sábado, octubre 1, 2022
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Por Desánimo, 7.3 Millones Desisten de Buscar Empleo

En Junio pasado, a dos años y medio del estallido de la crisis laboral ocasionada por la pandemia, en México todavía hay 7 millones 336 mil personas mayores de 15 años disponibles para trabajar, pero han desistido de buscar empleo por considerar que no tienen posibilidades de obtenerlo, según datos del Inegi.
Dicha cifra es 29.3% superior a los 5 millones 674 mil reportados en esa misma condición en febrero de 2020, antes de que se declarara la emergencia sanitaria y la suspensión de actividades no esenciales a causa del Covid-19.
Luego del cierre de establecimientos y medidas de distanciamiento, muchos trabajadores dejaron de buscar empleo para engrosar las filas de la población no económicamente activa. Con la recuperación de los últimos dos años, una importante cantidad de personas lograron reincorporarse al mercado laboral, pero muchas se mantienen al margen.
A pesar de que se recuperan las fuentes de trabajo, estas no generan una remuneración adecuada. El ingreso de las oportunidades laborales que hay dentro en el sector formal está en un rango salarial que no rebasa tres salarios mínimos de manera general (15 mil 500 Pesos al mes, en el mejor de los casos), comentó Héctor Magaña, coordinador del Centro de Investigación en Economía y Negocios del Tec de Monterrey.
«Esto desincentiva a que las personas busquen una fuente de empleo, porque con la remuneración que obtendrían no les sería suficiente para satisfacer sus necesidades básicas», agregó el especialista.
Las personas que no buscan empleo porque consideran que no existen posibilidades para ellas se enfrentan principalmente a tres problemas, explicó Ivonne Vargas, integrante del consejo para América Latina deTheWorkforce Institute. El primero tiene que ver con salarios bajos, menores a sus necesidades o expectativas; el segundo es que tardan mucho en colocarse en el puesto al que aspiran y, por último, la baja calidad del trabajo.
En su opinión, «tener un problema de acceso, otro respecto a la calidad del empleo y también un problema respecto a cómo te pagan genera una cicatriz social en las personas que les crea un sentimiento de distanciamiento del mercado laboral».
«Cuando perdieron un empleo a causa de la pandemia o cuando están egresando de la universidad y de repente no pueden contratarse, lo que están viviendo muchas de estas personas es un efecto cicatriz que marca su disposición respecto al mercado laboral», dijo Vargas.
De los 7.33 millones de personas disponibles para trabajar pero que se encuentran fuera del mercado laboral, la mayor cantidad corresponde al género femenino, con 4.47 millones (61%), debido a que son quienes enfrentan más problemas para obtener un empleo. En tanto, los hombres son apenas 2.86 millones (39%).
Esto se debe a que no hay un esquema de igualdad laboral en el país, explicó Magaña.
Todavía se ven beneficiados los hombres sobre las mujeres en la adquisición de ciertas plazas laborales, además de que hay una tradición familiar de que ellas deben quedarse en casa para hacerse cargo de los cuidados familiares.
Esos factores limitan la posibilidad de que las mujeres tengan una mayor participación en el mercado, señaló.
Impedimentos.
Adicional a este grupo de quienes están en disposición de trabajar, hay un segmento de 2 millones 754 mil personas de la población no económicamente activa no disponible, con interés de trabajar, pero en un contexto que les impide hacerlo, y de ese total 85% corresponde a mujeres.
Se consideran «personas con interés para trabajar, pero bajo un contexto que les impide hacerlo» aquellas que son explícitas en cuanto a que nadie más en el hogar se hace cargo de los niños pequeños, enfermos o ancianos, o porque algún familiar les prohíbe trabajar, o también por algún impedimento físico de carácter temporal (embarazo difícil o avanzado, convalecencia de una enfermedad o accidente).
«Si se tiene un enfermo en casa, las mujeres son quienes tradicionalmente acompañan la convalecencia de esta persona y, justamente con la enfermedad que detonó el coronavirus y muchas personas que han tenido que resguardarse en su domicilio, las amas de casa son las que se encargan de atenderlos, limitando con ello sus posibilidades de trabajo», comentó Magaña.
«Mientras no se rompa con esa tradición o se alcance una mayor igualdad laboral, esta limitación de la mujer en el mercado laboral seguirá vigente en el mercado del país», destacó. Sun

