Polígrafo Político

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Darinel Zacarías
¡Sólo Hacia Adelante!

“Las cartas, a Calle Melancolía, hoy travesía Álvarez del Manzano, con dos fotografías del último verano, a vuelta de correo irá la mía”
Joaquín Sabina

El ejercicio que emplea Manuel Velasco en las aldeas es muy preciso. El alquimista sabe medir el terreno. El objetivo es medir la popularidad. Sí, el arrastre popular de quienes aspirar tener el respaldo a cargo de elección popular.
En Cacahoatán, el ejercicio recurrente, le permitió evaluar el contexto de la política. Y efectivamente quién está imparable y ganó de calle fue el actual edil, Carlos Enrique Álvarez Morales.
El mandatario estatal regresó a Cacahoatán y entregó apoyos a más de seis mil mujeres (damas) , bajo el sello Salario Rosa. Ahí su arenga fue siempre de protección a la mujer y su importante papel.
Un gobernador que en su disertación fue elogiado y aplaudido por las miles de mujeres que acudieron a recibir este apoyo.
Ahí, el ejercicio fue notorio. A su muy estilo, el gobernador mencionó a quienes en el establo político, salían a escena. Para mostrar al dueño del balón, su músculo político.
El aplausometro es la estrategia de Manuel Velasco para sondear a los pretensos. Y entarimados ya estaban los que sueñan, los que desean acariciar la alcaldía.
Los enlistados fueron Carlos Enrique Álvarez Morales, Carlos Moreno “Yayo”, Ediel Gálvez el “Tamachi” y Jesús Castillo Milla. La habilidad del gobernador para palpar, es sencilla.
Y ese ejercicio quedó grabado en el escrutinio público. El actual edil Carlos Enrique Álvarez Morales fue el vitoreado.
Su arrastre electoral es impresionante, se lleva de calle por muchas millas a sus adversarios.
La política es de tiempos, de momentos. La leche materna es sin menoscabo, la paga. Quien no logre entender eso, es ir contra la realidad.
Las estructuras se mantienen, se nutren, se entretienen. Los políticos deben entender esas liturgias.
La soberbia, la pedantería y la arrogancia en nada abonan. Por el contrario, aniquilan.
El encono y la guerra sucia, demuestran la bajeza. La poca catadura. Y en Cacahoatán, personeros con ínfulas de escribanos, ya empezaron a crear infiernitos. Bajo la clandestinidad y la pavura, tratan de generar desavenencia.
Pese a esos tablados de infortunio, en Cacahoatán el galeno Carlos Enrique Álvarez Morales ha demostrado tener un trabajo ejemplar.
Está considerado por el Órgano de Fiscalización Superior del Congreso del Estado, como un municipio con finanzas y cuentas sanas. Lo demás es polvo de otros lodos. Histeria pura.
Por lo pronto, los alfiles de la jungla política, esos conocedores de procesos y fiestas electorales, sabrán que en Cacahoatán el pretenso a vencer es Carlos Enrique Álvarez, su mayor ventaja es: Trabajo y más Trabajo.
¿Quién dijo que tengo sed?