*Caravana Descansa en Pijijiapan Para Avanzar a Tonalá.
Tapachula, Chiapas 31 de Marzo del 2026.– A sus 67 años, Raúl Morales, migrante cubano, enfrenta una realidad marcada por el desamparo tras ser deportado desde Kansas City, donde vivió durante 46 años. Hoy, en la frontera sur de México, su historia refleja la crisis humanitaria que atraviesan cientos de personas en condición similar.
Morales relata que, tras su llegada a territorio mexicano, fue retenido brevemente y posteriormente liberado con un permiso temporal de 10 días, sin recursos económicos, sin orientación institucional y sin acceso a apoyo básico. “Nos dejaron en la calle, sin dinero, sin comida, sin nada”, expresó, evidenciando la falta de mecanismos de atención inmediata para migrantes deportados.
En el ámbito económico, la situación es aún más crítica. Morales denuncia que, previo a su deportación, le fue suspendido el acceso a su retiro laboral, recurso que asegura haber ganado durante décadas de trabajo en Estados Unidos. La pérdida de estos ingresos no solo vulnera su estabilidad, sino que lo deja sin posibilidades de sostenerse dignamente, agravando su condición en un entorno donde el empleo formal para migrantes es limitado.
El testimonio también expone tensiones en la política migratoria internacional, señalando deportaciones que, según su percepción, afectan incluso a personas con años de residencia y arraigo laboral. Mientras tanto, en México, la falta de programas integrales de atención incrementa el riesgo de que migrantes recurran a actividades informales o enfrenten escenarios de exclusión.
A más de un mes de su deportación, Raúl Morales permanece en incertidumbre, sin planes claros y con la esperanza de una solución que le permita recuperar estabilidad. Su historia pone rostro humano a una problemática estructural que exige respuestas coordinadas, con enfoque humanitario y sostenibilidad económica para quienes quedan atrapados entre fronteras. EL ORBE/ JC.





