Morena: Reelección sí… Pero Nepotismo no (al Menos en el Discurso)
Ernesto L. Quinteros
En política nada es casualidad. Y si algo quedó claro desde el pasado 27 de enero es que en Morena ya tomaron una decisión que viene cargada de cálculo electoral: habrá reelección para Presidentes Municipales, legisladores federales y locales rumbo al 2027.
La dirigencia nacional, encabezada por Luisa María Alcalde, lo confirmó sin rodeos durante el encuentro de la llamada “Escuela Municipalista” en Oaxtepec. El mensaje fue directo: quien quiera reelegirse podrá hacerlo… pero tendrá que pasar la prueba de fuego de las encuestas.
¿La razón? Muy sencilla. Morena sabe que no puede improvisar cuadros políticos. Necesita estructuras territoriales aceitaditas, operadores con colmillo y Alcaldes que ya conozcan el terreno. En pocas palabras: perfiles que generen votos y no experimentos que pongan en riesgo los números. Porque si algo cuidan en el partido guinda son los números.
Eso sí, la dirigente fue clara en algo que hoy enciende el debate: reelección sí, pero nepotismo no. Aunque la Constitución todavía permita ciertos movimientos familiares, Morena dice que no avalará candidaturas donde se quiera heredar el cargo a hermanos, esposas, hijos o primos incómodos.
Y ahí es donde empieza el jaloneo. Porque en varios Estados la “parentela” ya se estaba saboreando la candidatura. El caso más sonado es el de David Monreal en Zacatecas, donde los rumores familiares han dado mucho de qué hablar. Y como ese, hay varios ejemplos, y que son verdaderos escándalos en medios de comunicación nacionales.
Morena también tiene claro otro detalle que antes no reconocía tan abiertamente: la marca ya no lo puede todo. Según los propios sondeos internos, el simple logotipo guinda ya no alcanza para tapar malos gobiernos estatales y municipales. Si un Alcalde lo hizo mal, ni el color ni la camiseta lo van a salvar. Y eso lo saben en Palacio Nacional y en cada Comité Estatal.
Por eso la reelección funciona como una especie de filtro. El que esté bien evaluado, adelante. Y al que no le alcancen los números tendrá que hacerse a un lado. Por lo menos, así está entendido por el momento, ya ve estimado lector que en política no hay nada escrito.
La jugada también responde a la lógica de no desatar guerras internas. Si prohíben la reelección, se abre la pelea entre grupos por la candidatura. Y cuando hay pleito interno, se desgastan, se fracturan y hasta pueden perder plazas importantes. En cambio, permitir que quien ya gobierna vuelva a competir ordena el tablero y reduce las grillas.
En Estados donde Morena mantiene buen arrastre electoral, la decisión fortalece a sus figuras actuales. Pero en otros lugares, donde los escándalos por corrupción y malos manejos han pegado fuerte, la moneda sigue en el aire. La ciudadanía ya no es tan paciente como antes y el voto de castigo puede aparecer cuando menos lo esperen.
Así que el mensaje está dado: Morena apuesta por consolidar lo que ya tiene, blindar sus estructuras y llegar sólido a las intermedias de 2027. Reelección sí, pero sin herencias familiares descaradas.
¿Se cumplirá al pie de la letra? Eso está por verse. Porque en la política mexicana una cosa es el discurso y otra la operación real.
Por lo pronto, la gallera ya está alborotada. Y apenas empieza el juego.
En diferentes entidades del país, los pleitos internos ya están más que desatados, y en este momento el partido en el poder no se puede dar el lujo de perder posiciones, en particular en el Congreso de la Unión.
Por lo pronto todos los pretensos a aspirar a ser candidatos ya andan caminando, visitando colonias y comunidades.
Por hoy ahí la dejamos, nos leemos mañana.
¡Ánimo!
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