Tonatico: el Retorno de Migrantes Tras Casi Dos Años de Pandemia

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Ma. Teresa Montaño

Después de casi dos años de ausencia forzada debido al Covid y pese al Semáforo Amarillo,  la vida volvió a este «pueblo mágico» con el retorno de docenas de migrantes que llegaron procedentes de Estados Unidos para asistir a las fiestas patronales y reencontrarse con sus familias; una larga ausencia que para muchos se volvió en un «para siempre», pues sucumbieron a la pandemia soñando con un regreso que ya no será, al menos ya no con vida.
No hay cifras oficiales aún, pero Edgar Velásquez, el secretario de la parroquia, sabe bien esas historias de quienes volvieron o en cenizas o «empaquetados» directo del avión a los sepulcros, ni siquiera pudieron impartirles su misa de despedida, como dice, se acostumbra aquí.
Aseguró que el año pasado a la iglesia llegaron solo las noticias de los paisanos fallecidos en la Unión Americana por Coronavirus, pero a quienes no podían oficiar una ceremonia o misa, tras repatriar sus restos vía aérea porque «se prohibió» ante el riesgo de propagar los contagios en el pueblo.
«Sí, sí ha habido personas que han fallecido allá en Estados Unidos, los traen… pero cuando las personas han sido por covid no, porque no se les vela ni se les hace misa, aquí se acostumbra hacer misa a los difuntos, pero si es por covid no, van derecho del hospital a lo mejor pasan a la casa, uno piensa a despedirse, y al panteón», indica Edgar mientras la gente hace fila por cuadras completas, alrededor de la parroquia, en espera de pasar frente al altar principal, subir la pequeña escalinata que está atrás de dónde el párroco oficia y mirar a la virgen de cerquita, de frente, para musitar una oración personal, igual y escucha.
Para eso volvió Ángel Medina Arizmendi, de 62 años y residente de California, quien llegó a finales de diciembre para estar un mes entero y asistir a las fiestas patronales para las cuales coopera junto con otras docenas de migrantes para el Mariachi, la comida y a lo mejor el castillo de cuetes, pero eso aún no se sabe.
Por casi dos años no pudo venir. La pandemia paralizó el pueblo por completo. Todo se cerró y se implantó casi un estado de excepción. Los comercios abrían a las diez y cerraban a las tres, recuerda doña Adela Arenas en su zapatería del centro y con seis hermanos viviendo en Texas, California y Chicago.
Todo estuvo muerto, asegura su amiga doña Amada Ayala, los migrantes allá también estuvieron pasándola mal, recuerdan.
Pese a ello la mayoría no dejó de enviar sus remesas y solo con eso salieron a flote, pero no pudieron venir ni ellos ir. Por meses completos los contagios aquí, y también las muertes, fueron el centro de la vida comunitaria.
Los que se Fueron.
De acuerdo con cifras del Instituto de Salud del Estado de México (ISEM), Tonatico cerró el 2020 con 60 contagios de Covid-19 y cuatro decesos, pero para el 31 de Diciembre del 2021, ya sumaban 71 casos positivos y 13 muertos, una auténtica tragedia para este municipio de migrantes y campesinos de solo 12 mil 900 habitantes.
Don Antonio Colín, propietario de la más famosa tienda de abarrotes del centro -famosa porque acá se juntan los migrantes a pasar lista con Don Toño, tomar cerveza, reencontrarse y platicar sus últimas andanzas-, recuerda que en 2021 y más en 2020 vivieron meses completos de tragedias y parálisis.
«Solo escuchábamos que ya se murió el hermano de no sé quién, que ya se enfermó mi tío, mi cuñado, mi hermana… Y luego las noticias de los difuntos», hasta que comenzó la vacuna al menos, eso se detuvo, dice.
Imagínese, recuerda, hasta el doctor más eminente que teníamos en Tonatico, Dagoberto López, el más famoso y al que todo mundo buscábamos, se lo llevó el Covid, señala Don Toño al recordar que aparte la enfermedad se llevó a un tío, un sobrino y a su compadre que vendía palanquetas en la plaza principal.
Renacer.
Pero hoy Tonatico parece un pueblo diferente.
A un par de días de la fiesta principal a la Virgen de Tonatico, cuyo culto data del siglo XVII, la «suspensión oficial» de la feria por parte del nuevo Ayuntamiento, no ha detenido en la realidad ni la movilidad ni las celebraciones.
Las plazas están desbordadas, los bañistas han vuelto a los balnearios, los estacionamientos están atascados y las fondas rebozan de comensales.
Mientras en la parroquia avanzan los tumultos de feligreses que bajaron de las comunidades para vera a la virgen, en el jardín central y en los portales aquello está abarrotado por completo. La sana distancia se ha olvidado.
En el jardín central se amontonan los jugadores de «Lotería» en cuatro puestos totalmente llenos, mientras los jugadores con semillas en las manos sudorosas y con apuestas y todo, escuchan con nervios: «la muerte, el corazón, el melón, el sol, el valiente… ¡lotería!», alguien  grita por allá. Apro