Cacahoatán sin Rumbo… y con un Alcalde que Juega a las Escondidas
Ernesto L. Quinteros
¿Qué está pasando en Cacahoatán? La pregunta ya no es simple curiosidad de café, es el comentario obligado en colonias, ejidos y comunidades que, hace apenas 16 meses tenían la esperanza de un cambio, después de darle la confianza mediante el voto al hoy presidente municipal, Víctor Pérez Saldaña.
Cobijado bajo las siglas del Partido Verde Ecologista de México, el entonces candidato se vendía como la nueva generación: joven, empresario, preparado y proveniente de familia conocida. Sonaba bien en el discurso. Era, para muchos, la esperanza de que por fin llegaría alguien con energía, visión y ganas de hacer las cosas diferentes.
Pero como suele pasar en Macondo… perdón, en Cacahoatán, la esperanza se esfumó más rápido que promesa de campaña.
Hoy, el municipio parece barco sin timón. Y lo más curioso es que el capitán, dicen, casi nunca está a bordo. Colonos que acuden a la Presidencia Municipal en busca de audiencia reciben la misma respuesta en modo repetición: “El presidente está en Tuxtla Gutiérrez” o “anda fuera del municipio”. El detalle es que eso ocurre de lunes a viernes, como si el despacho municipal fuera oficina virtual.
Mientras tanto, en los pasillos del Ayuntamiento lo que abunda no es precisamente armonía.
Es secreto a voces que el Tesorero Municipal, Manuel Yoc, y el Director de Obras Públicas, Carlos Ignacio Moreno Mérida mejor conocido como “el Yayo”, dejaron de ser santos de la devoción del Edil. Versiones internas hablan de diferencias administrativas y desacuerdos en el manejo de recursos. Lo interesante no es que haya diferencias -eso pasa en cualquier oficina- sino que nadie termina de irse, como si todos supieran demasiado.
Porque cuando se habla de obra pública, hablamos del corazón financiero del municipio. Este año, según estimaciones, rondará los 140 millones de Pesos destinados a infraestructura. Una cifra nada despreciable para un municipio fronterizo que necesita agua entubada, alumbrado, seguridad y caminos dignos, especialmente en comunidades ubicadas en las faldas del Volcán Tacaná.
Dicen que después del “divorcio administrativo” con su Director de Obras Públicas, ahora el Alcalde trae como brazo derecho a un tal Daniel “N”, quien estaría operando los temas de infraestructura. Y ya sabe usted, estimado lector: donde está el presupuesto fuerte, está también la manzana de la discordia.
Entre tanto jaloneo interno, el pueblo observa. Y espera. Porque mientras en la alcaldía se acomodan piezas como en partida de ajedrez, las colonias siguen sin servicios básicos. La basura no entiende de conflictos políticos, el agua no brota por decreto y la inseguridad no se combate con excusas.
Lo más irónico es que el discurso de campaña prometía cercanía. Hoy, la ciudadanía lamenta que establecer contacto con la autoridad municipal sea misión casi imposible. Lo que antes eran abrazos y recorridos casa por casa, ahora son puertas cerradas y agendas ocupadas.
Cacahoatán no necesita magia, necesita administración. No requiere discursos juveniles, sino resultados visibles. Porque 140 millones de Pesos bien ejercidos pueden transformar un municipio; mal administrados, solo alimentan sospechas.
La política local tiene algo de tragicomedia: todos saben lo que ocurre, pocos lo dicen en voz alta y muchos prefieren esperar a que “la olla de presión” reviente sola. Pero cuando eso pasa, el vapor no distingue colores partidistas.
Al final del día, gobernar no es esconderse ni administrar silencios. Es dar la cara, escuchar y resolver. Porque el cargo dura tres años; la memoria ciudadana, mucho más.
Y en Cacahoatán, por lo visto, la paciencia también tiene fecha de caducidad. ¿Alguien dijo que quería un cambio?
Por hoy ahí la dejamos, nos leemos mañana.
¡Ánimo!
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