ALFIL NEGRO

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ALFIL NEGRO
ALFIL NEGRO

Por Oscar D. Ballinas Lezama

“Porque perros me han rodeado; me han cercado cuadrillas de malignos; horadaron mis manos y mis pies” (Salmos 22:12)

¿Cuál Independencia?

El mal se extiende cada vez con más fuerza en cada rincón de este planeta; las hordas de asesinos, ladrones, corruptos, secuestradores, violadores, engañadores, narcotraficantes y tratantes de seres humanos, continúan apoderándose de las sociedades del mundo.
En México, una batalla que inició el 16 de septiembre de 1810, marcó el rumbo de sus ciudadanos; la independencia de nuestro país trajo muchos cambios políticos y sociales en aquel entonces, sin embargo, los millones de mexicanos que cayeron en batalla, siguen siendo una herida que no ha dejado de sangrar.
Hoy festejamos el sacrificio de aquellos mexicanos que dieron su vida por conseguir una mejor patria para todos, ese recuerdo, no debería servir para echar las campanas al viento, sobre todo, porque los ideales conseguidos con sangre se echaron abajo por la ambición y espíritu de corrupción de polítiqueros, que fueron los que sexenio a sexenio llevaron a este país a la peor pobreza de su historia.
Hasta antes de la llegada del nuevo gobierno que busca la cuarta transformación, el caos político-social y económico en México logró enterrar en una brutal pobreza a más 70 millones de mexicanos; en los últimos cinco sexenios, la violencia de la delincuencia organizada ha generado millones de muertes, quizás más que las que dejó la guerra de la independencia, que hoy celebramos con bombos y platillos.
La nación azteca se venía gobernando, hasta hace unos 10 meses, cada día con más corrupción e impunidad, con gobiernos represores y con una tiranía disfrazada de democracia que solo buscaba sus propios intereses, provocando que los ricos se volvieran millonarios y los pobres se convirtieran en miserables.
Los gobiernos en turno, como en los tiempos de Santa Anna, siguieron entregando el país a los extranjeros, sin embargo, cada 15 de septiembre subían al palco nacional para tocar las campanas y en forma hipócrita y perversa, gritar: ¡Viva México!, Vivan los héroes que nos dieron patria!; una patria que ellos, los gobernantes, vendieron al mejor postor y la utilizaron para enriquecerse.
De qué sirvió separarnos de los gachupines, si luego nos entregaron de a pechito con los gringos, quienes han seguido saqueando la riqueza natural de nuestra nación, sobre todo, el oro, la plata y el petróleo; nos han despojado de nuestra soberanía, para nadie es secreto que los deseos del rey en turno en el país del norte, son ordenes que se deben cumplir para evitar la amenaza de aplastar la débil economía mexicana.
Hasta ahora, con excepción del general Lázaro Cárdenas, los demás presidentes que desfilaron por Los Pinos, no se atrevieron a desacatar cualquier capricho de los gobernantes gringos, evitaron enojarlos para no atenerse a las consecuencias de los abusos del poderío norteamericano; luego entonces, qué independencia estamos celebrando, qué espíritu de libertad nos ha convertido en un pueblo globero, cohetero y bicicletero, resignado a la opresión de los extranjeros.
Es claro que el gobierno mexicano no puede ponerse a las patadas con Sansón, enfrentarse en una guerra contra Estados Unidos, sería un suicidio; y en eso, estriba la disculpa a los que han gobernado este país, soportando los abusos de los norteamericanos y no teniendo más remedio que hacer malos arreglos que buscar buenos pleitos, flojitos y cooperando.
De ahí que, para celebrar estas fechas, tanto los gobernantes como los ciudadanos, deberían ser más realistas en cuanto al festejo de la supuesta libertad que se cacaraquea; quizás estaría mejor gritar vivas por la unidad de la familia mexicana, sus costumbres y tradiciones, por escuchar y conservar nuestra música de mariachi, por vestirse de adelitas y chinacos, por tomar tequila como cosaco y bailar un zapateado. ¿No cree usted amable lector?
En otras noticias, nos llegan denuncias de los habitantes de la colonia San Antonio Cahoacán en Tapachula, quienes afirman ya no aguantar el desorden y la inseguridad que prevalece en ese lugar, sin que los cuerpos policiacos se ocupen de la problemática.
Afirman los denunciantes, que los malandracos que pululan y viven en ese sector, son quienes presuntamente alteran el orden día y noche, atacando a indefensos ciudadanos y consumiendo toda clase de estupefacientes.
Finalmente, mencionan que hay vecinos que queman su basura por la noche, sobre todo el plástico que provoca mucho daño a la salud de todos los que ahí habitan, principalmente de los niños y personas de la tercera edad, por lo que exigen a las autoridades municipales se les preste la debida atención enviándoles policías, así como a los responsables de castigar a quienes queman basura al aire libre.