Por Ernesto L. Quinteros
Urge que Autoridades Educativas Atiendan Problemática de Preparatoria en Huixtla
La educación debe ser un espacio de formación, diálogo y confianza. Cuando una institución educativa se convierte en escenario de confrontaciones, señalamientos y descontento social, las autoridades no pueden darse el lujo de mirar hacia otro lado.
Lo que ocurre en la Preparatoria Alberto C. Culebro de Huixtla ya dejó de ser una inconformidad aislada para convertirse en un problema que exige atención inmediata. Padres de familia, alumnos, docentes y personal administrativo han hecho públicos diversos señalamientos contra la directora, Ninfa Sosa., relacionados con presuntos abusos administrativos, incremento de cuotas escolares, falta de transparencia en el manejo de recursos, imposición de un comité de padres de familia y decisiones unilaterales que, aseguran, afectan el funcionamiento del plantel.
Es importante subrayar que estas acusaciones deberán ser investigadas y esclarecidas por las instancias competentes, respetando el derecho de audiencia de todas las partes. Sin embargo, también resulta evidente que cuando una comunidad escolar completa levanta la voz, el silencio institucional deja de ser prudencia para convertirse en omisión.
La pregunta que hoy se hacen muchos habitantes de Huixtla es inevitable: ¿por qué nadie interviene? ¿Qué esperan las autoridades educativas para revisar a fondo lo que está ocurriendo?
Las denuncias no son menores. Se habla de un incremento de cuotas de 700 a mil 200 pesos por estudiante, de recursos cuya aplicación no ha sido explicada con claridad, de un cambio de uniforme que representa un fuerte golpe a la economía familiar y de un comité de padres que, según los inconformes, fue integrado sin el consenso de la comunidad escolar.
A ello se suman versiones sobre presunto hostigamiento hacia docentes y trabajadores administrativos, además de restricciones para ingresar al plantel. Si estas denuncias resultaran ciertas, estaríamos frente a una situación que rebasa un simple conflicto interno y que amerita una revisión administrativa seria e imparcial.
Lo más preocupante es que la percepción ciudadana comienza a construir una narrativa peligrosa: que existen funcionarios intocables o protegidos políticamente. Esa percepción daña profundamente la credibilidad de las instituciones educativas y del propio gobierno, porque alimenta la idea de que la ley no se aplica de la misma manera para todos.
La mejor forma de desmentir cualquier rumor no es con discursos, sino con investigaciones transparentes, auditorías, mesas de diálogo y resoluciones apegadas a derecho.
Esperar a que el conflicto escale sería un grave error. La experiencia demuestra que cuando las autoridades ignoran durante semanas las demandas ciudadanas, las manifestaciones terminan radicalizándose. Nadie quiere bloqueos carreteros, suspensión de clases o enfrentamientos entre padres de familia y personal escolar. Mucho menos que los estudiantes sean quienes paguen las consecuencias de un conflicto que pudo resolverse mediante el diálogo.
La Dirección General de Preparatorias y la Secretaría de Educación tienen la obligación de escuchar a todas las partes, revisar la documentación correspondiente, transparentar el manejo de los recursos y determinar, con base en evidencias, si existieron o no irregularidades.
Si todo se encuentra en orden, que se informe públicamente y se disipen las dudas. Pero si existen responsabilidades administrativas o legales, también deberán aplicarse las sanciones que correspondan.
La sociedad no exige privilegios ni venganzas. Exige transparencia, legalidad y respeto.
Porque una escuela no puede convertirse en un espacio donde prevalezcan la confrontación, la desconfianza y las sospechas. La comunidad educativa merece certeza y condiciones para cumplir con su verdadera misión: formar a las nuevas generaciones.
Las autoridades todavía están a tiempo de actuar. Lo peor que pueden hacer es seguir apostándole al silencio, porque cuando la indiferencia oficial se prolonga, el costo político y social siempre termina siendo mucho mayor.
Por hoy ahí la dejamos, nos leemos mañana. ¡Animooo!
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