Esa mañana de la primavera del 2001, Salma Hayek llegó cargando a «Tyson», un mono araña que durante los últimos días había sido su compañero de set en los Estudios Churubusco. A ella se le veía feliz, apenas con una pequeña franja que unía sus dos cejas. ¿Tyson? Él estaba abrazado a ella, viendo curioso hacia su izquierda donde varias personas los esperaban en la sala Silvestre Revueltas.
Salma y «Tyson» habían ya ensayado durante días sus escenas de «Frida», la biopic de una de las pintoras mexicanas más conocidas del orbe. Mientras la actriz daba vida a la artista, el pequeño mono fungía de su mascota mientras ella hacía sus cuadros en la Casa Azul de Coyoacán. Habían sido siete años de lucha para poder levantar el proyecto. La actriz de «Desperado» y «Teresa» le había ganado la partida a Jennifer Lopez, quien ya había estelarizado «Selena» y a la propia Madonna, estrella de la música, quienes habían alzado la mano para hacer su propia versión sobre la pintora.
“Lo logré y aquí estamos”, dijo en esa ocasión Salma, flanqueada ante la prensa por Geoffrey Rush, el oscareable por «Shakepeare enamorado», quien estaba dando vida al revolucionario Leon Trotsky y por Alfred Molina, el Dr Octopus de Spiderman, responsable de fungir como Diego Rivera, pareja de Frida. La directora Julie Taymor, orgullosa, decía que se trataba de una película que solamente Salma podía hacer.
En noviembre de 2002, casi año y medio después de aquel encuentro con la prensa en los Estudios Churubusco, Salma desfiló por la explanada del Palacio de Bellas Artes para la premier de «Frida». La cinta estrenó comercialmente con 170 copias en toda la República Mexicana. Y al año siguiente fue nominada a seis premios Oscar, entre ellos el de Mejor Actriz. Esta semana el filme entró al Registro Nacional de Cine de la Biblioteca de EU, al que sólo ingresan cintas con importancia cultural, histórica o estética. SUN
Salma Hayek, la Historia Detrás de la Interpretación de Frida Kahlo
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