México se Suma al “no a la
Guerra” de España Contra Trump
Por Carlos Ramírez
El nuevo canciller mexicano Roberto Velasco Álvarez –que construyó su fuerza diplomática trabajando cerca y al ritmo de los intereses geopolíticos y de seguridad nacional de Estados Unidos– se va a estrenar mañana sábado consolidando la alianza de la política y de seguridad nacional de México con el “no a la guerra” de España contra Washington.
No se trata aquí de la mala intención de amarrar navajas, sino de clarificar el espacio en el que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo estará dando un paso muy preciso y reflexionado el regreso de México a la diplomacia internacional activa que abandonó López Obrador desde diciembre de 2018.
Lo único malo ratifica el hecho de que el escenario de México vis a vis Estados Unidos tiene un agenda en proceso de negociación marcada por prioridades estadounidenses: la revisión del Tratado de Comercio Libre en función del regreso de EU a la concentración económica y productiva en territorio americano, las quejas permanentes del presidente Trump y sus principales funcionarios contra la estrategia mexicana de “abrazos, no balazos” con los cárteles del narcotráfico, la insistencia de la Casa Blanca para enviar tropas militares a destruir en territorio mexicano las zonas delictivas, la ayuda de México a Cuba con petróleo y diésel que fue bloqueada arbitrariamente por Estados Unidos para ahogar al régimen de Castro en la exigencia estadounidense para que sus principales aliados –y México es next door o vecino territorial al sur– decidan sumarse al paraguas militar y de seguridad nacional y geopolítico de Washington.
La convocatoria –como ya se comentó aquí hace días– del Gobierno de España estuvo definida en la decisión del Palacio de La Moncloa de confrontar las decisiones bélicas de EU contra el régimen de los Ayatolás en Irán, al grado de que la posición española fracturó la alianza atlántica en la OTAN y orilló al presidente Trump a amenazar con abandonar este grupo y crear uno nuevo sólo con sus aliados.
El escenario diplomático de México en realidad no está en Europa, sobre todo porque en los últimos años nada ha aportado la Comunidad Europea a América Latina y a México y sólo ven al territorio hispano del continente americano con los ojos antiguos del conquistador del siglo XIV.
El descuido diplomático de México, no solo en el periodo de la 4ªT sino más bien en el contexto de la globalización dependiente que firmó en 1993 el presidente Carlos Salinas de Gortari, subordinó a México a las líneas estratégicas de la geopolítica de Estados Unidos, como quedó muy claro en el Memorándum Negroponte que en esta columna se ha insistido hasta el cansancio porque estableció el criterio de que la dependencia de México al mercado norteamericano implicaba también la subordinación diplomática y política.
El abandono diplomático mexicano de los últimos 45 años permitió la desarticulación de América Latina y el Caribe en un archipiélago de nacionalismos absurdos y sentó las bases para que Estados Unidos con Trump pudiera ir impulsando relevos de gobierno hacia la derecha.
Y ahí se observa el fenómeno político de que los últimos resquicios activos de la diplomacia latinoamericanista –México, Brasil, Uruguay y Colombia– tengan que cruzar el Atlántico para fortalecer la posición del presidente español Pedro Sánchez, con prioridades negativas más locales que geopolíticas: su esposa está siendo procesada por cuatro casos de corrupción, varios ministros están siendo revelados también por tráfico de dinero, la fortaleza de Sánchez depende no de la coalición monárquica sino de los independentistas y autonomistas, es decir, que el presidente español está usando sin rubor a países latinoamericanos que nunca lo preocuparon en sus años de gobierno sólo para crear un bloque anti EU a su conveniencia.
El nuevo canciller mexicano Velasco Álvarez, con una carrera burocrática administrativa y sin ningún pronunciamiento de definición de la política exterior de México y la seguridad nacional en tiempos de guerra, forjó su ascenso en la estructura de la Secretaría de Relaciones Exteriores atendiendo las necesidades de Estados Unidos, y mañana tendrá que explicar que como nuevo encargado de la diplomacia mexicana estará colocado al lado de la confrontación de España con Washington por Irán y Ucrania.
Lo menos que México necesitaba era un replanteamiento de sus principios históricos de política exterior frente al vecino del norte y sobre todo ante la pérdida de liderazgo mexicano al sur del Río Suchiate, y lo que más urgía era un planteamiento diplomático que fuera más allá de los intereses también desdeñosos de Brasil a México y resolviera primero las tres prioridades de México con EU: el Tratado Comercial, el acoso americano que quiere invadir México por el narco y la falta de decisión del Gobierno mexicano para defender con energía y principios a los migrantes reprimidos en territorio americano.
Lo único que queda es la posibilidad nada segura de que la presidenta mexicana estructure un discurso de replanteamiento diplomático en la colocación de los intereses geopolíticos de México por encima de Estados Unidos y de Europa.
Política para dummies: la política es la gestión del poder a favor de los intereses nacionales.
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