lunes, agosto 15, 2022
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ALFIL NEGRO

No tiene la culpa el indio, sino quien lo hace compadre. (Refrán Popular)

Sin Contrapesos
Oscar D. Ballinas Lezama

En el año de las cabañuelas, enloquecidas por el calentamiento global, en el día 23 del sexto mes en el tiempo del Coronavirus; el país azteca sigue abrumado por las fuerzas oscuras del crimen organizado y un Gobierno que no da ‘pie con bola’, la gente ya no quiere queso, sino salir de la ratonera.
La mayoría de los mexicanos siguen pidiendo a gritos ser escuchados y atendidos en sus necesidades más prioritarias: la inseguridad, falta de fuentes de trabajo, el aumento en los precios de productos y servicios que los está llevando al desfiladero en pleno siglo XXI.
Nadie cuestiona el hecho de que en sexenios pasados los gobernantes se sirvieron ‘con la cuchara grande’, llevando agua a su molino y bajo una dictadura perfecta partieron a la sociedad mexicana; la pusieron contra la pared hasta conducirla a un hartazgo que se manifestó en las elecciones del 2018.
Los analistas políticos coinciden en que no fue la sapiencia del ‘hombre de Macuspana’, que llevó al pueblo bueno y sabio a cambiar el rumbo de su voluntad en las urnas, sino que fue el hartazgo, la frustración y la furia en contra de los que representaron a partidos políticos que durante décadas los engañaron, explotaron y abusaron del poder en contra de las clases sociales más vulnerables.
Para millones de mexicanos Andrés Manuel López Obrador representaba una forma de vengarse de todo aquello que apestaba a corrupción y abusos de los priistas, panistas, perredistas y demás partidos políticos, quienes se enriquecieron mientras empobrecían a las mayorías de sus conciudadanos.
Mucha gente creyó en aquel año de lobos vestidos de ovejas que el tabasqueño realmente era su única esperanza para buscar un cambio favorable, sin embargo, a dos años de Gobierno, López Obrador sólo han demostrado ser más de lo mismo, según gran parte de los mexicanos que lo han manifestado abiertamente en las redes sociales y en otros medios de comunicación.
Cuando la gente escuchó al actual Presidente de México prometer que lucharía por una cuarta transformación, todos pensaron que sería para bien y entendieron que no sería una tarea fácil, aún con las reservas de ver que el nuevo Ejecutivo Federal se rodeó de muchos hombres y mujeres que él criticó de neoliberales, corruptos y buenos para nada, entre ellos Manuel Bartlett, como botón de muestra.
México sufre una serie de pandemias sanitarias (Covid, Sida, Cáncer, entre otras) de una inseguridad terrible, crisis económica y de malas decisiones de gobernantes y funcionarios, que en vez de ponerse a trabajar como Dios manda se han dedicado a hacer grilla política para el 2023 y 2024.
Nadie respeta el fondo y las formas legales para hacer política; impulsados por el mal ejemplo del ‘Gran Tlatoani’, que desde el púlpito de las mañaneras bautizó a sus precandidatos como ‘corcholatas’ y se autonombró el ‘gran destapador’.
Por otro lado, los partidos opositores se convirtieron en cascarones de huevos podridos, la mayoría de sus militantes decidieron traicionar sus ideales y colores para brincar al partido gobernante y mutar como morenistas, donde los aceptaron pensando que es mejor tenerlos cerca como enemigos carentes de lealtad, dignidad y honestidad para defender la camiseta que se pusieron años atrás.
Ante este panorama desolador para los mexicanos que se han quedado sin contrapesos políticos, están a merced de los que están tocan el pandero; nadie duda que será el candidato de morena quien releve al actual dueño de la silla del águila.
Quizás el menos malo de esas ‘corcholatas’ -como despectivamente los nombra el Presidente- sea Marcelo Ebrard; sin embargo, nadie duda que al político tabasqueño le encantaría que Claudia Sheinbaum se quedara con la joya de la corona, eso le podría permitir seguir gobernando detrás del trono.
El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva DE SU AUTOR y no del periódico que la publica.

