DEUS EX MACHINA

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DEUS EX MACHINA
DEUS EX MACHINA

Museo

Por Oscar Sieber / @neosieber

Museo es una de las mejores películas mexicanas del 2018, entre las que también se encuentran “Roma” de Alfonso Cuarón, y “Nuestro Tiempo” de Carlos Reygadas.
Ésta película del director mexicano Alonso Ruízpalacios, es una brillante sorpresa y recrea un fascinante relato basado en hechos reales, ocurridos en 1985, sobre el robo de piezas que pertenecían al Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México. Donde por cierto las autoridades se consternaron al descubrir que los autores de semejante hazaña habían sido dos jóvenes marginales de los suburbios, Carlos Perches y Ramón Sardina, y no unos ladrones profesionales de arte a los que se les atribuía la sustracción de los objetos.
Aunque para la película esos nombres se reinventaron, Juan (Gael García) y Wilson (Leonardo Ortizgris).
Sin embargo, digo que representa una sorpresa brillante porque al ser una película mexicana no se esperaba que se tratara de una obra espectacular. No es que diga que el cine mexicano es malo, pero tradicionalmente, en la última década así como en otros años anteriores, muchos cineastas no han estado a la altura de las historias de nuestro país. Aunque vale la pena mencionar que irónicamente el medio cinematográfico en México está lleno de egos, donde el talento se ha caracterizado por ser superfluo, de poses intelectualoides e intrascendente.
Seguramente muchas personas estarán de acuerdo conmigo y muchas otras no, pero dejando a un lado las divergencias y discrepancias así como las respectivas percepciones culturales, lo que sí es un hecho es que éste filme fue premiado como Mejor Guión Original en la Berlinale (Festival Internacional de Cine de Berlín).
Y que para mayores atributos, su director, Alonso Ruizpalacios, fue galardonado para el mismo Festival en años anteriores por Mejor Ópera Prima, con su película “Güeros”.
La cinta goza de una estética deslumbrante que procede de un alto manejo en la técnica, en sus tres etapas: guión, producción y edición.
Está nutrida de valores cinematográficos perfectamente articulados; entre la fotografía, la iluminación, la historia, la trama, la música, etc.
La calidad de su realización asombra tanto en análisis como emotivamente. Invita a preguntarse la identidad del director.
El histrionismo de Gael, en momentos se confunde entre la vanidad de sus poses culposas que lo caracterizan como la persona que es fuera de las películas, pero en muchas otras son reflejo de su talento innato.
Algo similar ocurre con su coprotagonista, Wilson, bajo la actuación de Leonardo Ortizgris, por momentos se ve acartonado, pero en otras veces son verosímiles.
Su director demuestra una gran habilidad narrativa en ésta película, al convertirla en una aventura y una metáfora, donde el protagonista da vueltas en círculos al tratar de vender unas obras prehispánicas que no tienen un valor monetario.