Polígrafo Político

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Darinel Zacarías
Éxodo Forzado: La Fotografía Mundial
¡Y cómo huir, cuando no quedan islas para naufragar!
Joaquín Sabina

La frontera sur está en la mira mundial. Medios nacionales e internacionales han estado en las últimas horas encallados en las orillas del Suchiate.
El objetivo es documentar el éxodo hondureño, retratar y comprender lo que persiste entre los mexicanos, por un lado el miedo y por otro, la manera de promover quizás, la solidaridad.
Le llaman la Caravana Hondureña. Su afán es volver a empezar, así lo expresan. Huyen de la marginación, el desempleo, la miseria y la inseguridad. Asesinatos, secuestros, amenazas, reclutamiento por actores armados, extorsiones, violencia sexual y desaparición forzada.
Sin embargo, parece que ese desplazamiento causa zozobra, especulación, discriminación.
Es no un tema de seguridad nacional, no. Va más allá de las fronteras y eso en mucho, incumbe a nuestro México.
Prende las alarmas, no es descabellado que se vaticine el tema de las pandillas y su infiltración en esta frontera porosa.
Caldo de cultivo para delinquir y donde parece que la impunidad, brincará, efectivamente, de lado a lado.
Son familias que huyen desesperadamente de un país marginado, plagado de corrupción e invadido por pandillas criminales. Viven según ellos, con el temor de morir con los llamados tiros de gracia.
Una moneda desvalorizada, una tierra sin oportunidades. Se trata del resultado más macilento y descarnado. Deja al desnudo la fragilidad de un país en severa crisis.
Sí, es una Honduras lesa, agónica. Con una historia violentada por levantamientos y golpes de estado, que han venido arrojando secuelas catastróficas. El cataclismo cobra vida, según los sabedores de las Sagradas Escrituras. ¿Señales?
Ese desplazamiento de mujeres, ancianos e infantes es producto de una descomposición social, es el resultado de las situaciones más extremas de pobreza y de exclusión.
Y es que este éxodo de más de tres mil almas es la gota que derramó el vaso de la desigualdad, la violencia contra los derechos más elementales del ser humano. La hambruna y la insolvencia cobraron vida.
La expresión de la sabiduría popular dice “El lazo se rompe por la parte más delgada” y hoy, ese tema del éxodo hondureño ha causado diversidad de opiniones. Polémico y beligerante.
Por un lado la solidaridad, la hermandad, ¡el amados los unos a los otros! El socorrer al desvalido.
Por otro, las enfermedades, la inseguridad, delincuencia y la manera prejuiciosa de etiquetar. Piden a los gringos trato humano para nuestros hermanos mexicanos ¿Entonces? ¿Dónde reside nuestra congruencia?
Es sano entender una tesis humanitaria, sin prejuicios. No se puede generalizar, pero en su mayoría ellos son el retrato de la miseria. Y los veremos batallar por lograr su sueño.
Desertan de un país donde predominan los excesos de un gobierno de rapacidad. Inhumanos y corruptos.
Honduras y otros países más de Centroamérica representan sin ponderar, una bomba de tiempo.
Atendamos esta fotografía real, aterradora: personas vulnerables luchando por su vida y la de sus familias.
Huyen sí. No hay otra opción. Como reza Sabina ¡Un éxodo de oscuras golondrinas!
¿Quién dijo que tengo sed?