 

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No tiene la culpa el indio, sino quien lo hace compadre. (Refrán Popular)

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En el año de las cabañuelas, enloquecidas por el calentamiento global, en el día 23 del sexto mes en el tiempo del Coronavirus; el país azteca sigue abrumado por las fuerzas oscuras del crimen organizado y un Gobierno que no da ‘pie con bola’, la gente ya no quiere queso, sino salir de la ratonera.
La mayoría de los mexicanos siguen pidiendo a gritos ser escuchados y atendidos en sus necesidades más prioritarias: la inseguridad, falta de fuentes de trabajo, el aumento en los precios de productos y servicios que los está llevando al desfiladero en pleno siglo XXI.
Nadie cuestiona el hecho de que en sexenios pasados los gobernantes se sirvieron ‘con la cuchara grande’, llevando agua a su molino y bajo una dictadura perfecta partieron a la sociedad mexicana; la pusieron contra la pared hasta conducirla a un hartazgo que se manifestó en las elecciones del 2018.
Los analistas políticos coinciden en que no fue la sapiencia del ‘hombre de Macuspana’, que llevó al pueblo bueno y sabio a cambiar el rumbo de su voluntad en las urnas, sino que fue el hartazgo, la frustración y la furia en contra de los que representaron a partidos políticos que durante décadas los engañaron, explotaron y abusaron del poder en contra de las clases sociales más vulnerables.
Para millones de mexicanos Andrés Manuel López Obrador representaba una forma de vengarse de todo aquello que apestaba a corrupción y abusos de los priistas, panistas, perredistas y demás partidos políticos, quienes se enriquecieron mientras empobrecían a las mayorías de sus conciudadanos.
Mucha gente creyó en aquel año de lobos vestidos de ovejas que el tabasqueño realmente era su única esperanza para buscar un cambio favorable, sin embargo, a dos años de Gobierno, López Obrador sólo han demostrado ser más de lo mismo, según gran parte de los mexicanos que lo han manifestado abiertamente en las redes sociales y en otros medios de comunicación.
Cuando la gente escuchó al actual Presidente de México prometer que lucharía por una cuarta transformación, todos pensaron que sería para bien y entendieron que no sería una tarea fácil, aún con las reservas de ver que el nuevo Ejecutivo Federal se rodeó de muchos hombres y mujeres que él criticó de neoliberales, corruptos y buenos para nada, entre ellos Manuel Bartlett, como botón de muestra.
México sufre una serie de pandemias sanitarias (Covid, Sida, Cáncer, entre otras) de una inseguridad terrible, crisis económica y de malas decisiones de gobernantes y funcionarios, que en vez de ponerse a trabajar como Dios manda se han dedicado a hacer grilla política para el 2023 y 2024.
Nadie respeta el fondo y las formas legales para hacer política; impulsados por el mal ejemplo del ‘Gran Tlatoani’, que desde el púlpito de las mañaneras bautizó a sus precandidatos como ‘corcholatas’ y se autonombró el ‘gran destapador’.
Por otro lado, los partidos opositores se convirtieron en cascarones de huevos podridos, la mayoría de sus militantes decidieron traicionar sus ideales y colores para brincar al partido gobernante y mutar como morenistas, donde los aceptaron pensando que es mejor tenerlos cerca como enemigos carentes de lealtad, dignidad y honestidad para defender la camiseta que se pusieron años atrás.
Ante este panorama desolador para los mexicanos que se han quedado sin contrapesos políticos, están a merced de los que están tocan el pandero; nadie duda que será el candidato de morena quien releve al actual dueño de la silla del águila.
Quizás el menos malo de esas ‘corcholatas’ -como despectivamente los nombra el Presidente- sea Marcelo Ebrard; sin embargo, nadie duda que al político tabasqueño le encantaría que Claudia Sheinbaum se quedara con la joya de la corona, eso le podría permitir seguir gobernando detrás del trono.
El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva DE SU AUTOR y no del periódico que la publica.

