ALFIL NEGRO

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ALFIL NEGRO
ALFIL NEGRO

Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Mateo 22:39)

Los Niños Invisibles
Oscar D. Ballinas Lezama

“Son niños que no tenían sueños, aquí les enseñamos a tenerlos porque son personas especiales que salen de su oscuridad y abandono, aprenden a no darse por vencidos, a ser personas con dignidad y tener sus propias ilusiones”, dijo la australiana Pamela Skuse, quien desde hace 15 años llegó a Tapachula para ayudar a los niños invisibles, y se quedó para siempre.
Mujer de seis décadas, facciones finas y hermosas como sus ojos y su alma; la dama del continente oceánico llegó a esta frontera del sur de México acompañada de su esposo Alan Skuse, luego de que su hija Brooke había viajado como misionera a esta región y les contó del infierno que sufrían los niños migrantes, quienes quedaban huérfanos cuando sus padres morían en la búsqueda del sueño americano.
Eran los tiempos de la guerrilla salvaje, de la violencia sin fin en Centroamérica, lo que obligó a miles de familias a escapar de las balas y el hambre en esos países; migraron hacia el norte y México estaba en la ruta, lo usaron como trampolín viajando en el lomo de la ‘Bestia’ (ferrocarril) para brincar ‘el charco’ del río Bravo.
Los Skuse abandonaron Australia, donde dejaron sus raíces familiares, sus posesiones materiales y el recuerdo de su historia, en la tierra del ‘Espíritu Santo’, al sur de Nueva Guinea; cambiaron toda una vida de comodidad por su necesidad de servir al prójimo, al más necesitado, al más vulnerable que encontraban entre aquellos que vivían el drama de El Salvador, Honduras y Guatemala, que eran las naciones más afectadas por la violencia y la pobreza extrema.
Así nació el proyecto ‘Misión México’, que al principio se estableció en una pequeña casa hogar por el rumbo de la colonia Villa de las Flores al suroriente de Tapachula; al pasar el tiempo, la cantidad de niños huérfanos o de la calle era mucho mayor, por lo que con sus propios recursos y alguna ayuda de organismos extranjeros, los Skuse lograron adquirir una propiedad sobre la 15 Avenida Norte, entre 1ª y 3ª Oriente, cuya extensión les permitía poder brindar ayuda a los menores necesitados de comida, vestido, educación, amor y muchos, hasta de un nombre que los volviera visibles ante la sociedad.
Un joven chiapaneco, Francisco Chávez Molina, se casó con la joven Brooke Skuse y pasó a ocupar hasta la fecha, el cargo de director del albergue ‘Misión México’; en exclusiva para EL ORBE narró parte de la historia de ese lugar, convertido en una isla salvadora de parias a los que ninguna autoridad de los tres niveles de Gobierno ha querido ver, mucho menos hacerse cargo de esa responsabilidad legal; la que debería ser apuntalada por los valores morales y cimentada por uno de los grandes mandamientos bíblicos, ’amarás a tú prójimo como a ti mismo’.
“Mis suegros por su buen corazón empezaron a levantar niños de la calle, le abrieron las puertas a los que no tenían familia, tampoco un techo para dormir, ni un pan para saciar su hambre y hubo muchos, que ni siquiera un nombre tenían; desde esos tiempos hacíamos y los seguimos haciendo, el trabajo que a través de las instituciones correspondientes, deberían hacer las autoridades federales, estatales y municipales”, afirmó Chávez Molina.
”Es terrible ver cómo esas autoridades tratan a los niños desamparados, los ven como animales, objetos o mercancía; se los digo honestamente y puedo comprobárselos a la hora que quieran; aquí tenemos expedientes en los que se establecía que los traían por 15 días y que regresarían por ellos en ese tiempo; jamás lo hacían, los trataban como si fueran perros de la calle y al final se lavaban las manos, argumentando no tener presupuesto para mantenerlos y cuidarlos”, abundó el actual director del albergue ‘Misión México’ en Tapachula.
“Desafortunadamente en nuestro municipio, Estado y país no se reconoce el esfuerzo que estamos haciendo, poniendo nuestro grano de arena para rescatar a estos seres humanos carentes de todo, sin embargo, muchos organismos internacionales lo saben y gracias a Dios hemos tocado sus corazones y nos ayudan a ayudar; sin embargo, les repito, de nuestro gobierno no recibimos un solo centavo, ni un grano de arroz; se escudan diciendo que no tienen dinero para ayudar a niños extranjeros y la verdad sea dicha, creo que tampoco ayudan a nuestros connacionales”, afirmó el administrador de este albergue.
Luego añadió que gracias al apoyo internacional han logrado en los pasados 15 años, sacar adelante a más de 500 niños y jóvenes a los que se les ha dado educación, desde la básica, pasando la media hasta la universidad, logrando que se hagan profesionistas independientes y al final muchos están trabajando en el extranjero, lo que se les facilita porque desde pequeños reciben el aprendizaje del idioma inglés.
“Estamos convencidos de que un ser humano sin educación carece de las herramientas necesarias para sobresalir en el mundo exterior, por eso les ayudamos a tener las mismas oportunidades que el resto de la sociedad; aclarando que debido al mal sistema educativo que tenemos en el país, donde los maestros casi siempre están en paros y abandonando sus salones de clases, hemos tenido que acudir a las escuelas privadas donde mediante becas completas se logra que los niños que llegaron como invisibles al albergue, tengan un excelente educación para convertirse en mujeres y hombres de bien”.
Explicó que cuando los menores eran llevados por el DIF, llevaban sus actas de nacimiento que en su mayoría eran sacadas en los municipios pequeños como Tuxtla Chico, Cacahoatán o Metapa, sin embargo, no podían borrarles la característica de que eran extranjeros.
Argumentó que eso es lo que menos importa en un lugar como ‘Misión México’, cuyo objetivo es ayudar al prójimo sin ver su color, su raza, su idioma, su vestimenta; simplemente tiene que ser un ser humano desamparado, para abrirle las puertas y entre al corazón de cada uno de los que hacen su labor altruista en ese lugar, la mayoría extranjeros y pocos nacionales, entre ellos la psicóloga Marysol Pérez Aquino, considerada otra ‘tejedora de sueños’.