ALFIL NEGRO

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El Infierno de la Violencia
Oscar D. Ballinas Lezama

La seguridad es una necesidad básica que da estabilidad, un elemento indispensable para el bienestar de la sociedad y progreso a un país, Estado o municipio; es un derecho que ampara nuestra propia Constitución, sin embargo, en México se ha convertido en letra muerta.
Nuestras leyes señalan claramente que todo ser humano, niño, hombre, mujer, anciano debe vivir en un ambiente de tranquilidad; los gobernados supuestamente están amparados por el artículo 14 de la Carta Magna, que cita: ”A ninguna persona podrá privársele de la vida, libertad, sus propiedades, posesiones o derechos, sino mediante juicio seguido ante los tribunales previamente establecidos y que cumplen con la ley”.
México sufre un grave problema de violencia impulsada por la falta de fuentes de trabajo y el alza desmesurada en sus productos y servicios, principalmente en las gasolinas, cuyos precios se fueron a las nubes, luego de la reforma energética que supuestamente se hizo para beneficiar a la población, sin embargo, al Gobierno Federal le salió el chirrión por el palito, y quien finalmente está sufriendo las consecuencias es la ciudadanía.
Es claro que aunado a eso miles de personas que han sido puestas contra la pared, por una pésima administración y programas fallidos del Gobierno Federal en turno, así como el alto índice de corrupción de gobernantes y funcionarios amparados por la impunidad, que sin tener llenadero siguen convirtiendo a los pobres en miserables, mientras ellos, (gobernantes y funcionarios) desvían en su provecho el erario público, abultando más sus bolsas y cuentas bancarias.
En el Soconusco, una región que por estar en el límite de una frontera porosa, habitada por ciudadanos de una diversidad de países y culturas, que por el abandono del Gobierno Federal desde hace décadas, se ha convertido en un cinturón de miseria en donde la ineficacia de las autoridades policiacas está provocando el aumento de la delincuencia organizada.
Municipios como Suchiate, Frontera Hidalgo, Metapa, Tapachula, Mazatán y Huixtla, principalmente, conforman el corredor de la pobreza y la delincuencia que ha sentado sus reales, sin que exista poder humano que lo detenga.
Por angas o por mangas, los costeños están sufriendo la peor inseguridad de su historia, el sol no se puede tapar con un dedo; aunque se nos dé el consuelo de que en otras partes del país las cosas estén peores, eso no justifica que los soconusquenses tengan que aceptar dos o tres asaltos diarios, un crimen cada dos o tres días, secuestros mensuales, robos de carros, a casa habitación y transeúntes, considerado el pan de cada día.
Las autoridades y la sociedad civil no saben qué hacer, pareciera que decidieron resignarse a ser víctimas de la delincuencia y únicamente esperan su turno en la ruleta del crimen.
Por otro lado, el pueblo sufre también el atraco en despoblado de algunas empresas que aprovechan el río revuelto para seguir haciéndose de mulas Pedro, cobrando lo que se les dé la gana por los productos y servicios que venden, como en el caso de las gasolineras en donde la voracidad de algunos propietarios, se presume que añaden al precio exorbitante de ese energético dar menos litros utilizando máquinas despachadoras arregladas, con la complacencia de la Profeco que en esta región se ha convertido en otra de las ‘carabinas de Ambrosio’.
Los de la CFE tampoco cantan mal las rancheras, sin embargo, parece ser que la presión de las quejas de consumidores, los ha obligado a buscar otras alternativas para bajar esos estratosféricos cobros por el fluido.
Según información que se filtró en esa empresa, hay planes a corto plazo para que adquieran energía eléctrica de compañías guatemaltecas, que al parecer venderán luz a la CFE a precios más accesibles y de esa manera ya no castiguen tanto a los consumidores en el Soconusco; aunque es incongruente y paradójico que una nación que no produce petróleo, termine vendiéndole a la que tiene éste combustible, hasta para tirar para arriba.
Para acabarla de amolar, diría mi abuela que en paz descanse, la madre naturaleza también está cobrando su factura en esta región de la Costa chiapaneca, principalmente, donde huracanes como el Stan, diversos sismos y el terremoto del pasado Septiembre, les vino a dar la puntilla a los más amolados, que no salen de una y ya entraron en otra.
De paso, dicho temblor se llevó entre las patas de los caballos un montón de escuelas, ya que dejó sus estructuras sumamente fracturadas; eso, según los expertos, representan un serio peligro para miles de estudiantes que las usan y que ahora tienen que estar recibiendo sus clases en la calle, porque casualmente un grupo de enmascarados tuvieron ‘la ocurrencia’ de quemar toda la documentación, que los afectados habían integrado para que sus instituciones educativas fueran rehabilitadas.
Ahora las autoridades están iniciando de nuevo ese procedimiento para integrar esos expedientes, sin embargo, nadie sabe qué arrojaron las investigaciones del incendio a las oficinas federalizadas en Tuxtla Gutiérrez, donde el INIFECH se ha puesto en tela de duda.
A los mexicanos les está lloviendo en la milpita, los soconusquenses no nos podíamos quedar atrás en este sufrimiento, que nos deja otra vez bailando en la injusticia y nos empuja al infierno del olvido y la marginación de siempre, ahora con más intensidad.