 

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En Junio pasado, a dos años y medio del estallido de la crisis laboral ocasionada por la pandemia, en México todavía hay 7 millones 336 mil personas mayores de 15 años disponibles para trabajar, pero han desistido de buscar empleo por considerar que no tienen posibilidades de obtenerlo, según datos del Inegi.
Dicha cifra es 29.3% superior a los 5 millones 674 mil reportados en esa misma condición en febrero de 2020, antes de que se declarara la emergencia sanitaria y la suspensión de actividades no esenciales a causa del Covid-19.
Luego del cierre de establecimientos y medidas de distanciamiento, muchos trabajadores dejaron de buscar empleo para engrosar las filas de la población no económicamente activa. Con la recuperación de los últimos dos años, una importante cantidad de personas lograron reincorporarse al mercado laboral, pero muchas se mantienen al margen.
A pesar de que se recuperan las fuentes de trabajo, estas no generan una remuneración adecuada. El ingreso de las oportunidades laborales que hay dentro en el sector formal está en un rango salarial que no rebasa tres salarios mínimos de manera general (15 mil 500 Pesos al mes, en el mejor de los casos), comentó Héctor Magaña, coordinador del Centro de Investigación en Economía y Negocios del Tec de Monterrey.
«Esto desincentiva a que las personas busquen una fuente de empleo, porque con la remuneración que obtendrían no les sería suficiente para satisfacer sus necesidades básicas», agregó el especialista.
Las personas que no buscan empleo porque consideran que no existen posibilidades para ellas se enfrentan principalmente a tres problemas, explicó Ivonne Vargas, integrante del consejo para América Latina deTheWorkforce Institute. El primero tiene que ver con salarios bajos, menores a sus necesidades o expectativas; el segundo es que tardan mucho en colocarse en el puesto al que aspiran y, por último, la baja calidad del trabajo.
En su opinión, «tener un problema de acceso, otro respecto a la calidad del empleo y también un problema respecto a cómo te pagan genera una cicatriz social en las personas que les crea un sentimiento de distanciamiento del mercado laboral».
«Cuando perdieron un empleo a causa de la pandemia o cuando están egresando de la universidad y de repente no pueden contratarse, lo que están viviendo muchas de estas personas es un efecto cicatriz que marca su disposición respecto al mercado laboral», dijo Vargas.
De los 7.33 millones de personas disponibles para trabajar pero que se encuentran fuera del mercado laboral, la mayor cantidad corresponde al género femenino, con 4.47 millones (61%), debido a que son quienes enfrentan más problemas para obtener un empleo. En tanto, los hombres son apenas 2.86 millones (39%).
Esto se debe a que no hay un esquema de igualdad laboral en el país, explicó Magaña.
Todavía se ven beneficiados los hombres sobre las mujeres en la adquisición de ciertas plazas laborales, además de que hay una tradición familiar de que ellas deben quedarse en casa para hacerse cargo de los cuidados familiares.
Esos factores limitan la posibilidad de que las mujeres tengan una mayor participación en el mercado, señaló.
Impedimentos.
Adicional a este grupo de quienes están en disposición de trabajar, hay un segmento de 2 millones 754 mil personas de la población no económicamente activa no disponible, con interés de trabajar, pero en un contexto que les impide hacerlo, y de ese total 85% corresponde a mujeres.
Se consideran «personas con interés para trabajar, pero bajo un contexto que les impide hacerlo» aquellas que son explícitas en cuanto a que nadie más en el hogar se hace cargo de los niños pequeños, enfermos o ancianos, o porque algún familiar les prohíbe trabajar, o también por algún impedimento físico de carácter temporal (embarazo difícil o avanzado, convalecencia de una enfermedad o accidente).
«Si se tiene un enfermo en casa, las mujeres son quienes tradicionalmente acompañan la convalecencia de esta persona y, justamente con la enfermedad que detonó el coronavirus y muchas personas que han tenido que resguardarse en su domicilio, las amas de casa son las que se encargan de atenderlos, limitando con ello sus posibilidades de trabajo», comentó Magaña.
«Mientras no se rompa con esa tradición o se alcance una mayor igualdad laboral, esta limitación de la mujer en el mercado laboral seguirá vigente en el mercado del país», destacó. Sun

