¿Quién Gobierna Cacahoatán?; Crece Conflicto en Ejido
Ernesto L. Quinteros
En política, la omisión también tiene consecuencias. No siempre hace falta provocar un conflicto para cargar con la responsabilidad; muchas veces basta con mirar hacia otro lado mientras los problemas crecen. Y eso es precisamente lo que hoy parece estar ocurriendo en Cacahoatán.
El vacío de autoridad que enfrenta el ejido Salvador Urbina es un asunto que, jurídicamente, corresponde atender a la Procuraduría Agraria. Nadie discute esa competencia. Sin embargo, reducir el problema únicamente a un trámite administrativo sería ignorar la responsabilidad política y social que recae sobre el presidente municipal, Víctor Pérez Saldaña, como primera autoridad del municipio.
Cuando un conflicto amenaza con alterar la estabilidad de una comunidad, el Alcalde no puede limitarse a observar desde la barrera. Su obligación es gestionar, mediar, tocar puertas y convertirse en el principal enlace entre los ciudadanos y las instancias responsables. Gobernar también significa prevenir.
Hoy, los ejidatarios denuncian incertidumbre por la falta de una representación legalmente constituida y por el presunto uso de sellos y documentación por parte de integrantes de una mesa directiva que ya habría renunciado. Son señalamientos que deben ser aclarados por las autoridades competentes, pero mientras eso ocurre, la ausencia de una gestión política firme deja crecer la desconfianza.
Sin caer en alarmismos, es necesario advertir que cuando los conflictos agrarios no se atienden a tiempo suelen escalar. Lo que hoy parece un diferendo interno mañana puede convertirse en un problema de gobernabilidad, afectar la paz social e incluso derivar en procesos legales prolongados que terminan perjudicando a toda la población.
Ahí es donde se espera el liderazgo de un Presidente Municipal. No para sustituir a la Procuraduría Agraria ni para invadir competencias federales, sino para impulsar soluciones, gestionar reuniones, exigir respuestas y acompañar a los ciudadanos. Permanecer pasivo también es una forma de gobernar… y, muchas veces, la peor.
Mientras tanto, la percepción ciudadana apunta a que el Alcalde parece concentrar buena parte de sus esfuerzos en el escenario político rumbo al futuro, promoviendo a integrantes de su círculo familiar como posibles relevos en el poder municipal. Esa lectura, compartida por diversos sectores, contrasta con una realidad que exige atención inmediata.
Porque los problemas cotidianos no esperan los tiempos electorales. La falta de agua potable continúa afectando colonias y comunidades; la recolección de basura sigue siendo deficiente; la inseguridad preocupa a las familias; el deterioro de calles y caminos es evidente; el alumbrado público presenta carencias en distintos puntos del municipio y muchas otras necesidades permanecen sin respuesta.
La política no debería consistir en preparar sucesiones, sino en resolver problemas. Los ciudadanos eligieron a un gobierno para atender las demandas del presente, no para construir proyectos familiares con miras al próximo proceso electoral.
Cacahoatán necesita un liderazgo que asuma responsabilidades, aunque la solución definitiva dependa de otras instancias. Porque cuando un Alcalde deja de gestionar, pierde la capacidad de representar a su pueblo.
Y cuando la autoridad municipal se vuelve espectadora, quienes terminan pagando el costo son los ciudadanos. La gobernabilidad no se defiende con discursos ni con estrategias políticas; se construye atendiendo los conflictos antes de que se conviertan en crisis.
Por hoy ahí la dejamos.
Nos leemos mañana.
¡Ánimo!
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