 

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No tiene la culpa el indio, sino quien lo hace compadre. (Refrán Popular)

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En el año de las cabañuelas, enloquecidas por el calentamiento global, en el día 23 del sexto mes en el tiempo del Coronavirus; el país azteca sigue abrumado por las fuerzas oscuras del crimen organizado y un Gobierno que no da ‘pie con bola’, la gente ya no quiere queso, sino salir de la ratonera.
La mayoría de los mexicanos siguen pidiendo a gritos ser escuchados y atendidos en sus necesidades más prioritarias: la inseguridad, falta de fuentes de trabajo, el aumento en los precios de productos y servicios que los está llevando al desfiladero en pleno siglo XXI.
Nadie cuestiona el hecho de que en sexenios pasados los gobernantes se sirvieron ‘con la cuchara grande’, llevando agua a su molino y bajo una dictadura perfecta partieron a la sociedad mexicana; la pusieron contra la pared hasta conducirla a un hartazgo que se manifestó en las elecciones del 2018.
Los analistas políticos coinciden en que no fue la sapiencia del ‘hombre de Macuspana’, que llevó al pueblo bueno y sabio a cambiar el rumbo de su voluntad en las urnas, sino que fue el hartazgo, la frustración y la furia en contra de los que representaron a partidos políticos que durante décadas los engañaron, explotaron y abusaron del poder en contra de las clases sociales más vulnerables.
Para millones de mexicanos Andrés Manuel López Obrador representaba una forma de vengarse de todo aquello que apestaba a corrupción y abusos de los priistas, panistas, perredistas y demás partidos políticos, quienes se enriquecieron mientras empobrecían a las mayorías de sus conciudadanos.
Mucha gente creyó en aquel año de lobos vestidos de ovejas que el tabasqueño realmente era su única esperanza para buscar un cambio favorable, sin embargo, a dos años de Gobierno, López Obrador sólo han demostrado ser más de lo mismo, según gran parte de los mexicanos que lo han manifestado abiertamente en las redes sociales y en otros medios de comunicación.
Cuando la gente escuchó al actual Presidente de México prometer que lucharía por una cuarta transformación, todos pensaron que sería para bien y entendieron que no sería una tarea fácil, aún con las reservas de ver que el nuevo Ejecutivo Federal se rodeó de muchos hombres y mujeres que él criticó de neoliberales, corruptos y buenos para nada, entre ellos Manuel Bartlett, como botón de muestra.
México sufre una serie de pandemias sanitarias (Covid, Sida, Cáncer, entre otras) de una inseguridad terrible, crisis económica y de malas decisiones de gobernantes y funcionarios, que en vez de ponerse a trabajar como Dios manda se han dedicado a hacer grilla política para el 2023 y 2024.
Nadie respeta el fondo y las formas legales para hacer política; impulsados por el mal ejemplo del ‘Gran Tlatoani’, que desde el púlpito de las mañaneras bautizó a sus precandidatos como ‘corcholatas’ y se autonombró el ‘gran destapador’.
Por otro lado, los partidos opositores se convirtieron en cascarones de huevos podridos, la mayoría de sus militantes decidieron traicionar sus ideales y colores para brincar al partido gobernante y mutar como morenistas, donde los aceptaron pensando que es mejor tenerlos cerca como enemigos carentes de lealtad, dignidad y honestidad para defender la camiseta que se pusieron años atrás.
Ante este panorama desolador para los mexicanos que se han quedado sin contrapesos políticos, están a merced de los que están tocan el pandero; nadie duda que será el candidato de morena quien releve al actual dueño de la silla del águila.
Quizás el menos malo de esas ‘corcholatas’ -como despectivamente los nombra el Presidente- sea Marcelo Ebrard; sin embargo, nadie duda que al político tabasqueño le encantaría que Claudia Sheinbaum se quedara con la joya de la corona, eso le podría permitir seguir gobernando detrás del trono.
El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva DE SU AUTOR y no del periódico que la publica.

 

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