Estado de México, el Dedazo del Crimen

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Autor / María Teresa Montaño

La mañana del miércoles 9 los habitantes de este municipio del sur del Estado de México explotaron en cuetes, bandas y calles abarrotadas ante la increíble noticia de que el candidato Rigoberto López Rivera, de la coalición Va por el Estado de México (PRI-PAN-PRD), había ganado las elecciones tras una voltereta inusitada de resultados, después de haber sido forzado a abandonar la contienda entre el 7 y el 21 de Mayo.
La noche del domingo de las elecciones, después del cierre de casillas en Tejupilco, varios grupos de personas recorrieron algunas de las secciones más importantes donde se esperaba la votación más copiosa del Distrito 36 local, con cabecera en esta localidad; secuestraron a funcionarios de casilla y representantes de las mesas directivas, los concentraron en locales y los alimentaron. Mientras tanto, estos grupos tomaron el control de la votación.
Algunos funcionarios del Instituto Nacional Electoral (INE) recibieron un trato decoroso durante el rapto -tenían que firmar las actas-, pero otros simplemente fueron echados de los puestos de votación bajo amenazas.
Para el jueves 10, la victoria de Rigoberto López era definitiva, además de sorpresiva. Más tarde, el resultado fue confirmado por la junta municipal del Instituto Electoral del Estado de México (IEEM), con un triunfo incuestionable sobre el candidato de Morena, Antonhy Domínguez, cuya propaganda desde principios de mayo, a la par de la extraña desaparición de su contrincante, fue impuesta a los más de mil 100 taxistas que operan en esta región montañosa.
De acuerdo con testimonios, los grupos delictivos que controlan la zona les habían impuesto desde principios de mayo los pegotes, cachuchas, impresos y otros materiales propagandísticos, como moneda de tránsito de las hipervigiladas carreteras y caminos de esta región, donde los ranchos resguardan la operación de laboratorios de narcóticos que suministran drogas a las grandes zonas metropolitanas del centro del país, y donde se ha impuesto un control absoluto en casi todas las actividades comerciales, algo que popularmente es conocido como el “pago de aranceles” y que cobra La Familia Michoacana.
La Mano del Narco.
Al menos dos facciones de La Familia Michoacana que controlan alrededor de 10 municipios del sur mexiquense, bajo la mano de El Pez y La Fresa, lanzaron por primera vez y de manera coordinada con líderes locales de diversos partidos una estrategia político-electoral combinada con tácticas criminales para imponer candidatos.
Lo anterior incluyó el amedrentamiento de comunidades completas, el control de la propaganda, relleno de urnas, rapto de funcionarios y representantes de casillas e, incluso, “volantazos” de último momento que terminaron por inclinar la balanza para un candidato u otro, como habría ocurrido en Tejupilco.
Testimonios de personas vinculadas a los partidos integrantes de la alianza Va Por el Estado de México, dirigencias y organizaciones, además de ciudadanos que participaron directa o indirectamente en la contienda del pasado domingo 6 –desde distintos bandos y actividades–, confirmaron que no sólo se trató de una de las elecciones más violentas en la entidad mexiquense, con 280 denuncias al cierre de la jornada de las votaciones, sino una donde particularmente el crimen organizado abiertamente jugó sus cartas.
En Tejupilco el candidato del PRI, Rigoberto López, fue “levantado” y forzado a dejar la campaña dos semanas completas, pero no fue el único: en Valle de Bravo la candidata de la coalición Va por el Estado de México, Sudikey Rodríguez, fue raptada e intimidada para abandonar la contienda, lo que tuvo un efecto inmediato, pues dejó de hacer campaña prácticamente dos semanas.
Agresiones.
Otra estrategia del crimen organizado que operó en la “región caliente” del Estado de México durante el proceso para renovar el Congreso local y los 125 Ayuntamientos fue la regionalización de las campañas por parte del crimen organizado, es decir, que a los aspirantes se les informó por diversas vías, canales de comunicación de los grupos criminales, “dónde sí y dónde no podían hacer campaña”; en tanto que a las comunidades, a la gente común -la mayoría campesinos-, el “Poder Supremo”, como se le conoce en la región a La Familia Michoacana, les hizo saber con anticipación el sentido de la votación.
Autoridades Blandas.
Otras fuentes consultadas que pidieron anonimato y son cercanas a las dirigencias partidistas consideraron que lo ocurrido en municipios como Tejupilco, Valle de Bravo y Luvianos evidencian que el Estado de México ha entrado en esquemas de “autogobiernos” implantados por un crimen organizado, principalmente hacia el sur del Estado. Apro