Millones de Venezolanos en el Mundo Tendrán que Esperar para Regresar a su País
Ernesto L. Quinteros
La extracción de Nicolás Maduro de territorio venezolano fue digna de una película de acción. Sin duda, la operación encabezada por fuerzas especiales de los Estados Unidos no tardará en ser llevada a la pantalla grande. La rapidez, precisión y contundencia del operativo volvió a dejar en evidencia la supremacía militar estadounidense.
Lo que llama poderosamente la atención es la reacción tibia, casi inexistente, de los supuestos aliados del dictador venezolano, quienes guardaron silencio ante el golpe geopolítico que cambió, de un momento a otro, el tablero internacional.
Hoy, la pregunta que ronda entre millones de venezolanos dispersos por el mundo es una sola: ¿Cuándo podrán regresar a su país?
Muchos salieron huyendo por persecución política; otros escaparon de la inseguridad, el hambre y la miseria que durante más de dos décadas se extendieron por todo el territorio sudamericano. Si bien existen expresiones de júbilo y celebraciones tras la captura de Maduro, también es necesario advertir que este hecho podría generar mayor inestabilidad económica, social y política en el corto plazo.
A nivel global se reconoce la letalidad y eficacia de las fuerzas armadas estadounidenses, pero no su vocación humanitaria. Estados Unidos intervino para derrocar a un dictador, sí, pero el “favor” podría resultar costoso para el pueblo venezolano si no existe un plan integral de reconstrucción institucional y social.
Las redes sociales y los medios de comunicación están saturados de información sobre este suceso histórico que reconfigura el juego geopolítico mundial, donde las naciones no solo compiten por poder económico, sino por control territorial e influencia estratégica.
Lo cierto es que el pueblo venezolano, por sí solo, no logró deshacerse de una dictadura que lo mantuvo durante más de veinte años sumido en la pobreza. El régimen de Maduro se caracterizó por la represión sistemática, el encarcelamiento de opositores, la desaparición de instituciones y el control absoluto de los órganos electorales para perpetuarse en el poder.
Una historia que, estimado lector, nos resulta peligrosamente familiar.
Mientras la atención mediática internacional se concentra en el inicio del juicio contra Nicolás Maduro en un tribunal de Nueva York, millones de venezolanos continúan atrapados en la incertidumbre, sin saber cuándo podrán volver a casa.
Para muestra, basta un botón: en la frontera sur de México, particularmente en Tapachula, Chiapas, miles de venezolanos permanecen varados. En muchos casos son familias enteras que no lograron continuar su trayecto por territorio mexicano y hoy esperan, sin respuestas claras, la documentación necesaria para seguir su camino hacia la frontera con Estados Unidos.
Existen cientos de testimonios de migrantes que denuncian la falta de atención de las autoridades migratorias. Tapachula se ha convertido en el epicentro del fenómeno migratorio no por casualidad, sino por la ausencia de soluciones institucionales. Esta situación se agravó aún más con las políticas antimigrantes impulsadas por el presidente estadounidense Donald Trump.
Lo que viven los migrantes venezolanos en esta región se repite en otras fronteras y en otros países. Mientras tanto, desde Venezuela llegan reportes de compras de pánico, inseguridad y desabasto de alimentos, síntomas de un país que sigue sin rumbo claro.
Lo más lamentable es que no existe un plan, programa o proyecto internacional serio para atender la crisis venezolana. Todos están concentrados en la detención del dictador y en su juicio, pero nadie parece estar pensando en el día después.
Por hoy ahí la dejamos, nos leemos mañana.
¡Ánimo!
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