jueves, diciembre 8, 2022
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¿Es Seguro un Inmueble Después de un Sismo?

Norberto Domínguez Ramírez y Moisés Juárez Camarena

«Septiembre, mes de los sismos», una frase que ilustra de manera sencilla un mito que ha surgido en torno a estos eventos geológicos que, al menos en las últimas décadas, han dejado huella en dicho mes: El sismo de 1985, los sismos de 2017, el más reciente de 2022… sismos o temblores que han marcado a nuestro país por sus efectos catastróficos y que en el imaginario colectivo parecieran suceder inexorablemente en el mes Patrio. No obstante, aunque pareciera un suceso que ocurre con cierta regularidad, la realidad es distinta: un sismo puede ocurrir en cualquier momento, a cualquier hora del día, con lluvia, frío o Covid…
Como sociedad expuesta al riesgo sísmico, nuestra memoria nos plantea la necesidad de estar preparados de la mejor manera para sobrevivir a un fenómeno de gran magnitud, conscientes de que no tenemos el control total ni la respuesta perfecta durante la crisis post-sísmica, pero que podemos reducir el volumen de las pérdidas, mitigar los efectos desastrosos y colaborar conjuntamente para restablecer la operatividad y la funcionabilidad lo antes posible, si construimos conjuntamente estrategias colaborativas entre población, gobierno y especialistas para enfrentar la incertidumbre. Las experiencias pasadas han mostrado la capacidad inherente de la población mexicana a cooperar y participar de manera desinteresada en la recuperación y el salvamento durante la zozobra.
Los ingenieros civiles, arquitectos, constructores, entre muchos otros, sabemos de la importancia que tiene la salvaguarda de la infraestructura para mantener la continuidad de las actividades ordinarias de una población afectada por un sismo.
Simulacros y alertas no bastan
En los últimos 30 años se han construido instrumentos de prevención tales como los simulacros y la alerta sísmica que, a medida que se han integrado al ambiente urbano, han permitido que la población reaccione coherentemente, promoviendo su supervivencia y resguardo ante un sismo.
Sin embargo, sabemos que esto no basta, porque durante una crisis post-sísmica hay diversas situaciones que se presentan y deben atenderse en tiempos razonables, entre las cuales destaca brindar apoyo y confianza a la población en relación con la seguridad estructural que les ofrecen sus casas, sus departamentos, sus escuelas, sus oficinas. El integrar de forma emergente brigadas de ingenieros y voluntarios pareciera ser una solución, pero las experiencias previas nos han enseñado que pueden volverse ineficaces además de insuficientes, si no se prevé su organización y disponibilidad durante la crisis.
El Colegio de Ingenieros Civiles de México, a través del Comité Técnico de Seguridad Estructural, ha desarrollado un «Protocolo de Actuación Post-Sísmica», cuya misión es organizar colectivamente a ingenieros y arquitectos, a investigadores y estudiantes, y a toda persona capacitada en cuestiones de seguridad estructural, para que puedan efectuar una inspección visual de edificaciones habitacionales y de oficinas no gubernamentales, con altas posibilidades de haberse dañado estructuralmente luego de la ocurrencia de un evento sísmico con importantes afectaciones en la Ciudad de México y el área metropolitana.
El protocolo de actuación está pensado para realizarse de la siguiente forma:
*Fase de planeación general, se realiza en «tiempos de paz», es decir, cuando la comunidad realiza actividades de forma ordinaria, con la participación de todos los miembros del Comité Técnico de Seguridad Estructural, siendo de índole permanente.
*Fase 0, inicia en el instante mismo en que ocurre un sismo.
*Fase 1, el protocolo se activa en cuanto se recibe la instrucción por parte del coordinador del CTSE; en esta fase participan exclusivamente los miembros del Comité.
*Fase 2, se establecen los espacios físicos y virtuales de trabajo, se inicia la capacitación, se organizan las brigadas y se hace la planeación estratégica de las zonas afectadas.
*Fase 3, se inicia la inspección post-sísmica. En esta fase se hace contacto con el público en general, representando la participación oficial del CICM a través del Comité Técnico de Seguridad Estructural.
*Fase 4, esta fase se vincula con la fase 3, correspondiendo a los trabajos de evaluación de edificaciones dañadas que solo pueden realizarse mediante procedimientos técnicos de ingeniería estructural. El Comité Técnico de Seguridad Estructural como figura del CICM, se mantiene ajeno a estos trabajos y no tiene ninguna obligación de efectuar dichos estudios, pero se mencionan debido a su potencial requerimiento por parte de autoridades o público en general.
*Fase 5, con su arranque se da por concluido este protocolo de actuación, y corresponde a los trabajos de rehabilitación que procedan para recuperar y garantizar la estabilidad y seguridad estructural de edificaciones afectadas.
Sin embargo, esta estrategia depende directamente del gran grupo de ingenieros, arquitectos, especialistas y voluntarios que, de manera desinteresada, pueden colaborar con su conocimiento y experiencia en el restablecimiento de la vida normal luego del sismo, coadyuvando con la población a identificar edificaciones que, de reutilizarse, pondrían en grave riesgo a las personas que regularmente, las habitan o utilizan. A este grupo lo hemos llamado la gran red de voluntarios y especialistas de apoyo a la estrategia de actuación post-sísmica.
***Norberto Domínguez: Coordinador Adjunto del Comité Técnico de Seguridad Estructural del CICM. Moisés Juárez Camarena: Secretario del Comité Técnico de Seguridad Estructural del CICM. Sun

