DIOCESIS DE TAPACHULA

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DIÓCESIS DE TAPACHULA

 

Ustedes, Pues, Sean Perfectos, Como su Padre Celestial es Perfecto
VII DOMINGO ORDINARIO
19 DE FEBRERO DE 2017

Esperando que llegara la novia, platicaba con los papás del novio a la entrada del templo. Con el papá nos habíamos hecho amigos en los campos de futbol de la liga municipal. Él jugaba en un equipo bastante aguerrido. Recordando aquellos tiempos, comenté: “¡Cómo pegaban!”. La señora inmediatamente reaccionó: “¿Pegaban? ¡Hubiera visto cómo llegaba mi esposo después de esos partidos!”. A veces nos miramos sólo como víctimas inocentes, habiendo sido también en muchas ocasiones injustos agresores. Conviene que tengamos esto en cuenta al escuchar a Jesús que nos pide renunciar a toda venganza. Agradezcamos a Dios el amor y la comprensión de quienes nos han perdonado, y pidámosle que en la ofensas nos haga fuertes para renunciar a la venganza y sabios para no dejar que el odio y el resentimiento amarguen nuestra vida diaria.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente; pero yo les digo que no hagan resistencia al hombre malo. Si alguno te golpea en la mejilla derecha, preséntale también la izquierda; al que te quiera demandar en juicio para quitarte la túnica, cédele también el manto. Si alguno te obliga a caminar mil pasos en su servicio, camina con él dos mil. Al que te pide, dale; y al que quiere que le prestes, no le vuelvas la espalda. Han oído que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo. Yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos. Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen eso mismo los publicanos? Y si saludan tan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen eso mismo los paganos? Ustedes, pues, sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto” (San Mateo 5, 38-48).
El Señor Jesús nos ilumina y nos orienta en relación a la actitud que hemos de tener con quienes nos hacen mal y con nuestros enemigos. Lo hace desde esta perspectiva: “Sean perfectos como el Padre Celestial es perfecto”. Se trata algo tan delicado y difícil, que para orientarnos y motivarnos nos hace mirar el actuar mismo de Dios, nuestro Padre.
Como discípulos de Jesús, ¿cuál ha de ser nuestra actitud ante quien nos agredió? El Señor nos hace ver que nuestra conducta ha de ser más humana que la norma que ponía límite a la venganza: “ojo por ojo, diente por diente”. Esta norma buscaba poner un límite a la reacción de desquite que de suyo nos empuja a responder con un mal mayor a quien nos ha ofendido. A través de ejemplos nos dice que hemos de poner fin a la violencia no respondiendo con otra conducta violenta. Cuando a una injuria respondemos con otra injuria, a un golpe con otro golpe, abonamos una espiral de violencia que en sí misma no tiene fin, ni siquiera con la muerte de los iniciadores, porque se hereda a las siguientes generaciones.
Hay dos realidades sumamente claras que nos cuesta mucho trabajo hacer convicciones de vida: la primera es que la violencia siempre es estéril. Luego de los estragos que causa viene la pregunta: ¿cómo reconstruir el bien destruido? Siempre cuesta mucho y muchas veces es ya imposible. La segunda, el rencor y el odio a quien primero dañan es a quien los lleva en su interior. El perdón a quien primero beneficia es a quien lo otorga. El perdón no se contrapone a la justicia, que es un bien fundamental. Se contrapone al odio y la venganza.
Llama la atención que el último de los ejemplos que propone el Señor se refiera a la molestia que significa el recibir una petición de préstamo por parte de un prójimo necesitado. La norma es la misma: no responder violentamente: “no le vuelvas la espalda”. Si hay la posibilidad, hemos de tender la mano. Pero también debemos caer a la cuenta de que es grande agresión cobrar un interés que ahorca al deudor. El préstamo se entiende como un apoyo para que el otro en su necesidad pueda salir adelante y ver por sí mismo. Ciertamente es algo que ha de ser devuelto y no podemos ser trácalas, pero es grande violencia contra el deudor el que en intereses pague todo lo prestado y todavía lo deba todo.
“Concédenos, Señor, ser dóciles a las inspiraciones de tu Espíritu para que realicemos siempre en nuestra vida tu santa voluntad”.

+Leopoldo González González
Obispo de Tapachula