Desinformación y Miedo: Cuando el Ruido Mediático Frena a la Frontera Sur
Ernesto L. Quinteros
Las noticias que circulan en redes sociales sobre la violencia e inseguridad en Guatemala han tenido un impacto que va más allá de la legítima preocupación ciudadana.
En la frontera sur de México, particularmente en Chiapas, el efecto más visible no ha sido un aumento real del riesgo, sino una parálisis provocada por la desinformación, el miedo y las interpretaciones erróneas de una medida legal que pocos se han tomado el tiempo de entender: el llamado estado de sitio.
En contextos de violencia, la información imprecisa se convierte en un factor de riesgo adicional. No sólo distorsiona la percepción de la realidad, sino que altera la vida cotidiana, frena la actividad económica y rompe dinámicas sociales históricas.
Esto es precisamente lo que hoy ocurre en municipios fronterizos que dependen del comercio, el turismo y el intercambio constante con Guatemala.
El estado de sitio decretado por las autoridades guatemaltecas ha sido presentado, en muchos espacios digitales y discursos políticos locales, como sinónimo de toque de queda, cierre de fronteras o militarización total del país. Nada más lejano a la realidad.
Como lo explica Alfredo Gálvez, director de Vuelo Agencia de Viajes y conocedor de la relación binacional desde hace más de tres décadas, se trata de una herramienta administrativa prevista en la ley, que permite al Ejecutivo reforzar acciones contra estructuras criminales, sin suspender la movilidad ni la vida económica del país.
La población guatemalteca -salvo la suspensión preventiva de clases en algunos momentos- continúa con su vida cotidiana. El comercio opera, el transporte circula y los cruces fronterizos siguen activos. Sin embargo, del lado mexicano, especialmente en Tapachula, el eco de versiones exageradas ha generado temor innecesario, cancelaciones, menor afluencia turística y una desaceleración económica que golpea directamente a pequeños negocios, transportistas, comerciantes y prestadores de servicios.
Paradójicamente, los mayores obstáculos para la dinámica regional no suelen provenir de decisiones internas de Guatemala, sino de trámites administrativos, controles migratorios, procesos aduanales y permisos especiales que ya de por sí ralentizan el intercambio. Cuando a esto se suma la alarma social alimentada por rumores, el daño se multiplica.
La frontera sur no es un espacio aislado: es un territorio de interdependencia. Tapachula y las ciudades guatemaltecas vecinas comparten mercados, familias, cadenas productivas y flujos laborales. Cada noticia falsa, cada declaración sin sustento, tiene consecuencias reales: menos ventas, menos empleos, menos ingresos para miles de hogares que viven del intercambio diario.
Aquí surge una responsabilidad ineludible. Opinar sin informarse también es una forma de irresponsabilidad social. Cuando actores políticos, líderes de opinión o usuarios con alta visibilidad difunden interpretaciones erróneas, no sólo desinforman: contribuyen a dañar la economía regional y a profundizar el clima de incertidumbre.
La violencia debe atenderse con firmeza, sí, pero también con inteligencia y claridad. Combatir al crimen organizado no implica sembrar pánico ni cerrar espacios de convivencia y cooperación. La seguridad y la estabilidad económica no son opuestas; por el contrario, se fortalecen mutuamente cuando hay información veraz y comunicación responsable.
La frontera sur de México enfrenta retos estructurales: migración, pobreza, rezago institucional y presión económica. Sumar la desinformación como un problema adicional es un lujo que la región no puede permitirse. Hoy más que nunca, se requiere mesura, análisis y compromiso con los hechos.
Evitar el ruido mediático no significa minimizar la violencia, sino entenderla en su justa dimensión. Informarse con fuentes oficiales, contrastar datos y escuchar a quienes conocen la dinámica binacional es clave para no caer en el alarmismo que, lejos de proteger, termina paralizando.
Tapachula y Guatemala han construido, durante décadas, una relación de cercanía que sostiene economías y comunidades. Protegerla implica algo básico pero urgente: no dejar que el miedo -alimentado por la desinformación- dicte el rumbo de la frontera sur. En fin. ¿Alguien dijo miedo?
Por hoy ahí la dejamos, nos leemos mañana.
¡Ánimo!
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