 

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Dicha cifra es 29.3% superior a los 5 millones 674 mil reportados en esa misma condición en febrero de 2020, antes de que se declarara la emergencia sanitaria y la suspensión de actividades no esenciales a causa del Covid-19.
Luego del cierre de establecimientos y medidas de distanciamiento, muchos trabajadores dejaron de buscar empleo para engrosar las filas de la población no económicamente activa. Con la recuperación de los últimos dos años, una importante cantidad de personas lograron reincorporarse al mercado laboral, pero muchas se mantienen al margen.
A pesar de que se recuperan las fuentes de trabajo, estas no generan una remuneración adecuada. El ingreso de las oportunidades laborales que hay dentro en el sector formal está en un rango salarial que no rebasa tres salarios mínimos de manera general (15 mil 500 Pesos al mes, en el mejor de los casos), comentó Héctor Magaña, coordinador del Centro de Investigación en Economía y Negocios del Tec de Monterrey.
«Esto desincentiva a que las personas busquen una fuente de empleo, porque con la remuneración que obtendrían no les sería suficiente para satisfacer sus necesidades básicas», agregó el especialista.
Las personas que no buscan empleo porque consideran que no existen posibilidades para ellas se enfrentan principalmente a tres problemas, explicó Ivonne Vargas, integrante del consejo para América Latina deTheWorkforce Institute. El primero tiene que ver con salarios bajos, menores a sus necesidades o expectativas; el segundo es que tardan mucho en colocarse en el puesto al que aspiran y, por último, la baja calidad del trabajo.
En su opinión, «tener un problema de acceso, otro respecto a la calidad del empleo y también un problema respecto a cómo te pagan genera una cicatriz social en las personas que les crea un sentimiento de distanciamiento del mercado laboral».
«Cuando perdieron un empleo a causa de la pandemia o cuando están egresando de la universidad y de repente no pueden contratarse, lo que están viviendo muchas de estas personas es un efecto cicatriz que marca su disposición respecto al mercado laboral», dijo Vargas.
De los 7.33 millones de personas disponibles para trabajar pero que se encuentran fuera del mercado laboral, la mayor cantidad corresponde al género femenino, con 4.47 millones (61%), debido a que son quienes enfrentan más problemas para obtener un empleo. En tanto, los hombres son apenas 2.86 millones (39%).
Esto se debe a que no hay un esquema de igualdad laboral en el país, explicó Magaña.
Todavía se ven beneficiados los hombres sobre las mujeres en la adquisición de ciertas plazas laborales, además de que hay una tradición familiar de que ellas deben quedarse en casa para hacerse cargo de los cuidados familiares.
Esos factores limitan la posibilidad de que las mujeres tengan una mayor participación en el mercado, señaló.
Impedimentos.
Adicional a este grupo de quienes están en disposición de trabajar, hay un segmento de 2 millones 754 mil personas de la población no económicamente activa no disponible, con interés de trabajar, pero en un contexto que les impide hacerlo, y de ese total 85% corresponde a mujeres.
Se consideran «personas con interés para trabajar, pero bajo un contexto que les impide hacerlo» aquellas que son explícitas en cuanto a que nadie más en el hogar se hace cargo de los niños pequeños, enfermos o ancianos, o porque algún familiar les prohíbe trabajar, o también por algún impedimento físico de carácter temporal (embarazo difícil o avanzado, convalecencia de una enfermedad o accidente).
«Si se tiene un enfermo en casa, las mujeres son quienes tradicionalmente acompañan la convalecencia de esta persona y, justamente con la enfermedad que detonó el coronavirus y muchas personas que han tenido que resguardarse en su domicilio, las amas de casa son las que se encargan de atenderlos, limitando con ello sus posibilidades de trabajo», comentó Magaña.
«Mientras no se rompa con esa tradición o se alcance una mayor igualdad laboral, esta limitación de la mujer en el mercado laboral seguirá vigente en el mercado del país», destacó. Sun

 

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