ALFIL NEGRO

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Caravana de Desesperados
Oscar D. Ballinas Lezama

Finalmente, contra viento y marea ayer por la madrugada, alumbrados por la luz brillante de la luna de Octubre, aproximadamente unos dos mil migrantes de varias partes del mundo decidieron enfrentar su destino e iniciaron el éxodo hacia el norte del país.
Mujeres y niños destacaban entre los más vulnerables de esta caravana de la desesperación; cansados de esperar un salvoconducto que nunca les llegó, decidieron jugarse el todo por el todo y desde ayer, marcharon como peregrinos sin patria en busca de lo que consideran una esperanza de vida más digna que la vivida en su patria y de la que vivieron varios meses en Tapachula.
Por la tarde la lluvia los refrescó del intenso calor que sufrieron sobre la carretera Costera rumbo a Huixtla, en donde pensaban pernoctar si la Guardia Nacional no les cerraba el paso; aunque en las noticias nacionales del medio día, Olga Sánchez Cordero, secretaria de Gobernación, declaraba que estaban listos para recibirlos con los brazos abiertos y que tendrían toda la ayuda posible por parte del Gobierno Federal.
Sánchez Cordero mencionó que la Segob busca que los migrantes de la nueva caravana accedan a programas del bienestar y tengan todos los servicios, por lo que enviaron refuerzos de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar), para que estén pendientes de los migrantes que salieron por la madrugada de Tapachula, hacia Tijuana, Baja California.
“Vamos a darle su identidad, su registro, vamos asegurarnos de que estas personas tengan la prestación de todos los servicios para que ellos tengan la posibilidad de integrarse”, expresó la titular de Gobernación, al referirse al numeroso grupo de indocumentados oriundos de países como África, Cuba, El Salvador, Honduras y Guatemala, entre otros.
Ante esta reacción de la encargada de la seguridad interna del país, habría que ver si no los miles de migrantes indocumentados que aún quedan en Tapachula, deciden seguir el ejemplo de los dos mil que se fueron ayer, quienes ya se dieron cuenta que no ganan nada con vivir un calvario, esperando un documento oficial que les permite transitar por territorio mexicano, simplemente basta organizar una caravana y listo.
En las redes aparecían mensajes a cada instante, en los que se aseguraba que la caravana de indocumentados sería detenida antes de llegar a Huixtla; así, con esa zozobra, desafiaron el tiempo y las leyes migratorias mexicanas, su objetivo lo fijaron en llegar a la frontera norte sin importar el costo, aún sea la propia muerte, como la que encontraron quienes se aventuraron a huir por el mar, para escapar de la ciudad que según los migrantes indocumentados, se convirtió en su cárcel.
Trascendió que estos migrantes se dirigen rumbo a Tijuana, anunciando que harán una parada en la Ciudad de México, para exigir (¿?) una reunión con el presidente Andrés Manuel López Obrador, y pedirle que les ayude a salir del problema ilegal en que se encuentran.
La salida de dos mil o tres mil indocumentados ilegales no resuelve el problema que se ha generado en esta frontera sur, sobre todo en el municipio de Tapachula en donde la falta de fuentes de trabajo, incluso para los locales, está obligando a los migrantes a hacer lo que sea por sobrevivir con un poco de dignidad, lo que muy pocos han logrado y la mayoría no deja de reconocer que salieron del sartén para caer a las brasas, de ahí su urgencia de salir del Soconusco, en donde la pobreza campea igual que en los lugares de los cuales salieron huyendo, afirman.
Analistas políticos que escucharon ayer a la Secretaria de Gobernación, manifestando que la caravana de migrantes que salió ayer sábado por la madrugada de Tapachula, será bien recibida en la Ciudad de México, opinan que debería hacerse lo mismo con los otros 25 o 30 mil migrantes que siguen varados en la otrora Perla del Soconusco, ¿para qué dar tantos brincos, cuando el suelo está tan parejo?, argumentan los que enjuician este método humanitario.
Lo único negativo de permitir el tránsito libre de estas caravanas de migrantes indocumentados, es que las noticias vuelan y miles de centroamericanos, antillanos y africanos ya están pensando en cruzar la frontera del río Suchiate; lo malo es que al parecer no todos gozan del mismo privilegio y la mayoría, tiene que sufrir su propio calvario en busca del perdón, para que le permitan seguir caminando hacia la tierra del príncipe Pelos de elote.
Quienes logran avanzar a la frontera norte, se quedan en el lado mexicano y esperan la oportunidad brincar el charco, ahí los aseguran y regresan otra vez a México, con la promesa de atenderlos muchos meses después; el problema es que el Gobierno mexicano tiene que atenderlos para no violar sus derechos humanos, y eso implica un enorme gasto que tiene que salir de las arcas públicas, deteniendo el avance de algunos programas de apoyo para los aztecas.
A menos que la ONU o el propio Donald Trump, estén brindando ayuda económica al Gobierno de México, porque si es así, entonces nadie podrá decir nada. Dios los bendiga a todos.