Bancomer y Todos los Bancos de la Ciudad Desprotegen a sus Cuentahabientes

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Cientos de Personas abarrotan todos los días las sucursales bancarias, en espera de ser atendidos.

* Los Exponen al Contagio de Coronavirus en las Calles.

Tapachula, Chiapas; 3 de Julio del 2020.- A Bancomer en la ciudad no le importa en lo más mínimo sus propios usuarios, luego de que los mantiene por horas aglomerados en las calles y los expone con ellos al contagio del mortal Covid-19.
Inmune a las recomendaciones en materia de salud para evitar la propagación del virus, esa empresa con fines de lucro mantiene guardias en las puertas para que adentro, para la protección de su personal, la sociedad tenga que acatar sus instrucciones, como el pasar uno por uno.
Adentro, con bellas áreas climatizadas que son pagadas con el dinero de los que están afuera haciendo larguísimas filas de varias cuadras, los empleaos no llevan prisa y hasta tienen descansos intermedios en sus horarios de trabajo.
Así, bajo los incandescentes rayos del sol y temperaturas superiores a los 40 grados centígrados, o las implacables lluvias que se han registrado en los últimos días, miles de personas tienen que sufrir por horas para poder tener acceso a su propio dinero e incluso pagar por ello.
Esa inmunidad se ha convertido en impunidad y se ve reflejada en que ninguna autoridad -incluyendo a Protección Civil y a Salud- llega a procurar poner orden, a tratar de mantener la sana distancia y preservar la vida de la población.
El banco no pierde. Si sus propios clientes no pagan oportunamente, les cobran créditos con tasas y sanciones que ellos mismos ponen.
Es más, ponen condiciones a los propietarios del dinero a que sólo retiren ciertas cantidades, a determinadas horas y bajo sus reglas.
Curiosamente, los usuarios son asaltados cuando llevan fuertes cantidades de dinero al salir de diversas compañías bancarias, donde únicamente los cajeros en turno sabían cuánto estaban retirando.
Se esperaba que, con la entrada de la Cuarta Transformación, todas esas irregularidades e impunidades se acabarían, pero están igual que siempre o peor. EL ORBE / Ildefonso Ochoa Argüello