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Como sociedad expuesta al riesgo sísmico, nuestra memoria nos plantea la necesidad de estar preparados de la mejor manera para sobrevivir a un fenómeno de gran magnitud, conscientes de que no tenemos el control total ni la respuesta perfecta durante la crisis post-sísmica, pero que podemos reducir el volumen de las pérdidas, mitigar los efectos desastrosos y colaborar conjuntamente para restablecer la operatividad y la funcionabilidad lo antes posible, si construimos conjuntamente estrategias colaborativas entre población, gobierno y especialistas para enfrentar la incertidumbre. Las experiencias pasadas han mostrado la capacidad inherente de la población mexicana a cooperar y participar de manera desinteresada en la recuperación y el salvamento durante la zozobra.
Los ingenieros civiles, arquitectos, constructores, entre muchos otros, sabemos de la importancia que tiene la salvaguarda de la infraestructura para mantener la continuidad de las actividades ordinarias de una población afectada por un sismo.
Simulacros y alertas no bastan
En los últimos 30 años se han construido instrumentos de prevención tales como los simulacros y la alerta sísmica que, a medida que se han integrado al ambiente urbano, han permitido que la población reaccione coherentemente, promoviendo su supervivencia y resguardo ante un sismo.
Sin embargo, sabemos que esto no basta, porque durante una crisis post-sísmica hay diversas situaciones que se presentan y deben atenderse en tiempos razonables, entre las cuales destaca brindar apoyo y confianza a la población en relación con la seguridad estructural que les ofrecen sus casas, sus departamentos, sus escuelas, sus oficinas. El integrar de forma emergente brigadas de ingenieros y voluntarios pareciera ser una solución, pero las experiencias previas nos han enseñado que pueden volverse ineficaces además de insuficientes, si no se prevé su organización y disponibilidad durante la crisis.
El Colegio de Ingenieros Civiles de México, a través del Comité Técnico de Seguridad Estructural, ha desarrollado un «Protocolo de Actuación Post-Sísmica», cuya misión es organizar colectivamente a ingenieros y arquitectos, a investigadores y estudiantes, y a toda persona capacitada en cuestiones de seguridad estructural, para que puedan efectuar una inspección visual de edificaciones habitacionales y de oficinas no gubernamentales, con altas posibilidades de haberse dañado estructuralmente luego de la ocurrencia de un evento sísmico con importantes afectaciones en la Ciudad de México y el área metropolitana.
El protocolo de actuación está pensado para realizarse de la siguiente forma:
*Fase de planeación general, se realiza en «tiempos de paz», es decir, cuando la comunidad realiza actividades de forma ordinaria, con la participación de todos los miembros del Comité Técnico de Seguridad Estructural, siendo de índole permanente.
*Fase 0, inicia en el instante mismo en que ocurre un sismo.
*Fase 1, el protocolo se activa en cuanto se recibe la instrucción por parte del coordinador del CTSE; en esta fase participan exclusivamente los miembros del Comité.
*Fase 2, se establecen los espacios físicos y virtuales de trabajo, se inicia la capacitación, se organizan las brigadas y se hace la planeación estratégica de las zonas afectadas.
*Fase 3, se inicia la inspección post-sísmica. En esta fase se hace contacto con el público en general, representando la participación oficial del CICM a través del Comité Técnico de Seguridad Estructural.
*Fase 4, esta fase se vincula con la fase 3, correspondiendo a los trabajos de evaluación de edificaciones dañadas que solo pueden realizarse mediante procedimientos técnicos de ingeniería estructural. El Comité Técnico de Seguridad Estructural como figura del CICM, se mantiene ajeno a estos trabajos y no tiene ninguna obligación de efectuar dichos estudios, pero se mencionan debido a su potencial requerimiento por parte de autoridades o público en general.
*Fase 5, con su arranque se da por concluido este protocolo de actuación, y corresponde a los trabajos de rehabilitación que procedan para recuperar y garantizar la estabilidad y seguridad estructural de edificaciones afectadas.
Sin embargo, esta estrategia depende directamente del gran grupo de ingenieros, arquitectos, especialistas y voluntarios que, de manera desinteresada, pueden colaborar con su conocimiento y experiencia en el restablecimiento de la vida normal luego del sismo, coadyuvando con la población a identificar edificaciones que, de reutilizarse, pondrían en grave riesgo a las personas que regularmente, las habitan o utilizan. A este grupo lo hemos llamado la gran red de voluntarios y especialistas de apoyo a la estrategia de actuación post-sísmica.
***Norberto Domínguez: Coordinador Adjunto del Comité Técnico de Seguridad Estructural del CICM. Moisés Juárez Camarena: Secretario del Comité Técnico de Seguridad Estructural del CICM. Sun

