Comentarios de Isa Robles, Asistente Social y Dentista Enviada a la Caravana Migrante Lamentó Tener que Reproducirlo, Pero es Necesario

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Tapachula, Chiapas; 12 de noviembre.- Me quedé con una terrible experiencia al ir a atender a la caravana migrante y quiero compartir el otro lado que no se cuenta.
Se les está dando mucho apoyo, a mi me mandaron a realizar limpiezas dentales, por parte del gobierno de la Ciudad de México, se les brinda además atención médica, psicológica, legal y les dan una tarjeta enmicada donde vienen sus derechos, básicamente en esta tarjeta dice que el gobierno receptor debe de brindarles todos los servicios necesarios para que ellos estén lo más cómodos posibles.
Debo de admitir que fui temerosa a atenderlos, nunca había estado trabajando en situaciones tan precarias que fueran un riesgo tan grande a mi salud, pero los que me conocen saben que soy un amor como dentista y que todo lo hago de la manera más ética y amable posible; así que la atención que brindé fue ética y con todo el respeto de mi parte.
Al llegar al lugar noté que estaba muy sucio, en parte se entiende por la sobrepoblación, además se sentía ese olor a marihuana y pegamento, no me espanta porque estamos en ‘mexiquito’, hasta ahí todo normal.
Cuando bajamos las cosas de los camiones y las cargamos a las carpas asignadas, las personas al ver las bolsas negras enormes se acercaban preguntando qué regalábamos, al aclararles que era un servicio se decepcionaban y se iban molestos.
En alguna ocasión llegaron exigiendo pastas y cepillos de dientes. Los cuales noté después, los cambiaban por cigarros (de una marca en especifico).
Más que estar en un viaje en donde se esmeran en tener una vida mejor, los migrantes se veían como si estuvieran de vacaciones, todos en chanclas, los hombres sin playera y las mujeres enseñando la panza, como balneario. Llegué a escuchar que extendían su estancia porque el gobierno les está dando todo.
Son personas que no son educadas, me refiero a modales, que escupen, se acuestan, hacen del baño y tiran la basura donde sea. Gritan “piropos” cada vez que se les atraviesa una mujer, pocos dicen “gracias» y nadie dice “por favor”. Son personas que están exigiendo cosas a diestra y siniestra. Tienen una carpa con toda la ropa donada, les dieron demasiado ropa, la mayoría nueva, pero no les importa si es nueva ellos quieren ropa de marca; “si no son tenis ‘naic’ no los quiero”, escuché decir a un sujeto. La ropa que no quieren la tiran a un lado y la pisan como si nada.
Tiran la comida que se les da y se van a comprar pizzas, van al mercado por comida corrida, a los tacos de enfrente (en donde les dan precio especial de migrante). El día viernes había un señor mexicano en situación de calle pidiéndoles la comida que ellos no querían, ya que él no había comido en días, no se la dieron.
A dos compañeros les robaron material, se metieron a la carpa y sacaron dos bolsas con cavitrones, guantes y piezas de baja velocidad. Atrás de la carpa dejaron las bolsas destruidas, las cajas rotas, todo deshecho; igual, justo atrás de la carpa, a la altura donde yo estaba atendiendo fueron a defecar. Al coordinador del evento (por parte de la CDMX) le dio igual y nos pidió seguir atendiendo.
Todo lo que se les da es de buena fe, con la intención de ayudar, a ellos no les importa el esfuerzo y los gastos que implican, sólo quieren más y lo exigen. Y ellos lo único que hacen es drogarse, emborracharse, jugar cartas y sentirse en vacaciones. De la Redacción