Audiencias, Iniciativa de Control
de la Crítica Rumbo a Otro Fracaso
Carlos Ramírez
La iniciativa de lineamientos de defensa de las audiencias, de la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones, está destinada al fracaso, inclusive si pasara por todas las estructuras legislativas que están controladas por la mayoría de Morena.
El problema radica en que se trata de un mecanismo propio de las dictaduras, pero tratando de imponerlo es un régimen que mal que bien se mueve en la dispersión de una democracia incontrolable.
La iniciativa forma parte de la restauración del viejo sistema/régimen/Estado/Constitución/aparato de poder que funcionaba en los espacios autoritarios y coercitivos del viejo PRI.
La prensa nunca ha sido libre en México, aunque ha abierto espacios democratizadores con el ejercicio de la crítica a las tres instituciones clave del régimen priista vigente y reconstruido: el Presidente de la República, el aparato autoritario del Gobierno y la estructura electoral legitimadora de un modelo autoritario.
La libertad de crítica/pensamiento/opinión/prensa fue la más importante herencia del liberalismo juarista. En el régimen revolucionario, la prensa formó parte de los llamados sectores invisibles presidencialistas, pero no por una gracia de los titulares del Ejecutivo, sino porque le significaban instancias de legitimación seudodemocrática.
La lógica periodística libertad/represión minó las bases de las principales figuras del presidencialismo absolutista.
La libertad de prensa se conquistó en el 68 con la desarticulación autoritaria de los instrumentos de cohesión del poder presidencial.
De Díaz Ordaz a López Portillo, la prensa abrió más puertas de las que se cerraron; de Salinas a Peña Nieto, la astucia presidencial encontró una forma de convivencia en la cooptación/distensión; y la 4T busca reconstruir los mecanismos de control de la opinión pública, pero en un ambiente mediático, social y digital tan disperso, desordenado e irreverente que imposibilita intentar siquiera el control.
La campaña desde Palacio Nacional contra espacios periodísticos críticos -con o sin prestigio- no ha podido acallar el debate y el asunto entró a la zona donde el gobierno no hubiera querido: el debate entre democracia o censura.
El error estratégico de la 4T es el mismo de los regímenes presidencialistas autoritarios en sociedades –quiérase que no– abiertas hasta la dispersión. Y el fracaso del proyecto comunicacional lopezobradorista está a la vista: los comunicadores críticos al populismo siguen latentes, en tanto que esos espacios no pudieron ser ocupados por comunicadores adictos al oficialismo.
Y tan fracasó que ahora se da otro paso hacia adelante tratando de echarle a los críticos el fardo de “las audiencias” que necesitan nanas gubernamentales.
Si se pensara con malicia, pudiera tenerse una percepción no lineal de la situación que guarda el periodismo crítico en México: a pesar de estar desacreditados, los periodistas que fueron maldecidos en las mañaneras tienen más credibilidad que los pocos oficialistas que prácticamente nadie sigue. Por eso el viejo régimen priista prefirió encontrar entendimientos con la crítica que reprimirlos o hasta asesinarlos.
Son miles y miles los sitios de internet que sirven para una batalla mediática contra el poder establecido, miles y miles más los comentaristas que están llegando a rebasar los extremos del sentido común en las críticas al régimen, y millones los mensajes en las conversaciones digitales que nunca podrán controlarse. Y hay que esperar el efecto lógico de toda medida autoritaria: por cada espacio que se reprima o se cierre, se abrirán centenas o hasta miles de espacios adicionales que nunca podrán controlarse.
La 4T en el poder enfrenta las limitaciones de un régimen no dictatorial y con autoritarismo acotado: a lo largo de siete años y medio, el proyecto lopezobradorista cerró las fuentes de la publicidad oficial, pero hasta ahora la mayoría de los espacios periodísticos tiene secciones críticas que son las más leídas y buscadas, aunque no siempre creídas, pero en el periodismo se llega al punto en que importantes segmentos de la sociedad no oficial -casi la mitad electoral de la República- reconocen la existencia de la crítica.
La oposición en el poder -el PAN, el PRD y Morena- perdieron la oportunidad de construir un sistema/régimen en el que el mejor antibiótico contra la crítica sea la permisividad crítica y las decisiones autoritarias, que cierran espacios de opinión crítica a la sociedad se convierten en fermentos democratizadores.
En una sociedad tan plural y dispersa como la mexicana, cualquier intento de cierre democratizador se convierte, paradójicamente, en factor democratizador.
Política Para Dummies: La política debe resolver conflictos, no para crear más problemas.
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