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Como sociedad expuesta al riesgo sísmico, nuestra memoria nos plantea la necesidad de estar preparados de la mejor manera para sobrevivir a un fenómeno de gran magnitud, conscientes de que no tenemos el control total ni la respuesta perfecta durante la crisis post-sísmica, pero que podemos reducir el volumen de las pérdidas, mitigar los efectos desastrosos y colaborar conjuntamente para restablecer la operatividad y la funcionabilidad lo antes posible, si construimos conjuntamente estrategias colaborativas entre población, gobierno y especialistas para enfrentar la incertidumbre. Las experiencias pasadas han mostrado la capacidad inherente de la población mexicana a cooperar y participar de manera desinteresada en la recuperación y el salvamento durante la zozobra.
Los ingenieros civiles, arquitectos, constructores, entre muchos otros, sabemos de la importancia que tiene la salvaguarda de la infraestructura para mantener la continuidad de las actividades ordinarias de una población afectada por un sismo.
Simulacros y alertas no bastan
En los últimos 30 años se han construido instrumentos de prevención tales como los simulacros y la alerta sísmica que, a medida que se han integrado al ambiente urbano, han permitido que la población reaccione coherentemente, promoviendo su supervivencia y resguardo ante un sismo.
Sin embargo, sabemos que esto no basta, porque durante una crisis post-sísmica hay diversas situaciones que se presentan y deben atenderse en tiempos razonables, entre las cuales destaca brindar apoyo y confianza a la población en relación con la seguridad estructural que les ofrecen sus casas, sus departamentos, sus escuelas, sus oficinas. El integrar de forma emergente brigadas de ingenieros y voluntarios pareciera ser una solución, pero las experiencias previas nos han enseñado que pueden volverse ineficaces además de insuficientes, si no se prevé su organización y disponibilidad durante la crisis.
El Colegio de Ingenieros Civiles de México, a través del Comité Técnico de Seguridad Estructural, ha desarrollado un «Protocolo de Actuación Post-Sísmica», cuya misión es organizar colectivamente a ingenieros y arquitectos, a investigadores y estudiantes, y a toda persona capacitada en cuestiones de seguridad estructural, para que puedan efectuar una inspección visual de edificaciones habitacionales y de oficinas no gubernamentales, con altas posibilidades de haberse dañado estructuralmente luego de la ocurrencia de un evento sísmico con importantes afectaciones en la Ciudad de México y el área metropolitana.
El protocolo de actuación está pensado para realizarse de la siguiente forma:
*Fase de planeación general, se realiza en «tiempos de paz», es decir, cuando la comunidad realiza actividades de forma ordinaria, con la participación de todos los miembros del Comité Técnico de Seguridad Estructural, siendo de índole permanente.
*Fase 0, inicia en el instante mismo en que ocurre un sismo.
*Fase 1, el protocolo se activa en cuanto se recibe la instrucción por parte del coordinador del CTSE; en esta fase participan exclusivamente los miembros del Comité.
*Fase 2, se establecen los espacios físicos y virtuales de trabajo, se inicia la capacitación, se organizan las brigadas y se hace la planeación estratégica de las zonas afectadas.
*Fase 3, se inicia la inspección post-sísmica. En esta fase se hace contacto con el público en general, representando la participación oficial del CICM a través del Comité Técnico de Seguridad Estructural.
*Fase 4, esta fase se vincula con la fase 3, correspondiendo a los trabajos de evaluación de edificaciones dañadas que solo pueden realizarse mediante procedimientos técnicos de ingeniería estructural. El Comité Técnico de Seguridad Estructural como figura del CICM, se mantiene ajeno a estos trabajos y no tiene ninguna obligación de efectuar dichos estudios, pero se mencionan debido a su potencial requerimiento por parte de autoridades o público en general.
*Fase 5, con su arranque se da por concluido este protocolo de actuación, y corresponde a los trabajos de rehabilitación que procedan para recuperar y garantizar la estabilidad y seguridad estructural de edificaciones afectadas.
Sin embargo, esta estrategia depende directamente del gran grupo de ingenieros, arquitectos, especialistas y voluntarios que, de manera desinteresada, pueden colaborar con su conocimiento y experiencia en el restablecimiento de la vida normal luego del sismo, coadyuvando con la población a identificar edificaciones que, de reutilizarse, pondrían en grave riesgo a las personas que regularmente, las habitan o utilizan. A este grupo lo hemos llamado la gran red de voluntarios y especialistas de apoyo a la estrategia de actuación post-sísmica.
***Norberto Domínguez: Coordinador Adjunto del Comité Técnico de Seguridad Estructural del CICM. Moisés Juárez Camarena: Secretario del Comité Técnico de Seguridad Estructural del CICM. Sun

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