Desafíos Democráticos de la
Reforma Electoral… si Quieren
Carlos Ramírez
La reforma electoral, como el punto más importante de tipo político en la agenda presidencial, se presenta como oportunidad para reorganizar de manera democrática el aparato de votaciones de México, o para restaurar el modelo de Comisión Federal Electoral de Manuel Bartlett Díaz en 1988.
En los hechos, todas las reformas electorales que se han realizado en el México revolucionario-posrevolucionario, han respondido a respuestas institucionales de grupos que controlan el régimen para evitar la configuración de un sistema realmente democrático en la elección de cargos populares.
Y allí es donde el comunista-perredista-morenista Pablo Gómez Álvarez se enredó en sus posibilidades. Tuvo la oportunidad de rescatar la vieja bandera de la democracia electoral -quizá la única que se podía tomar en serio- de las corrientes del Partido Comunista Mexicano que fueron el motivo de la reforma política de 1977 -porque la izquierda marxista y proguerrillera no dejaba gobernar al régimen priista-, pero terminó por parecerse más a Bartlett Díaz que al Adolfo Suárez de la transición electoral de España.
La estructura del Gobierno federal actual que tiene en sus manos el ajuste de la propuesta de reforma electoral que entregó de manera formal Gómez Álvarez tendrá que decidir si se asume el desafío de la reconstrucción o construcción ahora sí democrática del sistema/régimen/Estado/Constitución para transitar -de manera seria, profunda y estructural, del modelo corporativo PNR-PRM-PRI-PAN-Morena a un modelo electoral que propicie el funcionamiento democrático, republicano y de leyes de México.
La reforma electoral en proceso de diseño plantea por sí misma la necesidad de reconocer que la reforma de Salinas-Zedillo-Calderón-Peña nunca se planteó la transición de México de un régimen corporativo autoritario a un régimen democrático de leyes e instituciones republicanas.
José Woldenberg y Lorenzo Córdova Vianello son la imagen misma de la demagogia salinista-zedillista-peñista, y de la certeza de que el IFE/INE estancó a México en la estructura corporativa y autoritaria.
El modelo de IFE/INE reprodujo el control autoritario priista del Gobierno en turno sobre la estructura electoral mexicana y la creación de un Consejo Electoral de barones intelectuales -élite heredada de los sistemas monárquicos- fue votada en varias ocasiones por la mayoría priista, prianredista o morenista por los partidos a los que tenía que controlar.
Y prácticamente todos los Consejeros Electorales surgieron del ámbito académico que siempre ha operado en México como rémora intelectual de los intereses corporativos del Estado. Se reitera nuevamente aquí que Woldenberg y Córdova forman parte -antes y ahora- de la academia universitaria del Estado priista, a donde regresaron a recuperar salarios de manera ilegal con sus cargos educativos apartados.
La única reforma electoral que debe aceptarse con criterios democráticos es la que deslinde al sistema/régimen/Estado/Constitución de la organización de las elecciones y que se forme un cuerpo de profesionales sin militancia política, ni partidista, ni intelectual, ni anexas. Pero el problema más grave es que la estructura vigente de gobierno/Estado carece de autonomía, demostrando que el espíritu de Obregón-Elías Calles sigue vivo en el sistema político morenista.
El origen opositor, disidente y sobre todo comunista de Gómez Álvarez pudo haber sido la gran oportunidad para experimentar un sistema electoral realmente democrático, pero las propuestas del exdirigente de la Juventud Comunista aparecen recalcitrantemente priistas y retrógradas, una réplica de la estructura electoral de Bartlett Díaz.
La diezmada oposición -que ya fue gobierno y aprobó reformas electorales no-democráticas- carece de visión histórica para una reforma electoral, toda vez que nació del viejo régimen electoral priista y quedó atrapada en la restauración morenista.
Y el perfil paradójico en modo de ironía histórica de la nueva oposición conservadora que tiene en su seno a los personeros del modelo electoral continuado Salinas-Zedillo-Calderón-Peña -Woldenberg y Córdova- que están enamorados por su propio talento académico y sus propuestas parten de su fracaso como operadores electorales en el IFE/INE y su antipopulismo en modo de ceguera histórica. Y lo peor le puede pasar a la reforma electoral es mantener el modelo salinista de (A)Nexos.
En este sentido, no hay espacio para el optimismo electoral. La reforma que se cocina en Palacio Nacional será del Estado priista-morenista y reproducirá la restauración del bloque dominante que tiene ya bajo control al poder legislativo y al Poder Judicial.
En el umbral de los tiempos de minorías, el debate sobre la estructura electoral se reduce a una mayoría artificial, plurinominales como rémoras del presupuesto legislativo y partidos sin ciudadanía.
Política Para Dummies: La política, al final, es una coartada.
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