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EL QUINTO PODER DE MEXICO

Extorsión Desde las Cárceles: el Delito que Llama a Casa
Ernesto L. Quinteros

En México, la delincuencia ya no necesita esconderse en la oscuridad de una calle solitaria para operar. Hoy basta un teléfono celular, una base de datos filtrada y una voz convincente para sembrar miedo, engañar familias y vaciar cuentas bancarias.
Las llamadas de extorsión se han convertido en uno de los delitos más frecuentes y menos castigados del país. Lo más grave es que, desde hace años, informes oficiales y denuncias ciudadanas coinciden en un dato alarmante: muchas de estas llamadas salen desde los propios centros penitenciarios.
La reciente denuncia sobre delincuentes que utilizan el nombre de Telmex para engañar a usuarios no es un hecho aislado. Es apenas una muestra más de cómo las bandas criminales han perfeccionado sus métodos.
Antes simulaban secuestros; ahora se hacen pasar por empleados de bancos, empresas telefónicas, plataformas digitales o dependencias gubernamentales. Aprovechan el prestigio de marcas reconocidas para ganar credibilidad y manipular emocionalmente a sus víctimas.
El problema no radica únicamente en el fraude telefónico. El verdadero escándalo es que este fenómeno continúa creciendo pese a que las autoridades conocen perfectamente cómo operan estas redes.
Durante años se ha señalado que gran parte de las llamadas de extorsión provienen de penales en distintas regiones del país. La pregunta inevitable es: ¿cómo ingresan y funcionan miles de teléfonos celulares dentro de cárceles que supuestamente están bajo vigilancia permanente?
Resulta difícil creer que los dispositivos entren solos, se carguen solos y operen sin complicidad. La corrupción penitenciaria es un secreto a voces. Mientras las autoridades presumen operativos de decomiso y bloqueadores de señal, las llamadas continúan llegando todos los días a hogares mexicanos. Eso revela que los controles son insuficientes o simplemente simulados.
La extorsión telefónica se ha convertido en un negocio rentable porque explota el miedo. Los delincuentes estudian patrones, utilizan información obtenida en redes sociales y realizan llamadas masivas esperando que alguien caiga. Muchas veces ni siquiera saben a quién llaman. Improvisan historias sobre accidentes, supuestos secuestros, promociones falsas o problemas técnicos. El objetivo es generar presión psicológica para obtener depósitos inmediatos o datos personales.
El impacto social es profundo. No sólo se pierde dinero. También se rompe la tranquilidad familiar. Adultos mayores, comerciantes, estudiantes y trabajadores viven bajo la constante incertidumbre de contestar una llamada desconocida. En ciudades fronterizas como Tapachula, donde la movilidad humana y la inseguridad generan un ambiente de tensión permanente, este tipo de delitos encuentra terreno fértil.
También existe responsabilidad empresarial. Las compañías de telecomunicaciones y grandes marcas deben reforzar campañas preventivas permanentes. No basta un aviso ocasional en redes sociales. Se requieren mensajes constantes, alertas visibles y protocolos claros para que los usuarios sepan identificar un fraude. La delincuencia avanza rápido y las campañas preventivas avanzan lento.
Sin embargo, la principal responsabilidad sigue siendo del Estado. Si las llamadas salen de penales, entonces existe una falla estructural en el sistema penitenciario mexicano. El gobierno no puede seguir tratando el problema como hechos aislados.
Se necesita tecnología real para bloquear señales ilegales, auditorías constantes y sanciones severas contra funcionarios que permitan estas operaciones criminales.
La ciudadanía también debe asumir una postura preventiva. Ninguna empresa seria solicita depósitos bancarios por teléfono, códigos de verificación o datos confidenciales mediante llamadas inesperadas. Ante cualquier sospecha, lo correcto es colgar y verificar directamente con la empresa mediante canales oficiales.
Es importante denunciar. Aunque muchas víctimas creen que “no sirve de nada”, reportar estos hechos ayuda a detectar patrones y números utilizados por delincuentes. En México existe el número 089 para denuncias anónimas relacionadas con extorsión.
Además, la Guardia Nacional y Fiscalías estatales mantienen áreas especializadas para atender estos casos. Por eso la participación ciudadana, mediante la denuncia de estos delitos, es fundamental para atacar el problema. No hay más.
Por hoy ahí la dejamos, nos leemos mañana.
¡Ánimo!
Comentarios y denuncias:
loque46@hotmail.com
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