México en el Juego de Poder
de Cuba y el Cuatro de Landau
Carlos Ramírez
La existencia de Cuba como proyecto político del poscastrismo se está convirtiendo en un fardo político en el estrecho margen de maniobra México con la Casa Blanca, y el vicesecretario de Estado y Mr. Quitavisas, Christopher Landau, le acaba de poner un cuatro a Palacio Nacional y a Morena para definir el costo político de intentar frenar o limitar la estrategia del presidente Trump, para empujar a una transición aperturista de La Habana.
El problema de Cuba para México no está en Washington, porque al final de cuentas los márgenes de la real politik le han limitado espacios de maniobra al lopezobradorismo. Cuba, como fardo que se niega a entender la lógica de la crisis: un modelo estatista autoritario, represivo, dictatorial, ya no es ejemplo para Latinoamérica, pero sí sigue siendo un espacio territorial en el continente americano para los intereses geopolíticos de China, Rusia, Corea del Norte Irán y hasta India.
Si la guerrilla revolucionaria tomó el poder el 1 de enero de 1959, la democracia castrista prometida desde el discurso “la historia me absolverá” derivó en un autoritarismo brutal sin ningún espacio mínimo para la disidencia, que comenzó a aplicarse en junio de 1961 cuando se dio el primer choque interno entre la democracia socialista y la dictadura comunista: el desencuentro con los intelectuales. Y desde entonces, Cuba ha impedido el salto cualitativo de la Revolución Cubana al Estado Cubano.
Si se revisa bien la estrategia del presidente Trump, EU no quiere convertir a la isla en el estado 51 -después de jugar con Canadá y Venezuela- ni tampoco le exige la instauración inmediata de un régimen capitalista, sino que está proponiendo un proceso paulatino de apertura política y económica.
Pero en estos meses de severas presiones estadounidenses, Cuba no sólo no ha aflojado los hilos de la dictadura sino que los ha reforzado contra sectores que no podrían convertirse en una oposición electoral competitiva, sino que, en todo caso, significan el fracaso del modelo comunista de Fidel Castro en el que no debería existir ni una sola voz en contra.
El apoyo de López Obrador y la presidenta Sheinbaum a Cuba será inútil si el régimen de La Habana no comienza a aflojar el férreo puño de la dictadura. En ese sentido, la solidaridad de México ha tenido que disminuir por la imposibilidad geopolítica de entregarle petróleo y diesel. Y China acaba de enviar quince mil toneladas de arroz, pero La Habana necesita energéticos.
La solidaridad mexicana acaba de ser aprovechada por Christopher Landau, exembajador en México y hoy nada menos que vicesecretario de Estado de la Casa Blanca. El fin de semana aprovechó la circulación de desplegados de solidaridad de grupos de Morena hacia Cuba, pero la experiencia del diplomático llamó la atención a la falta de firmas que identificaran a los solidarios.
Y Landau se burló de la falta de identidad de los abajo firmantes, porque presuntamente estarían legisladores con fuero, pero sobre todas las personas que vayan en contra de decisiones estratégicas de Estados Unidos, pesa la facultad discrecional del Gobierno estadounidense de cancelar visas con o sin argumentos claros. Y sí habría mucho apoyo mexicano de morenistas a Cuba, pero nadie quiere dar la cara por temor a perder su visa para Disneylandia.
Pero la jugada de Landau fue de tres bandas, porque reveló el miedo que hay en apoyar a Cuba y cachó a botepronto la defensa que hizo la presidenta Sheinbaum de Raúl Castro Ruz, por la acusación penal del Departamento de Justicia en contra del hombre fuerte de Cuba, pese a sus casi 95 años.
En este contexto, la intervención de Landau al cubanizar a morenistas simpatizantes del castrismo y la referencia al “qué caso tiene” de la presidenta Sheinbaum, solo metió a México en la agenda pantanosa de EU con Cuba, pero sin ninguna posibilidad de que Morena o Palacio Nacional pudieran convencer al general de Ejército, Castro Ruz, a aflojar los nudos de la dictadura brutal cubana.
No puede discutirse el hecho de que Morena y el bloque López Obrador-Sheinbaum apoyen a la Cuba represiva de los Castro, pero sí se tienen que fijar criterios de que no son actitudes solamente personales, sino de políticas de Estado que requieren consenso o acuerdos internos, porque no están hablando en nombre de todos los mexicanos, sino solo de la élite gobernante.
La Cuba de Castro está cavando su propia tumba política si no decodifica la realidad, y entiende que puede ganar espacios de sobrevivencia con el aflojamiento de la dictadura. Pero el régimen cubano se ha creído a pie juntillas su apotegma que será epitafio: patria o muerte.
Política Para Dummies: la política es una piedra atada al cuello de la intolerancia.
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