El Humor en Tiempos del Coronavirus

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Anne Marie Mergier

Lejos de ser fútil o frívolo, el humor es un formidable mecanismo de defensa, resistencia y creatividad; es una actitud filosófica que permite enfrentar nuestra época del Coronavirus tan fuera de las normas. Recurrir al humor sin moderación, dejarle las riendas sueltas, es un acto de sobrevivencia salvador.
Es lo que se desprende de la conversación telefónica que la corresponsal sostuvo con Marie-France Patti, psicoanalista, catedrática de la Escuela Propedéutica para el Conocimiento del Inconsciente, centro de enseñanza de psicoanálisis freudiano con sede en París, y autora de L’humour, un défi aux certitudes (El humor, un reto a las certidumbres), libro publicado en 2017 y considerado hoy texto de referencia sobre el tema.
“Lo que experimentamos actualmente es una situación extrema que genera una angustia máxima. Vivimos confinados en nuestras casas, aislados los unos de los otros, bajo la amenaza permanente de un enemigo invisible. La muerte está ahí, se perfila, merodea, está al acecho…”
–Salir a la calle es arriesgarse y arriesgar a los demás…
-¿Se da cuenta a lo que hemos llegado? Pero no es solamente esa emboscada de la muerte la que genera angustia. Nos desestabiliza también por completo el hecho de no saber…
–¿Es decir?
-No sabemos casi nada sobre ese virus. Aún se está especulando sobre su origen. ¿Lo venceremos? ¿Volverá? ¿Sufrirá mutaciones? ¿Surgirá otro? No sabemos cuándo acabará el confinamiento ni cómo se llevará a cabo el proceso de desconfinamiento. No sabemos cuándo volveremos a cierta normalidad ni de qué normalidad se tratará. Los dirigentes políticos y los científicos tampoco saben. Eso marea. Estamos desarmados. Enfrentamos una situación totalmente desconocida. Tenemos la impresión de haber perdido el control y eso genera cada vez más angustia.
Breve Silencio.
“Prender radio y televisión, leer la prensa impresa o digital nos expone a un flujo continuo de informaciones trágicas que agudiza aún más esa ansiedad. Nos sofocamos agobiados por la letanía diaria del número de muertos, contaminados, hospitales saturados, mascarillas y guantes de protección faltantes… Frente a semejante tsunami de noticias catastróficas, difícilmente soportable, el humor es una bocanada de aire fresco, un escape capital, un salvavidas.”
–Usted parece culpar a los medios de comunicación. Pero no son ellos los que generan angustia. Es la realidad que usted misma califica de extrema, ¿no cree?
-Muchos medios tienden a concentrarse esencialmente en los aspectos trágicos de la pandemia sin brindarnos el mínimo respiro. ¿Por qué no nos comunican diariamente el número de enfermos que salieron del hospital curados? Los hay y son numerosos. ¿Por qué no arrojan más luz sobre acontecimientos alentadores, manifestaciones de solidaridad, iniciativas positivas, reflexiones que nos podrían serenar un poco o abrir horizontes? Todo eso también es parte de la realidad.
–¿Es decir?
-El humor juega con la realidad, la tritura, la manipula, la lleva al extremo de lo absurdo y así aleja el sufrimiento. A diferencia de la neurosis, el humor no niega la realidad, sino que toma distancia de ella, se burla de ella. Las bromas, los juegos de palabras, los albures, los videos, los memes, las parodias que pululan sobre el coronavirus ayudan a domar la realidad, nos sacan de la pasividad y nos hacen sentir activos.
–Hay bastante humor negro.
-Es lógico. Lo impone la omnipresencia de la muerte. Tener la muerte en el hombro evidencia nuestros límites y puede llegar a quitarle sentido a la vida. El humor negro es cínico, extremista, a veces violento. Repele a mucha gente. Pero no deja de ser válido.
–¿Descubrió huellas de humor negro durante las grandes pestes de la Edad Media?
-No. Ninguna. En cambio sí encontré textos humorísticos muy subversivos contra la Inquisición. El humor fue perseguido y duramente castigado en Europa hasta el siglo X. La Iglesia consideraba la risa perniciosa, la asimilaba al placer, la carne, la lujuria, la veía como una manifestación de Satanás, por lo cual monjes y religiosas tenían estrictamente prohibido reírse en los conventos. Fue solamente a partir del siglo XII que la alegría colectiva y el humor popular volvieron a ocupar su lugar en la sociedad.
–Quisiera volver al siglo del coronavirus. Entre los chistes y los videos humorísticos más virales destacan los relacionados con una eventual escasez de papel higiénico. Lo impresionante es que estas bromas existen en casi todos los idiomas. ¿Qué me puede decir una psicoanalista sobre semejante ansia planetaria?
-Fíjese que eso me deja estupefacta también. Llevo días tratando de dilucidar ese enigma y aún no lo logro. Discúlpeme.
La voz de Marie-France Patti suena realmente apenada. Apro