Emilio Lezama
(Analista)
Las presiones de Estados Unidos sobre México han vuelto. La apuesta de Irán no ha salido como esperaba el presidente Trump, y muy pronto tendrá que encontrar un nuevo escaparate mediático que le permita brillar de cara a las elecciones.
Conforme se acerca noviembre la premura por un éxito mediático será más apremiante. México o Cuba seguramente será el planteamiento interno, y aunque a todas luces Cuba sería una opción más simple, las señales recientes apuntan a que México sigue en la mira.
Ante esta situación, el gobierno de México debe llegar a un balance muy delicado. Es cierto que no debe sucumbir a todas las presiones de Estados Unidos. El presidente Trump no responde bien a la debilidad, y lo más importante: ha quedado demostrado que nada que haga el gobierno de México los va a dejar satisfechos, siempre querrán más.
Su intención no es mejorar a México, sino ganar unas elecciones en Estados Unidos a través de golpes mediáticos. En ese sentido es importante trazar una raya clara, colaborar sin subordinarse como ha dicho la presidenta Sheinbaum. Pero del otro lado es donde hay que tener cuidado. Defender a los indefendibles no es una estrategia que sirva a los intereses del gobierno.
Tanto Donald Trump como Claudia Sheinbaum se juegan elecciones importantes en el futuro cercano. Pero a diferencia de Trump, lo que más conviene a la Presidenta de México es plantear una visión de Estado y no una visión partidista en los futuros intercambios con EU.
La fortaleza de Sheinbaum en lo internacional es su capacidad de manejo sensible, pero sensato, de temas muy complejos; la Presidenta proyecta una imagen de verdadera estadista ante el mundo. Por eso le conviene que la defensa sea institucional y sobre todo sensible al trasfondo; gana poco defendiendo a figuras desacreditadas de su movimiento político y gana mucho cuando su visión es más objetiva con los intereses del país y no del partido.
La realidad es innegable, el crimen organizado ha permeado en muchas esferas de la vida pública mexicana. La otra realidad también es innegable, a Estados Unidos lo único que le preocupa son sus intereses y la elección de noviembre.
El problema es que el gobierno Trump ha sido estratégico, ataca a México en un tema en el que la realidad no permite una defensa justificable. Las últimas semanas la postura del gobierno mexicano ha sido cada vez más a la defensiva.
Para recuperar control de la narrativa el gobierno debe adelantarse. Sheinbaum tiene que jugar un juego muy fino, uno que no desestabilice al interior del partido de cara a las elecciones venideras, pero que dé un mensaje claro a la población mexicana y de paso a Estados Unidos.
Esta estrategia no puede ser una de respuesta sino una en la que la presidenta se adelante. En realidad, deshacerse de esos lastres le conviene, y si lo hace con un buen manejo político podría dar un golpe doble con un impacto positivo al interior y al exterior.
Tarde o temprano el costo de mantener a estas figuras dudosas va a ser demasiado alto, externa e internamente.
El planteamiento correcto no es simplemente adelantarse a la presión de EU, sino darle un giro; una estrategia propia y genuina de combate a la corrupción y el crimen organizado dentro del gobierno, que no tenga como objetivo gustar a Estados Unidos, pero que lo haga por la naturaleza misma de la estrategia. Sun





