análisis que se quiera hacer, y desde cualquier punto de vista con el cual se va a adjudicar el ciclo de dos sexenios lopezobradoristas, será el del crecimiento económico resumido en la tasa anual-sexenal del Producto Interno Bruto.
En su campaña de 2018, López Obrador se comprometió a un ritmo promedio anual del PIB de 4%, contra el 2% promedio anual del periodo neoliberal 1983-2018 y del mítico 6% del ciclo populista 1934-1982.
Por las razones que hayan sido -y en compromisos presidenciales lo que vale es el saldo y no el “yo quería»-, la tasa real promedio del primer sexenio cuatroteísta fue de 0.8% anual, el segundo más bajo de los 42 años en siete sexenios, apenitas arriba del promedio anual sexenal de 0% de Miguel de la Madrid Hurtado.
En las expectativas oficiales de la presidenta Sheinbaum Pardo, la tendencia del PIB ha ido disminuyendo en lugar de crecer: en Criterios Generales de Política Económica para 2025 se estableció un promedio anual en el sexenio de 3% del PIB, pero en los Criterios para 2026 la cifra bajó a 2.0% y el Banco de México registró las expectativas de especialistas de que el crecimiento económico anual en el sexenio actual sería de 1.8%, aunque decreciendo en cada evaluación anual.
El PIB como la suma de la riqueza producida por la economía domina todas las referencias de las demás variables, y quizás la más importante sea la de reflejar el indicador reconocido por todos los organismos nacionales e internacionales de la distribución automática pero válida del crecimiento económico: la división del valor del PIBentre la población -el PIB por habitante-, y allí se localizó la cifra más reveladora que proporcionó Aspe en las cifras reproducidas de manera textual por El Independiente el lunes pasado (https://elindependiente.mx/edicion-impresa/2026/05/25/el-independiente-no-1068/): el PIB per cápita en 2025 abajo de la línea de flotación de lo alcanzado en 2018.
Como ocurre con la estrategia de la avestruz que -dicen- esconde la cabeza debajo de la tierra para no darse cuenta de lo que lo rodea, la presidenta Sheinbaum dio a conocer un corte de caja de lo que llamó “las 12 buenas noticias de la economía mexicana”, pero se cuidó de no mencionar lo que sería el dato central para saber si estamos creciendo y distribuyendo, o si todo ha sido un juego actuarial de cifras que parecerían salidas de la nada: el PIB.
A reserva de analizar uno a uno los 12 puntos, hizo falta el número 13 que debió haber sido el número 1: cuánta riqueza se produjo en México en los siete años de la 4T, es decir, cómo anda el PIB.
Y en la misma semana en que se celebraban las doce buenas noticias, la mala noticia fue publicitada por el Banco de México: el PIB esperado para 2026 había bajado en las expectativas de 1.8% a 1.1%, pero con el pesimismo de los analistas consultados por el Banco Central de que la cifra podría bajar aún más -dicen los que saben- hasta tocar el piso de 0.5% al terminar el año en curso.
Las expectativas promedio de los Criterios Generales de Política Económica para 2026 revelaron a finales del año pasado el establecimiento de una meta de 2% promedio anual de PIB, ara todo el sexenio y no se requiere ser economista graduado en el MIT -el Instituto Tecnológico de Massachusetts o en la Catedral del neoliberalismo de la Universidad de Chicago- para saber que el PIB que no se crea queda acumulado como PIB necesario para que en años posteriores se tenga que crecer arriba del promedio anual y llegar a la meta del promedio sexenal.
En dos años de PIB del segundo gobierno de la 4T -0.7% en 2025 y 0.8%- en 2026 darían un promedio anual en los dos primeros años del Gobierno actual de 0.75%, tropiezo significativo frente a la meta de 2%.
Y aquí las matemáticas no engañan: la economía necesita un enorme esfuerzo -con riesgo de inflación y devaluación- para subir la meta del PIB de 2% en los cuatro años que quedan del Gobierno a 3% anual, pero con lacircunstancia agravante de que no hay en el escenario de la política económica ninguna estrategia para reconocer primero el fracaso del PIB y después presentar un proyecto de reorganización productiva industrial y agropecuaria de México para aumentar el ritmo del PIB sin generar presiones inflacionarias.
El punto del debate también está muy claro: para los gobiernos de la 4T importa sólo el volumen de transferencias directas -o dinero regalado a mexicanos localizados en la línea de pobreza- y la cifra es significativa porque revela un billón de pesos -10% del presupuesto federal- para beneficiar a 29 millones de personas con dinero que no esperaban, pero cuyo impacto en la economía es inexistente porque no generan demanda efectiva ni demanda agregada y por lo tanto no estimulan el crecimiento económico.
Y ahí nos encontramos: el PIB no importa las autoridades gubernamentales, aunque sin PIB no hay país.
Política Para Dummies: la política es una variable económica codependiente.
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