Black Lives Matter, Antes y Después del Asesinato de Floyd

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Diego Courchay

A 200 metros en línea recta de la Casa Blanca, cruzando el vecino parque Lafayette, tras la reja de más de dos metros erigida para mantener a raya las protestas, 16 letras amarillas en el asfalto de la Calle 16 declaran de una acera a la otra: Black Lives Matter (“las vidas negras importan”).
Siete años antes esta frase era apenas el fragmento de un mensaje en la red social Facebook de una activista, en la costa opuesta de Estados Unidos. En ­Washington DC, desde el pasado 2 de Junio, es el nuevo nombre de las dos últimas manzanas de la arteria que conduce hacia la residencia presidencial, designada plaza Black Lives Matter por parte de la alcaldesa Muriel Bowser.
“Hay personas que anhelan ser escuchadas y vistas, y que su humanidad se reconozca, y tuvimos la oportunidad de enviar ese mensaje alto y claro en una calle muy importante de nuestra ciudad. Ese es el mensaje para el pueblo estadunidense: la humanidad negra y las vidas negras importan”, dijo Bowser en conferencia de prensa.
Ahí convergen a diario los manifestantes desde que estallaron las protestas en la capital, como ocurrió a lo largo de Estados Unidos a raíz de la muerte del afroamericano George Floyd el 25 de mayo, en Mineápolis, Minnesota. Floyd murió asfixiado tras pasar ocho minutos y 46 segundos bajo la rodilla del policía que lo retenía, pese a que clamaba “no puedo respirar”. Se le acusaba de la presunta falsificación de un billete de 20 Dólares.
Black Lives Matter, las tres palabras que denuncian la violencia mortífera contra los afroamericanos, y que ahora pueden leerse desde el cielo de Washington, también adornan camisetas y tapabocas, y forman el lema más reconocible durante las manifestaciones en varias ciudades del mundo. Su tránsito de las redes a las calles es la historia de un movimiento cuya expansión se basa en una forma de organizarse y concebirse que ha venido a renovar los reclamos históricos que quedaron inconclusos tras los logros de los derechos civiles de los sesenta y setenta.
De un Hashtag a un Lema.
En el verano de 2013 un caso ocupaba los noticiarios de Estados Unidos: el juicio en Florida de George Zimmerman.
En Febrero de ese año este hombre mató de un tiro al estudiante de preparatoria Trayvon Martin, durante una confrontación en el condominio donde Zimmerman era parte de un grupo de vigilancia vecinal. Ambos residían en el lugar y Martin, de 17 años, estaba desarmado.
En California, Alicia Garza supo de la absolución de Zimmerman de todo cargo el 13 de Julio. Reaccionó con un mensaje en Facebook: “Personas negras. Yo los amo. Los amo. Nuestras vidas importan”. Tras leerla, su amiga Patrice Cullors compartió el mensaje acompañándolo de un hashtag: #BlackLivesMatter. Al ­poco ­tiempo la activista Opal Tometi ofreció construir plataformas en las redes donde activistas pudieran unirse en torno al nuevo lema.
Las semillas del movimiento fueron sembradas por tres mujeres, dos de ellas identificadas como queer -Garza está casada con un activista transexual-, posicionando desde el principio las temáticas de representación de género en el centro del movimiento.
Al igual que otro movimiento que se inició con un hashtag, el #MeToo (“yo también”) contra el acoso y el abuso sexual, la frase de Garza tuvo que esperar a que la coyuntura la transformara en un fenómeno social. A diferencia de #MeToo, que tras ser creado en 2006 tardó una década en difundirse mundialmente, su mensaje sólo debió esperar un año. Y otra muerte.
En 2014, en la ciudad de Ferguson, Misuri, un policía disparó y mató a Michael Brown, un afroamericano de 18 años. Desde varias ciudades del país cientos de personas viajaron para unirse a las protestas, retomando el modelo de los “Viajeros de la libertad”, quienes en los sesenta viajaban al sur de Estados Unidos para desafiar la segregación racial que continuaba en los Estados conservadores, pese a ser declarada ilegal por la Suprema Corte.
Para DeRay Mackesson, un profesor que manejó casi mil kilómetros hasta Ferguson, lo que surgió de forma casi espontánea fue una “increíble red de personas negras que lo hicieron sin jerarquía, sin haber estudiado cómo organizarse, sin necesidad de haberlo leído todo”, recordó en entrevista con The New York Magazine.
“Black Lives Matter (BLM) ha tratado específicamente de no ser sólo una organización, sino de ser realmente un movimiento”, explica en entrevista la especialista en cambio social Leslie Crutchfield, autora de Cómo ocurre el cambio: por qué algunos movimientos sociales tienen éxito y otros no. Apro