Marcos T. Águila
El próximo 11 de junio inicia la Copa Mundial del Futbol, organizada por la FIFA (Federación Internacional de Futbol Asociación), a realizarse en Estados Unidos, Canadá y México.
La Copa Mundial se celebra cada 4 años y esta será la Copa número 23. La primera se realizó en Uruguay en 1930, y la ganó el país sede.
El futbol, hay que decirlo, convoca a cientos de millones de aficionados en el mundo, ricos y pobres, pero sobre todo a los más pobres. Se habla de 5 mil millones de personas que gustan de observarlo y que en algún momento de sus vidas lo han practicado. Inevitablemente, el futbol es atravesado por la política y por los negocios, incluidos los de sus organizadores.
Por mucho tiempo, fue un deporte orientado casi exclusivamente hacia los hombres, pero existe un rápido aumento de la práctica también entre mujeres.
La Federación interviene en la organización de cada vez más torneos (por ejemplo, las copas mundiales sub20 y sub17 tanto masculinas como femeninas), aunque la joya de la corona sigue siendo la Copa Mundial masculina.
La demanda masiva por la práctica y la observación de los partidos de futbol por todo el mundo es la base de las posibilidades de negocio que dicha demanda abre. Muy pocas personas pueden pagar, proporcionalmente, los boletos para ver «en vivo» los partidos de sus equipos favoritos (locales, nacionales o internacionales), pero casi todas pueden verlos en la televisión. Y es esta, hoy en día, la fuente principal de ingresos de la FIFA, que ya operó como una de las ventanas para la corrupción, como veremos.
Actualmente la FIFA acoge a un total de 212 delegaciones nacionales, número superior a los 193 países integrantes de la ONU. Se compone de 6 Confederaciones regionales, donde los europeos han sido tradicionalmente los países dominantes (…). La FIFA suma otros 47 países en Asia, 56 en África, 41 en Norteamérica, 10 en Sudamérica, y 14 en Oceanía.
Resumiendo, ¿cuáles son las principales fuentes de la corrupción pasada y acaso también actual?
Primero, la venta de los derechos para la transmisión televisiva. Para el mundial actual, la FIFA espera recibir 4 mil 200 millones de Dólares y los derechos al uso de la marca FIFA.
Segundo, la venta de los derechos de marketing a las grandes compañías que saturan la demanda de bebidas, alojamientos, ropa deportiva, entre otros.
Tercero, la venta de entradas y palcos a los 104 partidos programados. Este número de partidos, «repartido» entre las tres sedes resultó así: Estados Unidos, 77 partidos, en 11 ciudades; México, 13, en tres; y Canadá, también 13, en dos, lo que equivale a casi duplicar partidos y ganancias de este Mundial respecto de los anteriores, de apenas 32 selecciones nacionales y 64 partidos (en Catar). La apuesta es alta y las expectativas económicas, proporcionales a la «Era Trump», también.
La inversión en infraestructura de estadios, por ejemplo, fue casi nula, pues descansa sobre todo en los de los EU, que son eficientes y modernos pues tienen la demanda asegurada por el futbol «americano» (otro espacio para grandes negocios en la gestión del tiempo libre).
La esperanza, inspirada en Dubai, fue invertir en una infraestructura turística que sobreviviera al Mundial, más el flujo de turistas nunca logró justificar el proyecto. No obstante, la FIFA sí concretó sus objetivos. Catar le dio una ganancia de más de dos mil millones de dólares.
Algunos de los jugadores más virtuosos han salido de familias pobres o muy pobres. Como Pelé, el goleador brasileño, salido de una favela, bajo de estatura y negro. Messi, el argentino goleador (…) nació en un barrio trabajador de Rosario. Cristiano Ronaldo, el fantástico jugador portugués, también comparte orígenes humildes,
El hecho de que algunos jugadores excepcionales hayan logrado un éxito económico extraordinario, hace de la exaltación de dicho éxito una suerte de promesa invisible para millones de jugadores con orígenes humildes, pero lo cierto es que entrar en dicho círculo es como encontrar una aguja en un pajar.
Las estimaciones de probabilidades de ganar la Copa, por país, tienen el siguiente orden: Primera, España, con un 16%, Francia, segundo lugar (12.7%), Inglaterra, tercero (11%), Argentina, cuarto (10%) y otros seis países con probabilidades menores al 7%. (Portugal, Brasil, Alemania, Países Bajos, Noruega y Bélgica)… los siguientes 38 equipos participantes tienen probabilidades casi ridículas, como: México, el 1.3%, Canadá el 0.4%, igual que Ghana; Algeria 0.3%, igual que Egipto y SudCorea; o Catar, Panamá y Cabo Verde, con menos del 0.1%, y Jordania, Curazao y Haiti, en los últimos tres puestos.
Pesos completos contra pesos mosca. Se trata pues de una Copa de la corrupción y de la desigualdad.Sun





