Mauricio Meschoulam
La guerra entre Israel y Estados Unidos contra Irán se transformó con rapidez en un conflicto de múltiples frentes que ya incluso rebasa al Medio Oriente.
Estamos de lleno ante uno de los escenarios que aquí mismo analizamos hace pocas semanas, cuando advertíamos no solo sobre los riesgos, sino sobre cómo, en determinadas coyunturas, los planes y proyecciones pueden salirse de control según la forma en que los distintos actores reaccionan.
Esto ocurre en un momento en el que ese Presidente percibe que no existen contrapesos internos ni externos suficientemente fuertes como para impedirle implementar su visión del mundo y del papel que, a su juicio, debe desempeñar el país que dirige. Así, incluso si hay actores tanto dentro de EU como fuera de ese país -Israel incluido- cuyos intereses hoy se encuentran alineados con cada paso que Trump está dando, al final del camino es él quien tiene la última palabra respecto a los alcances y la duración de las operaciones, en función de cómo entienda una victoria que pueda presentar como tal.
Por ello, y quizá como nunca antes, el análisis tiene que realizarse en múltiples capas, comenzando por el propio Trump. A continuación, algunos apuntes al respecto.
Personalidad de Trump. En las últimas semanas, Trump se vio enfrentado a un dilema en el que él mismo terminó por entramparse. (…) cuando estallaron las manifestaciones masivas en Irán -las más importantes desde el establecimiento de la República Islámica- amenazó directamente al régimen iraní con atacarlo (…) y que Washington acudiría al rescate de la sociedad iraní.
Posteriormente, cuando se hizo evidente que efectivamente miles de manifestantes habían muerto, Trump afirmó que la ayuda ya estaba en camino. (…) ahora quedaba seriamente en entredicho si incumplía con sus amenazas.
Pero, por otro lado, la definición misma de su AmericaFirst implicaba que no se involucraría en guerras lejanas, ajenas y costosas con fines de cambio de régimen. (…) habría implicado que Estados Unidos no iniciara nuevas guerras o, al menos, que Washington evitara quedar entrampado en confrontaciones onerosas (…) Más aún en un año electoral, en el que para el votante promedio el tema central es el costo de vida…
El hecho de gobernar prácticamente sin contrapesos, (…) ha otorgado un peso mucho mayor a la proyección de fuerza y determinación por parte de Trump…
Todo ello se combina, por supuesto, con una capa adicional: la situación regional en Medio Oriente. Para entenderla, consideremos tres factores de contexto (aunque hay muchos más):
(a) La rivalidad geopolítica de larga data entre el bloque del islam sunita, liderado por Arabia Saudita, y el bloque chiíta, encabezado por Irán.
(b) La rivalidad regional mayor entre Irán e Israel, que se expresó en varias vertientes: esa misma red de alianzas como factor directo de amenaza contra Jerusalén; (…) y, sobre todo, el desarrollo del proyecto nuclear iraní en todas sus fases.
(c) Lo anterior nos lleva al siguiente elemento: este es el momento de mayor debilidad de la República Islámica de Irán, (…) la acumulación de crisis simultáneas: una crisis hídrica, una crisis energética y una profunda crisis de legitimidad interna, evidenciada a inicios de este año con las protestas masivas más importantes de las que se tenga registro.
Estos factores de contexto, por supuesto, ofrecían la ventana perfecta para que Trump, asistido por Israel, cumpliera con la palabra que había empeñado a favor de los manifestantes iraníes.
Existe, además (…) Rusia y China, dos actores que no pueden considerarse propiamente aliados de Irán, pero que sí habían venido tejiendo un mayor acercamiento…
Rusia, concentrada casi de manera absoluta en su propia guerra en Ucrania, y China (…) no estaban ni están dispuestas a intervenir activamente en una confrontación directa entre Teherán y Estados Unidos.
(…) es indispensable considerar que, si Trump y Netanyahu definen esta guerra como una guerra para el cambio de régimen en Irán, entonces la victoria solo llegaría cuando ese objetivo se materialice, y no antes. Primero, porque el régimen iraní está construido sobre una arquitectura (…) diseñada precisamente para sobrevivir.
Y segundo, (…) el Ayatola y su círculo más cercano diseñaron líneas de sucesión en varias capas, previendo que uno de los objetivos centrales de Washington e Israel sería la aniquilación del liderazgo iraní.
La siguiente pregunta, por supuesto, es hasta cuándo durará la paciencia de Trump antes de declarar una victoria y abrir una ventana para la reanudación de negociaciones con Irán. Hasta ahora, y como parte central de su estrategia, proyecta la intención de que esta guerra dure lo que tenga que durar para alcanzar sus objetivos. Israel, por su parte, aspira a que el conflicto no termine sino hasta eliminar de manera efectiva la capacidad de Irán como amenaza.
No obstante, si Irán logra estabilizar sus tácticas de combate, economizar sus proyectiles, obtener victorias psicológicas y simbólicas, y generar efectos políticos -sobre todo en Trump y en la política doméstica estadounidense- podría llegar el momento en que ese Presidente, altamente proclive a cerrar acuerdos, lo haga a la primera oportunidad.
Esta última dimensión de la guerra, la carrera por la resistencia y el desgaste, será la que habrá que monitorear con mayor atención en los días que siguen.
Hay por supuesto mucho más que decir, pero lo dejo por ahora hasta acá y seguiremos escribiendo al respecto.Sun





