ALFIL NEGRO

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ALFIL NEGRO
ALFIL NEGRO

Por Oscar D. Ballinas Lezama

“Dios Resiste a los Soberbios, y da Gracia a los Humildes” (Santiago 4:6)

Aumenta la Inseguridad

El Soconusco está contaminándose por la inseguridad que prevalece a lo largo y ancho del país, cada día que pasa, los hechos delictivos están sumergiendo a la sociedad de la costa chiapaneca en un verdadero polvorín de violencia donde podría prevalecer la ley de la selva.
La noche del pasado sábado fue una verdadera pesadilla para decenas de jóvenes, que se divertían en uno de los antros de la plaza cafeto en Tapachula; el alcohol que corre a raudales y la presunta comercialización de drogas en esos lugares, volvió a provocar un hecho de sangre cuando las balas de una pistola vomitaron su olor de muerte.
Al parecer, hubo un herido a balazos, otros fueron golpeados y la mayoría de los que estaba dentro del bar ‘Chapultepec’, cayeron en histeria provocada por el miedo que llenó ese lugar, sin que ninguna autoridad apareciera para brindar seguridad, por lo que se espera sea clausurado.
Estos hechos de violencia ocurren continuamente en los bares, cantinas y antros disfrazados de discotecas; están rebasando la tolerancia de una sociedad que ya no ve lo duro sino lo tupido, siendo necesario que las autoridades de los tres niveles de gobierno pongan un hasta aquí a la inseguridad, que aumenta cada día en los municipios de la costa chiapaneca, sobre todo en Suchiate, Tapachula, Mazatán, Huixtla, Tonalá y Arriaga.
La Guardia Nacional debería ocuparse de detener el flujo migratorio en la Frontera del Sur de México, además de cuidar la seguridad de la ciudadanía, Policías federales, estatales y municipales deberían de coordinarse y crear verdaderas y efectivas estrategias para prevenir, investigar y detener a la delincuencia.
Si bien es cierto que el “rey pelos de elote” puede cumplir su amenaza de aumentar los aranceles, en caso de que el gobierno mexicano ya no le sirva como guardián de los migrantes, también es cierto que la prioridad para los gobernantes de este país debe de ser la seguridad de sus conciudadanos y en ese sentido, deberían todos los cuerpos policiacos dedicarse a combatir de lleno a la delincuencia, porque de nada servirá evitar el aumento de aranceles para tener una buena economía, si la delincuencia organizada les roba esas ganancias o asesina a los ciudadanos.
Por otro lado, los soconusquenses se quejan también de la actuación de los representantes de las Comisiones de Derechos Humanos, cuyas oficinas están en Tapachula y solo sirven para aceptar denuncias por chismes y peleas de lavaderos, mientras que la gente de las colonias más pobres y los migrantes que pululan en esta región, viven en condiciones infrahumanas.
Para nadie es secreto que en esta región viven muchos sociópatas con trastornos de personalidad, que abusan de la presunta buena fe o ignorancia, de quienes conforman las Comisiones de los Derechos Humanos, para hacerles perder el tiempo con demandas sin fundamento y por asuntos vanos en pleitos de oficinas o de vecinos, mientras que las autoridades migratorias niegan salvoconductos a los migrantes, tampoco los deportan a sus países de origen y provocan que estos sobrevivan en la calle o frente a la estación migratoria del INM, donde desde hace casi tres meses están a la intemperie, sin ninguna autoridad que les brinde un poco de comida, un lugar para dormir para no sufrir las torrenciales lluvias y fuertes rayos del sol.
Ni siquiera los que llenan las iglesias de todas las religiones, han mostrado un poco de misericordia para esas personas, como nadie lo muestra también para miles de personas pobres, enfermos o indigentes que sobreviven en la costa chiapaneca, porque Dios es grande. No cabe duda que el amor al prójimo continúa enfriándose, los cristianos solo parecen sentirlo dentro de un templo, sin embargo, cuando salen de esos lugares con la aureola de santos, se olvidan de tenderle la mano al que más lo necesita.
Los tres niveles de gobierno deberían controlar el enorme número de antros de vicios que existen en casi todos los municipios de la costa chiapaneca, en especial en Ciudad Hidalgo, Tapachula, Mazatán y Huixtla, donde casualmente se suscitan más hechos de sangre y la distribución y venta de las diversas drogas, algo que sigue destruyendo el núcleo familiar al enviciar a sus miembros, mínimo un integrante de las familias es adicto al alcohol, cigarro y alguna de las otras drogas más peligrosas.
Hay que organizar a los cuerpos policiacos para que atienden el tema de la seguridad, así como a las instituciones que se encargan del control de los antros de vicio, y así frenar un poco la violencia generada por la inseguridad. Si bien Chiapas es uno de los estados con mayor índice de inseguridad, no se libra de tener la suficiente para afectar mucho a una sociedad que, hace unos veinte años, estaba acostumbrada a vivir en paz y armonía.
La falta de fuentes de trabajo, la presencia de miles de indocumentados que necesitan sobrevivir y no traen dinero, la poca o nula capacidad de los cuerpos policiacos para combatir la delincuencia organizada; los altos costos de las gasolinas, energía eléctrica, productos y servicios que son pagados con el 16 por ciento de IVA, a diferencia de lo que sucede en la frontera norte, está generando un caldo de cultivo que amenaza seguir destruyendo la célula familiar.
Estamos en las manos de Dios, septiembre siempre ha sido un mes de desgracias, y en este 2019 no pudo ser la excepción; estamos viviendo también sobre la amenaza provocada por el calentamiento global, los sismos, tormentas y huracanes son las advertencias para que el hombre deje su soberbia y ambición y encuentre la humildad necesaria para reconocer que la está “regando” y volverse atrás, so pena de perderlo todo, incluyendo su propia vida.